Misceláneas

      REFLEXIONES SOBRE NUESTRA IDENTIDAD

Yo soy, quien soy?

 En esta era globalizada, de cambios vertiginosos, vemos una perdida de equilibrio entre la información recibida -no siempre necesaria-, el conocimiento exigido, los valores y la madurez; vivimos en un mundo fragmentado, aparentemente muy comunicado e hiperinformado, pero a veces insensato. De ahí que la superficialidad, la saturación y el vértigo con el que vivimos nos distancia del sentido de vida y de nuestro sentido de identidad.

 La identidad es un concepto que tenemos internalizado de forma casi automática pero es mas complejo de lo que creemos, ya conjuga aspectos: sociales, geográficos, biológicos, psicológicos, físicos, culturales, espirituales, así como también el nombre, la genética, la sexualidad, los estudios, el trabajo, el país donde se nace, el lugar donde se vive, la historia de vida, etc.

 Los humanos somos personas individuales y responsables de nuestros actos -en la medida en que somos libres de actuar-, cada uno poseemos un valor particular con una individualidad propia y esto nos otorga una identidad personal que se refleja en todas nuestras actividades, en todo lo que nos representa, con una conciencia de persona en el presente, pero también según lo vivido en el pasado, y aún cuando con la madurez cambian los sentimientos, los pensamientos y la conducta, la esencia de esa individualidad que nos caracteriza permanece en el tiempo. 

 Ser consciente de que poseemos una identidad propia, significa ser consciente de la responsabilidad humana, personal y social que tenemos en la vida; y como fundamento de esta individualidad está el sentido del el “yo” expresando la identidad del alma; puesto que nuestro “yo” contiene una información neuronal y ancestral que conlleva una reflexión del alma sobre sí misma -de nosotros sobre nosotros mismos- a lo largo de toda la existencia. 

  El filosofo T. Todorov nos dice que el hombre es por excelencia un ser social y por lo tanto hay un sentido de identidad social que se fundamenta en la conciencia de nosotros mismos, y que es gestada a partir de las relaciones que vamos teniendo con las demás personas. Desarrollamos así un sentido de existencia personal -fundamentada en el “yo”- que conjuga al “ser individual”, al “ser social”, integrando el sentido de “ser” orgánico, viviente -como lo es cualquier animal- además de un sentido consciente de “ser divino”, eterno y cósmico.

  Por esto la identidad se relaciona con la aptitud de percibir y satisfacer nuestras necesidades, de la valoración que hacemos de nuestras capacidades y la responsabilidad que poseemos sobre nuestros actos; es decir, la identidad tiene que ver con la confianza, la autoestima y el respeto que tenemos hacia nosotros mismos al interactuar con el mundo. Por esta razón, cuando sentimos que hieren nuestra identidad podemos llegar a sentir que perdemos la objetividad, la libertad y la bondad; y uno de los peores daños a nivel psicológico que pueden -o podemos- hacernos es el que se relaciona con la humillación.

  La humillación es sinónimos de desprecio y su forma más directa es a través del maltrato físico, la tortura o la violación, donde junto al dolor físico aflora el dolor psíquico de sentirse indefenso frente a la voluntad del otro; también la humillación se ejerce cuando una persona es excluida de sus derechos al interior de un grupo -familiar, de trabajo, de amigos, etc-, o cuando su individualidad no es aceptada; ya que cualquiera de estas formas de desprecio, que en ocaciones se ejercen de manera muy sutil, dañan a nivel psíquico la autoconfianza y la autovaloración, condicionando la integridad personal y el sentido de identidad.

  Conocer lo que cada uno es y profundizar en el propio conocimiento personal es un derecho que no debemos negar a los otros, ni negárnoslo a nosotros mismos; favorecer nuestro propio crecimiento nos produce riqueza espiritual, intelectual y social, dándonos estabilidad y fortaleza para enfrentar las dificultades de la vida. El derecho a la vida conlleva el derecho a poseer una identidad propia, a profundizar en ella y desarrollarla, conocer y conocerse, viviendo experiencias que favorezcan  el contacto con uno mismo. El autoconocimiento nos da recursos para gestionar el sufrimiento, los recuerdos dolorosos y los miedos del futuro; nos da autonomía para caminar sin cadenas y libres de equipaje.

 Tomar contacto con nuestra interioridad implica explorarse y experimentarse a sí mismo/a, ser conscientes de como afloran y se expresan las emociones, de como actúa nuestra mente y como ejercemos la voluntad; significa tomar contacto con el cuerpo y sentir como las emociones, y la información implícita  en nuestro “yo” actúan en él. La búsqueda de este equilibrio entre la interioridad (lo que sentimos que somos) y la exterioridad (lo que expresamos al responder a los condicionantes externos) es lo que nos conduce a la madurez, a la integridad personal y, a vivir construyendo una identidad de acuerdo a la propia naturaleza y en armonía con el espíritu.


 

                                                  COGE EL TIMÓN                                        Aunque no lo parezca en la vida tomamos las decisiones conjugando más los hábitos y la intuición que la reflexión. Los hábitos que aprendemos están arraigados en nosotros y conducen nuestra vida sin que nos demos cuenta, se instalan inadvertidamente y se transforman en rutinas que parecen inamovibles. Charles Duhigg, nos dice: “los hábitos surgen porque el cerebro siempre está buscando una forma de ahorrar esfuerzo”. Por eso es importante desarrollar la creatividad además de la  voluntad, ya que si anulamos estos aspectos en nosotros el cerebro intentará convertir cualquier rutina que hagamos en un hábito. Hay hábitos buenos que nos facilitan la vida -como levantarnos todos los días a la misma hora, alimentarnos de manera sana, dedicar un tiempo a disfrutar de la naturaleza, lavarnos los dientes, etc.- y hábitos que nos empobrecen o nos complican la vida -beber o comer en exceso, ser adictos al juego, irnos tarde a la cama, no descansar lo necesario, ser adicto a la televisión, ser incapaz de desconectar el móvil o el ordenador en los ratos libres, etc.-. 

 

   Lo importante es saber que los hábitos se pueden ignorar, cambiar o sustituir; todo depende de que nos lo tomemos en serio y, si no somos capaces de hacerlo por nuestra cuenta, debemos buscar ayuda para encontrar las estrategias emocionales y mentales que nos permitan reforzar el control del deseo para no ceder a la tentación. Los seres humanos poseemos una asombrosa capacidad de aprendizaje; sin embargo, así como aprendemos muchas cosas que provienen del exterior, necesitamos aprender a dirigir el pensamiento, para tomar contacto con la propia experiencia y con nuestro mundo emocional, sólo de ese modo podemos cambiar aquellos roles que conducen nuestra vida pero que al mismo tiempo bloquean nuestro crecimiento. Debemos tener claro que podemos transformar todo lo que deseamos a mejor, siempre y cuando cambiemos la actitud y el color del cristal con el que miramos nuestras experiencias.

 

   Para cualquier logro que una persona quiera alcanzar deberá preguntarse ¿dónde?, ¿cuándo? y ¿para qué quiere realizar dicho cambio?; por supuesto requiere querer hacerlo y perseverancia para continuar el proceso de cambio: lo primero que necesitamos reconocer es qué ansia, que deseo -que carencia- o que necesidad hay detrás de esa determinada conducta que nos lleva a la disconformidad o al sufrimiento, pero que sin saber porqué repetimos una y otra vez; si no somos conscientes de esto, es fácil sentir que perdemos el control de la vida como si estuviéramos dominados por un entramado invisible que nos parece imposible romper. Una vez clarificamos, aceptamos y elaboramos lo que mueve la conducta necesitaremos entrenar el pensamiento y la conciencia para invertir el habito. 

 

  También es necesario comprender que la base del poder de transformación está en la actitud que tenemos hacia nosotros mismos: ¿cómo nos tratamos? ¿qué dialogo interior tenemos con nosotros mismos? ya que el autoconcepto es el centro de nuestra personalidad y por lo tanto es el principal motor que potencia cualquier cambio que queramos hacer.

 

  Otra cosa fundamental, es comprender y aceptar que los cambios se van produciendo progresivamente y de manera casi imperceptible. La mayoría de la gente cree que la transformación debe producirse de forma rápida y notoria, pero en realidad los cambios a nivel emocional y a nivel del pensamiento, se van produciendo de manera casi imperceptible. Como dice Duhigg: “son los pequeños triunfos los que producirán los cambios de hábitos generalizados”; si no tenemos la paciencia -y la humildad- de aceptar esto será muy difícil que avancemos de forma certera y definitiva. Por el contrario si cambiamos bruscamente una conducta por orgullo, por ira -o por miedo- sin haber realizado el proceso adecuado a nivel mental y emocional, y sin haber anclado las estrategias necesarias, lo más probable es que recaigamos volviendo a la conducta no deseada en el momento menos esperado.

 

  Es importante tener en cuenta que cuando logramos encauzar nuestra mente y nuestra voluntad, no se sabe porque pero surge un mecanismo de autorregulación emocional que nos permite detectar nuestras necesidades y la forma como tenemos que responder a ellas de manera más clara; es como si al ordenar los pensamientos y la conducta, se potenciara la sensibilidad y la creatividad, aumentará el entusiasmo y la vida nos pareciera mas divertida e interesante.

 

   Según mi experiencia, el proceso creativo que conlleva el arteterapia al facilitar el dialogo interno que se produce entre la persona y lo que crea -o expresa-, más la guía del arteterapeuta, permite que la persona tome contacto consigo misma, explore sus límites, sus bloqueos, sus miedos y sus resistencias de una forma no agresiva para sí misma, al tiempo que le permite tomar contacto con su potencial, sus capacidades y sus recursos de empoderamiento.     

 

   Si sientes que haz perdido las riendas de tu vida, te sientes descentrado/a y, quieres vivir de acuerdo a lo que eres y quieres, atrévete a descubrir la experiencia del arteterapia y descubre los beneficios que te puede aportar.


 

 EL ESTRÉS EN EL TRABAJO

 

estres-laboral-4-copia  El estrés laboral, el mobbing y el síndrome de  burn-out tienden a situarse en un mismo conglomerado, sin embargo, aunque estás problemáticas pueden darse asociadas, para comprenderlas y tratarlas adecuadamente es necesario diferenciarlas tanto en su origen como en sus consecuencias. 

 

  El estrés laboral se vincula con la “inadaptación” al trabajo: hay una interacción desfavorable entre la naturaleza del sujeto y las condiciones de trabajo, desembocando reacciones emocionales, fisiológicas y de comportamiento en la persona como respuesta a dicha situación. En estos casos es muy importante distinguir claramente y de forma objetiva que es lo que verdaderamente está produciendo el estrés.

 

  Puede ocasionarnos estrés el ambiente físico -el ruido, la contaminación, el tipo de iluminación, la temperatura ambiental, etc-, o bien, la organización de las funciones al interior de trabajo; como por ejemplo: no tener claro el rol que debemos desempeñar, tener sobrecarga laboral o presión horaria, el sentir que se tiene baja participación en las decisiones, etc. Por otra parte, según las estadísticas, son más susceptibles al estrés laboral las personas dependientes, también aquellas que se caracterizan por ser muy activas, diligentes, competitivas, ambiciosas, agresivas o impacientes, y además, aquellas personas que no exteriorizan sus emociones y que procuran complacer a los demás para evitar enfrentarse a los otros.

 

 El estrés laboral crónico puede ocasionar problemas cardiovasculares, o gastrointestinales, crisis de nervios, trastornos musculares, depresión, úlceras, drogodependencia, y alteraciones del sistema inmune, entre otras cosas. Si la persona no puede cambiar de trabajo, es necesario sobre todo reforzar el autoconcepto y la autoestima; entendiendo como autoconcepto la “representación mental” que uno hace de si mismo, y autoestima como la “evaluación o valoración” que hacemos de esa representación mental que tenemos de nosotros mismos. Eso facilitará enfrentar aquello que nos incomoda, desahogarnos, expresar lo que pensamos de forma adecuada, no sobreexigirnos mas de lo necesario, y relativizar lo que nos sucede, como dice el refrán aprender a tomar las cosas con filosofía. Es fundamental también no aislarnos y reforzar las relaciones con la familia y los amigos.

 

  En cambio, respecto al mobbing, palabra inglesa que se traduce como “acosar, es un estrés que no se origina por causas especificamente relacionadas con el desempeño de la ocupación u organización del trabajo sino que tiene su origen en las “relaciones interpersonales”

 

  El mobbing conlleva una sucesión de acciones hostiles, expresadas y manifestadas por una o varias personas hacia una tercera; como es por ejemplo el maltrato verbal y moral deliberado que recibe un trabajador por parte de su jefe -y/o compañeros de trabajo-. En estos casos es necesario que la persona sepa identificar lo que origina -o lo que los otros buscan-  tras este tipo de comportamiento; es necesario ser autocríticos con nosotros mismos y ver si nuestra forma de actuar o de responder a los requerimientos de los otros es la mas adecuada, o bien, tener la claridad de ver la injusticia del otro hacia nosotros, sin culpabilizarnos. Hay casos en que la actitud cruel busca la destrucción psicológica de su víctima, o que esta abandone el puesto de trabajo. 

 

  Estadísticamente se ha visto que las personas que sufren este tipo de acoso, tienden a tener rasgos depresivos, baja autoestima, tendencia a auto-culpabilizarse, sintiendo la necesidad de afecto y aprobación constante; personas que dan la impresión de ser inofensivos y de estar indefensos. Las molestias mas características de las personas acosadas es el  cansancio, el nerviosismo, el insomnio, las jaquecas, alteraciones digestivas, lumbalgia y estado depresivo; añadiéndose además ansiedad, baja autoestima, apatía, sentimientos de fracaso, conductas de aislamiento, inadaptación social y adicciones.

 

  Las víctimas de acoso necesitan principalmente reforzar su sentido de valía, explorarse y descubrir sus potencialidades, para aumentar la confianza en si mismo y saber responder adecuadamente a la conducta cruel de los otros.

 

  Por otra parte, se ha considerado que el síndrome de Burn-out -o síndrome  de “estar quemado”- hace referencia a una alteración que conlleva cansancio o agotamiento emocional, despersonalización y deshumanización, tendiendo a hacerse presente en aquellas personas que trabajan hacia el publico y en ocupaciones con difíciles condiciones laborales, como es el contacto directo con usuarios -pacientes o clientes- de manera continuada o, de forma repetitiva; traduciéndose en resultados negativos tanto para la persona que tiene Burn-out como el publico y la institución. Generalmente estás personas se sienten insatisfechos con su desempeño laboral, aunque tiende a producirse en profesiones mas vocacionales que obligatorias, es decir la personas ha elegido su ocupación libremente y no de manera impuesta.

 

   El cansancio emocional, característico del Burn-out  se refiere a la disminución y pérdida de recursos emocionales, junto con la sensación de que uno ya no tiene nada que ofrecer psicológicamente a los demás, así como el sentimiento de estar emocionalmente agotado y exhausto debido al trabajo que se realiza. Esto generalmente deriva en una despersonalización; es decir, se desarrolla una actitud insensible hacia las personas con quienes se trabaja o mejor dicho: una actitud negativa hacia los beneficiarios del propio trabajo. La insatisfacción o el sentimiento de falta de realización personal suele producirse porque estás personas tienden a devaluar su labor, reprochándose no haber alcanzado los objetivos propuestos, con vivencias de insuficiencia personal y baja autoestima. Sentimientos negativos sobre la realización personal, que supone infravaloración hacia uno mismo y hacia el trabajo, lo que a su vez conlleva baja productividad e incapacidad para soportar la presión laboral.

 

  Se ha observado que son susceptibles de Burn-out las personalidades emotivas, es decir, aquellos que tienen más desarrollada la sensibilidad para temas relacionados con el trato humano, también los llamados «activistas sociales» que ofrecen ayuda a los demás, y los que se califican como «visionarios» porque toman su labor más como una cruzada que como un desempeño para ganarse la vida; tienden a ser personas auto-exigentes, con baja tolerancia al fracaso y perfeccionistas.

 

  Las terapias expresivas y creativas se han transformado en una herramienta fundamental para ayudar a explorar, identificar, reforzar y transformar los condicionantes negativos que padecen quienes sufren estas afecciones derivadas del ámbito laboral, sin embargo como en toda terapia, además de saber situar el problema, necesitamos querer salir de él. Si te sientes identificado/a te animo a buscar ayuda.

 


 

                                          LOS COLORES QUE HAY EN TI significado-colores-copia  El mundo se nos muestra en color, las cosas no sólo se diferencian por su forma y tamaño, sino también por su colorido. Al observar la naturaleza, la ciudad o lo que nos rodea podemos ver la cantidad de colores en los que se desenvuelve la vida. Como sabemos el color proviene de la percepción visual que realiza el cerebro al interpretar las señales provenientes de la retina, según la longitud de onda del espectro lumínico captada por el ojo. 

 

  Cualquier materia o cuerpo físico iluminado, absorbe una parte de las ondas luminosas electromagnéticas y refleja las restantes; estas ondas reflejadas son captadas por el ojo e interpretadas en el cerebro como colores. Aunque hay variadas fuentes lumínicas, la mas importante es la luz solar, la que está formada por un amplio espectro de radiaciones que comprende desde longitudes de onda muy pequeñas de 1pm, equivalente a la billonésima parte de un metro, hasta longitudes de onda muy grandes, de más de 1 kilómetro. Cada longitud de onda define un color diferente. 

 

  Los humanos tan sólo somos capaces de visualizar las longitudes de onda que van desde 380 nanómetros que corresponden al color violeta hasta los 730 nanómetros, que corresponden al color rojo. A esta porción de colores que vemos, se le llama  espectro visible y comprende cerca de un millón de colores, que seremos capaces de percibir según las condiciones del entorno y la propia sensibilidad de cada uno.

 

  Como vemos los colores transmiten un tipo de energía, y esta resuena en nuestros sentidos; es decir, los colores no solo se visualizan, también repercuten en nuestras sensaciones y emociones, inducen en nosotros una reacción espontánea, vinculándose a los sentimientos y afectando nuestro comportamiento, de ahí que damos a cada uno un sentido simbólico y concreto. Dichas asociaciones no son por una simple cuestión del gusto, sino que provienen del inconsciente, de la memoria colectiva, de las experiencias universales arraigadas en nuestro pensamiento, en nuestro lenguaje y de las propias experiencias afectivas vividas en relación con los diversos colores. 

 

 Nuestro espectro emocional es tan variado y amplio como lo es el espectro de colores, por eso cada color resuena en una misma persona de manera diferente, e incluso contradictoria, según el momento, las circunstancias y el grado de sensibilidad en el que nos encontramos. Aún así, como expone la psicóloga Eva Heller, los colores semejantes se relacionan con sentimientos e impresiones similares, por ejemplo: al bullicio y a la animación se asocian los mismos colores que a la actividad y la energía; a la fidelidad, los mismos colores que a la confianza. Por otra parte, la asociación de colores afectan de manera diferente a cuando experimentamos los colores aislados: el rojo con el amarillo y el naranja produce un efecto diferente al rojo combinado con el negro o el violeta, o al rojo solo; el efecto del verde con el negro no es el mismo que el verde con el azul, etc.

 

  Desde la psicología, en términos generales se han distinguido los colores denominados como “calientes” -rojo, naranja, amarillo y sus variantes- y “fríos” -grises, azules, negro, violetas, etc-. Los primeros son adaptativos y anímicos, produciendo un efecto estimulante y excitante, mientras que los segundos favorecen el proceso de oposición y de negatividad, con un efecto sedante y apaciguador. Sería interesante observarse uno mismo y descubrir cuales son los colores preferidos a nivel consciente y, cuales son los colores que nos movilizan de manera inconsciente: cuando algo nos atrae, ya sea una imagen, un paisaje, una persona, un escaparate, etc. ¿Por qué nos atrae?, ¿Qué colores hay presentes en aquello que nos atrae?. Cuando pintamos libremente ¿Qué colores nos afloran?. En el modo de vestir, por ejemplo, muchas veces elegimos el color que esta de moda, o el que va unido a un determinado estilo cultural, con el que nos sentimos identificados más desde lo racional que desde lo intuitivo, y que no necesariamente representa nuestra verdadera naturaleza. Tal como lo hacemos con las emociones, muchas veces por motivos de moda, culturales e ideológicos bloqueamos nuestro personal espectro de colores, asumiendo otros que en el fondo no conectan con nuestra propia sensibilidad.

 

  Relacionando color y personalidad, diversos autores coinciden en lo siguiente: el color rojo se asocia a personalidades con carácter, activas y optimistas; competitivas laboralmente, en ocasiones algo impulsivas, deben trabajar el autocontrol y la reflexión. El naranja se relaciona con personas sociables pero que saben establecer los limites con seriedad y equilibrio, comprensibles y accesibles; les gusta el movimiento y los deportes, emprendedores de pequeños retos, no son impulsivos. El amarillo es el color de los creativos, pero con una imaginación más bien racional y práctica; son analíticos y muy críticos consigo mismos, a veces demasiado autoexigentes, tendiendo a controlar sus emociones. El verde se relaciona con personas solidarias, consiguiendo que quienes le rodean se sientan bien; buscan la cercanía de los demás y ansían sentirse seguras y amadas pero al mismo tiempo tienen miedo a ser heridos; les gusta que se les reconozcan sus esfuerzos y sus acciones. El azul es el color del equilibrio y la paz interior; se asocia con quienes suelen vivir de acuerdo a sus creencias y a sus ideas, independientes, seguros, equilibrados, serenos y optimistas. El morado es el color del orden, del sentimentalismo y la espiritualidad; se vincula a personas sensibles, a las que les afecta lo que los demás piensen o digan de ellas; reflexionan y meditan sobre los hechos, actuando con la cabeza y equilibrio; buscan siempre su paz interior. El marrón y los colores terrosos se relacionan con personas arraigadas a la tierra, a lo físico, a lo natural y a lo sencillo; aman a su familia y a sus amigos. El color gris es característico de las personas equilibradas, tranquilas y conservadoras, racionales, algo frías, pero afables, no apáticas; aman la rutina y disfrutan de las cosas sencillas, sin artificios. 

 

  Pese a lo descrito, son muchos los factores y condicionantes que entran en juego al relacionar un determinado color con la personalidad, y también lo más probable es que los colores cambien a lo largo de la vida según nuestra propia evolución. 


 

LA EXERIENCIA ZEN Y LA CREATIVIDAD pintura-zenEl termino Zen se utiliza tanto para explicar la experiencia de la meditación como para dar a entender el resultado “práctico” de dicha experiencia; es decir, para denotar los efectos de la practica meditativa en la conciencia – o mejor dicho, en la supraconciencia-, que tienen que ver con el descubrimiento y realización de la propia naturaleza esencial.

 

 En este caso al hablar de naturaleza esencial, me refiero a aquellos estados de la conciencia humana que no guardan relación con la personalidad externa ni con la propia imagen que cada uno tiene de si mismo. La práctica Zen nos lleva a descubrir un nuevo “sentido interior” que aflora más allá del “si-mismo” que cada uno creé tener y que ha ido construyendo junto a su propia imagen, en conjugación con su historia de vida. Este nuevo sentido interior emerge de la energía más esencial que nos conecta a la vida, al universo y a la sabiduría divina. Por eso en el budismo se habla de que la experiencia Zen conlleva tres elementos: entrega, duda y determinación. 

 

  La entrega -también entendida como fé- se refiere a un entregarse en la búsqueda hacia la perfección, desde nuestro ser intuitivo y no desde lo mental; la duda, se refiere a cuestionar nuestro sentido del “si mismo”, todo lo que creemos que somos, así como todo lo aprendido y repetido culturalmente; finalmente necesitamos determinación y perseverancia para encontrar esa dimensión esencial en nosotros mismos. Esto nos lleva a darnos cuenta de que toda esta construcción que hemos hecho de nuestra imagen y de nuestro “si mismo” cultural es algo ficticio que podemos soltar, reconstruir y recrear. Una forma quizás practica de encausar nuestro camino hacia una actitud Zen es preguntarnos a nosotros mismos ¿Qué es lo que siento y como emerge eso que siento? ¿Desde lo mental o desde lo intuitivo?; ¿Qué es lo que sé y qué es lo que quiero?; ¿Qué es lo que amo y qué es lo que elijo?.

 

  Necesitamos contactar con nuestro ser mental, físico y espiritual, desprendiéndonos de todo eso que creemos ser, liberarnos de los miedos y las etiquetas para conectar con nuestra naturaleza mas esencial, y encontrar ese lugar desde donde se despliega nuestro potencial creativo. Todo gran artista, en los momentos mas inspiradores de su trabajo vive una experiencia Zen -generalmente sin ser consciente de ello- conectado a esa dimensión más esencial de su propia naturaleza y ajeno a la construcción mundana de su “yo” de artista. Son momentos, casi imperceptibles en los que lo intuitivo prevalece sobre el raciocinio y lo aprendido, son esos momentos sublimes que afloran como un destello en todo hacer artístico, sea cual sea la actividad que estemos desarrollando. 

 

  De manera que en todo acto creativo, mas que intentar guiar el proceso debemos relajarnos, soltar nuestro equipaje y dejar que aflore lo intuitivo. Es evidente que también habrán momentos donde se hará uso de la mente consciente y racional, pero lo fundamental aflorará desde lo intuitivo y lo inconsciente. Mediante sencillos ejercicios de respiración y/o meditación al inicio de cada sesión, calmamos la mente para iniciarnos en la actitud Zen, la que nos facilitará encontrar nuestra propia conexión con el arte, para dejar fluir la inspiración creativa mediante la experimentación con los colores, las formas y a través de sencillos ejercicios de iniciación. Emergen entonces las interrogantes: ¿Qué es lo que siento y como proyecto eso que siento a través de la pincelada? ¿Emerge desde lo mental o desde lo intuitivo? ¿Me permito expresar más allá de lo que se y de lo que soy?, etc.

 

  Para el principiante es bueno comenzar con la abstracción, ya que es un estilo expresivo que se vale de la composición, el valor tonal, la textura y el color para crear un lenguaje visual en el que predomina lo intuitivo y lo inconsciente. De esta manera la abstracción, al igual que el camino de la meditación, emerge desde una dimensión que va más allá de la forma física y de lo material. Es una buena forma de descubrir el camino Zen de la creatividad. El trabajo con mandalas, también nos permite conectar con nuestra simbología inconsciente y los arquetipos personales; recreamos así de manera abstracta y/o simbólica lo que somos, lo que hay en nuestro ser en el ahora, pero también nos permite vislumbrar hacia donde vamos. Dicha revelación aflora, tanto durante el acto creativo como en el resultado final del propio mandala.

 

  Por otra parte, el trabajo más complejo pero al mismo tiempo mas interesante como lenguaje expresivo es el trabajo con formas y figuras realistas. Mediante la pintura figurativa podemos narrar nuestras historias, sueños e ideas al tiempo que ejercitaremos la composición, el foco de atención, el juego con la luz y la sombra, la perfección de la técnica y la armonía visual; es una estilo en el que necesitamos conjugar lo intuitivo con lo racional, el consciente con el inconsciente, la actitud meditativa con la actitud reflexiva. Pero sin duda lo más relevante -en términos Zen- que experimentamos en todo acto creativo, sea cual sea el camino o la técnica que elijamos, es la experiencia de la atención plena que nos centra en nuestro ser y en el hacer.

 

  Finalmente la manifestación de todo lo que somos y sentimos en aquello que vamos creando nos permite vislumbrar ese horizonte infinito de poesía y expresión que llamamos creatividad: se nos revela entonces un vocabulario visual que obra a obra va creando nuestro propio lenguaje de expresión y comunicación, lo que en términos artístico se denomina como el “estilo” personal del artista. De esta manera, la pintura, el dibujo o cualquier expresión creativa moviliza una energía, un camino a seguir que nos permite profundizar cada vez más tanto en la estética y en la técnica, como en la búsqueda entre lo que quiero expresar y lo que logro expresar, lo que quiero hacer y lo que hago. El despliegue y desarrollo de este potencial creativo que poseemos todos, es lo que nos lleva por una parte al perfeccionamiento de la obra y por otra al encuentro con nuestra armonía interior. 

 

CONTROLAR LA ANSIEDAD ansiedad-generalizadaLa Ansiedad se manifiesta mediante un sentimiento de inquietud que surge como respuesta ante las contrariedades de la vida, al percibir el riesgo de algo que nos puede afectar física o psicológicamente, cuando nos vemos obligados a enfrentar una fobia, etc. Cuando la ansiedad se hace crónica la inquietud se torna igualmente crónica, manifestándose como una continua preocupación hacia cosas que no tienen mayor importancia. Sin embargo debemos tener claro que la ansiedad en sí, en su justa medida, nos es dañina ya que nos permite ponernos alerta para decidir que hacer en las situaciones conflictivas, el problema surge cuando el sentimiento de inquietud permanece en el tiempo, alterando nuestra tranquilidad y nuestra vida habitual.

 

   Los sociólogos concuerdan en que mientras más urbana y desarrollada es una sociedad, mas ansiedad sufren sus habitantes debido a la actividad, la rutina y la competitividad que provoca el continuo bombardeo psicológico al que nos somete esta forma de vida.  El tipo de ansiedad mas generalizada hoy en día, es aquella producida por situaciones inciertas en las que no sabemos de que manera abordar algo o bien, porque nos mantenemos en una incertidumbre continua esperando un resultado deseado que no llega, o porque la actividad nos desborda por falta de organización al no saber priorizar; pero también, porque sentimos que perdemos el control sobre determinadas situaciones que se nos van de las manos como por ejemplo, el no saber de que manera abordar la conducta inapropiada de personas con las que tenemos que convivir día a día.

 

  También debemos tener en cuenta que no todas las personas respondemos con el mismo grado de ansiedad antes situaciones similares, dependerá del carácter, la genética y la historia de vida; es claro que no responderá igual a una situación de estrés una persona que es consciente de lo que le ocurre, sabiendo que lo que vive es un acontecimiento aislado, que alguien que ha vivido sometido a la ansiedad continuamente -o desde la infancia- y que ha transformado la inquietud en un patrón de respuesta ante cualquier situación, sea esta o no peligrosa.

 

  Diversos estudios han confirmado que cuando la ansiedad se prolonga en el tiempo aumenta el estrés oxidativo de las neuronas, provocando una disminución de la energía en las células cerebrales, a la vez que aumenta la tensión arterial y se debilita el sistema inmune; sin embargo, los síntomas perceptibles pueden variar mucho de una persona a otra dependiendo del grado de ansiedad y de su permanencia en el tiempo; entre los mas frecuente se encuentra el insomnio, la preocupación exagerada, el miedo, la inseguridad, el sentirse irritable, sentir palpitaciones, sensación de nudo en el pecho o en la garganta, alteraciones del aparato digestivo, o disminución del deseo sexual, entre muchos otros.

 

   Pero finalmente, lo importante es tener claro que podemos aprender a controlar la ansiedad, aunque como todo requiere de práctica y constancia, incluso quienes sufren ataques de ansiedad si se lo proponen pueden lograr detener los ataques con un adecuado entrenamiento; no se trata de ponerse en plan de lucha, de huida o de querer bloquear los síntomas, sino más bien de aprender a controlar y transformar conscientemente aquello síntomas que suelen preceder a la crisis. Las técnicas de relajación, respiración y mindfulness son muy efectivas, y deberían forma parte de la rutina cotidiana de todos, no solo de quienes padecen ansiedad crónica; del mismo modo, cualquier persona que quiera controlar la ansiedad debe proponerse cambios concretos consigo mismo, con la forma como plantea y organiza su vida; según mi experiencia esto es lo que mas nos cuesta, ya que tendemos a comprender y aceptar todo lo que vemos necesario, desde el intelecto pero luego no lo ponemos en práctica.

 

    Otra cosa complementaria a lo anterior y de gran ayuda es practicar 30 a 40 minutos de ejercicio físico, tres veces a la semana, acompañado de una respiración consciente, no importa que ejercicio es, lo importante es que lleguemos a sudar o por lo menos logremos sentir que hacemos algo de esfuerzo, eso permite que nuestra mente se vea obligada a tomar contacto con el cuerpo, a la vez que el ejercicio hará que produzcamos serotoninas y endorfinas, hormonas que nos harán sentirnos relajados y placenteros. Dichas hormonas ayudan a invertir el patrón negativo de la mente y si además revertimos nuestro pensamiento con imágenes positivas, estaremos rompiendo el circulo que conduce a que la ansiedad se torne crónica. Según mi experiencia la práctica de yoga es uno de los ejercicios más adecuado, ya que trabaja cuerpo, mente y respiración -y si nos lo permitimos también el espíritu-; se puede alternar dos o tres días de yoga con cualquier otro ejercicio que agrade, y si este último es en la naturaleza, mejor.

 

   Es fundamental organizar la vida de acuerdo a las verdaderas capacidades y olvidarnos de ser “súper” hombres o “súper” mujeres; valorarnos por lo que somos, dejando de compararnos con los demás y aprender a decir no; también saber ordenar las prioridades de lo que tenemos que hacer cada día. Recuerda que nuestro bienestar depende mucho más de nosotros mismos que de lo que nos rodea.

 


 

   ¿POR QUÉ PERDONAR?

 

Perdonar

 

    La capacidad de perdonar es una de nuestras fortalezas, debido a los efectos positivos que tiene dicha experiencia sobre el bienestar psicológico y emocional. Generalmente, como dice Louise Hay: “no hace falta saber como perdonar, basta con estar dispuesto a hacerlo, del como ya se ocupará el universo”; sin embargo, a veces necesitamos ser conscientes de ese proceso interno que se experimenta desde que nos hacen daño hasta que perdonamos, así como saber que es lícito sentir y como debemos actuar. No es lo mismo perdonar a alguien que vemos ocasionalmente que perdonar a una persona con quien convivimos diariamente; y también la experiencia es diferente cuando de lo que se trata es de autoperdonarnos.

 

   Al sentimos dañados por una agresión o acción ofensiva de otra persona, lo primero que aflora es un sentimiento de carácter negativo, de rabia y  “no-perdón”: se siente dolor, tristeza, confusión y también nos sentimos traicionados; revivimos con el pensamientos una y otra ves la acción de la injusticia o la ofensa vivida, pueden aflorar pensamientos de venganza, interrogantes de por qué el ofensor ha actuado así o, si hemos tenido alguna culpa en lo acontecido, y en un primer momento pensamos dar por terminada la relación; por eso, a nivel conductual, tendemos a distanciarnos o evitamos encontrarnos con dicha persona; en algunos casos solemos darnos la libertad de expresar la rabia o el dolor llorando, e incluso enfrentárnos con el ofensor.

 

  El acto de perdonar nos ayuda a eliminar o a disminuir esta experiencia negativa, sintiéndonos reconciliados con nosotros mismos, teniendo claro que perdonar no significa aceptar o justificar la conducta de quien nos ha ofendido. También debemos saber que hay formas de sanar o disminuir esa inquietud dañina:  tomando el control sobre lo que nos pasa, aceptar el daño de forma realista y madura, analizando de manera coherente los sucesos y circunstancias que han estado relacionados con la ofensa, si es posible re-dirigir o, transformar el estrés y la rabia consecuente a la ofensa mediante otras vías de expresión como la escritura, la pintura, etc.

 

 Hay hechos límites que se tornan imperdonables como es el caso de violaciones, asesinatos, etc; pero aún siendo víctimas de un daño extremo como es en estos casos, debemos tener claro que con una adecuada terapia se puede llegar a superar el dolor proveniente de dicha experiencia y con el tiempo incluso a perdonar; en beneficio y por la salud mental de la propia víctima.

 

  Hay diferentes caminos que nos llevan al perdón, dependiendo de: la gravedad del hecho, la reiteración y duración en el tiempo, la persona o las personas implicadas, el momento de nuestra historia de vida en el que se nos ha hecho el daño, etc. Por eso para algunas personas el perdón se experimentará simplemente como un sentimiento o una emoción, mientras que para otros será necesario concretizarlo mediante pensamientos y conductas. Existe el perdón unilateral, el perdón interpersonal y el perdón intrapersonal.

 

  Se considera unilateral, cuando el acto de reconciliación se da exclusivamente en la persona dañada, sin necesitar para nada la presencia, la respuesta o la postura del ofensor. Cuando una persona perdona de esta manera, no busca, ni espera nada del otro; surge más bien como un deseo personal de abandonar el juicio negativo y el resentimiento para lograr la paz consigo mismo; y aunque puede darse con personas con las que compartimos en el día a día, tiene un efecto especialmente sanador, cuando queremos perdonar a alguien que ya no está con nosotros. 

 

   En cambio, cuando el acto del perdón es interpersonal, requiere de la intervención activa del ofensor, es un “perdón negociado” -como expone María Prieto-Urzua y otras autoras, en su articulo referente al perdón-, ya que debe darse un diálogo real entre el agresor y la víctima, el agresor necesita identificarse con la acción agresiva y pedir perdón por ello. Para que el perdón sea realmente efectivo y sanador para ambas partes requiere, por lo tanto, tres pasos: asumirse, es decir, el agresor debe admitir que ha cometido dicha acción, luego, asumir la responsabilidad con todas sus consecuencias, sin poner excusas y, finalmente, debe expresar verbalmente el arrepentimiento de lo que ha hecho. Cuando no se dan estos tres pasos -algo que ocurre más habitualmente de lo que quisiéramos-, lo común es que la parte dañada se rehuse a perdonar. Por el contrario, solemos estar dispuestos a perdonar si quien nos ha agredido admite su acción, asume su responsabilidad sin excusas y muestra arrepentimiento por el daño hecho.

 

  Mantenernos bloqueados en una situación de no-perdon es algo que generalmente termina dañándonos a nosotros mismos, por eso es necesario aprender a perdonar aunque sea como un acto unilateral, y para ello también es necesario reconocer de manera objetiva la existencia de la ofensa y del daño que nos han hecho, sin posturas de evasión o victimización; luego, es fundamental entender lo que ha pasado, analizando el hecho en sí, el contexto, nuestra intervención y ,además, las limitaciones del agresor; es decir, para comprender porque hemos sido dañado, debemos antes entender el propio mundo del agresor; lo que no significa justificarlo, sino que simplemente llegar a explorar mas a fondo la situación para comprenderla mejor, ya que muchas veces al ponernos en el lugar del otro nos es más fácil perdonar.

 

  Cuando el daño lo hemos causado nosotros, tendemos a evitar pensamientos o sentimientos vinculados a la agresión realizada. Por eso para llegar al autoperdon – o perdón intrapersonal- es importante también revisar de manera consciente lo ocurrido para lograr descubrir que es lo que nos llevó a actuar de tal modo; no para reforzar la culpa, sino que simplemente para conocer mejor nuestros propios límites y debilidades, analizando de manera realista lo sucedido; eso nos ayudará a explorar formas coherentes de reparación del daño, si eso fuese posible; y sobre todo, a descubrir mecanismos de reconciliación que nos conduzcan a estar en paz con nosotros mismos. Sin dudas el autoperdon está en las bases de nuestra felicidad.

 Perdonar refuerza la salud mental, la autoestima y nos abre a la esperanza.


 

CAMINAR POR LA VIDA:  DEL INCONSCIENTE A LO CONSCIENTE  imagen mayo copia Como es de suponer, generalmente no tenemos consciencia de los mecanismos que nos guían desde el inconsciente, por ejemplo: cuando conversamos con alguien, tratamos inconscientemente de anticiparnos y descubrir como se comporta nuestro interlocutor, ya que nuestra respuesta esta condicionada en gran medida por lo que percibimos de la otra persona sin darnos cuenta de hasta que punto nos influyen sus gestos, su mirada, su aspecto, el color de su ropa, etc.

 

     Este mecanismo heredado de nuestros ancestros y situado en la parte mas primitiva del cerebro, nos ha permitido protegernos de posibles peligros al ponernos en alerta ante aquello que nos rodea. Este mismo mecanismo de protección es el que, por otra parte, nos conduce a identificarnos con el grupo para sentirnos mas seguros, pudiendo llevarnos en un caso extremo al fanatismo, como cuando nos dejamos guiar por un colectivo que dice tener la razón sobre algo, sin detenernos a reflexionar a fondo en la temática o problema en cuestión.

 

  Otra característica de nuestra naturaleza humana, es que podemos sentir emociones contradictorias a un mismo tiempo; podemos por ejemplo amar a una persona y simultáneamente sentir enfado o rabia hacia ella, o bien sentir que somos fieles a alguien y a la ves ser infieles. Podemos asentar algo de forma consciente y desde nuestro inconsciente aflorar lo contrario. Es como cuando al hablar con alguien afirmamos algo con veracidad, al tiempo que en nuestro interior aflora la duda de lo que estamos diciendo.

 

   En este permanente dialogo con el entorno, la mente intenta siempre darnos un sentido de bienestar y si para ello necesita ocultar aquello que nos puede dañar, lo ocultara, e incluso llenará esos espacios con contenidos imaginarios acoplándose a lo que necesitamos. Por eso, al recordar nuestro pasado nos damos cuenta que hay muchos momentos que no recordamos, ya que la propia mente selecciona de manera inconsciente que recordar y que ocultar según lo que cada uno necesita. Cuando hablamos de nuestro pasado cabría preguntarse: ¿he vivido realmente lo que estoy diciendo o mi relato está matizado por mi inconsciente y mi imaginación?

 

   Nuestra memoria no es tan fiable como creemos: lo vivido se recuerda matizado por los contenidos que el inconsciente va depositando según las necesidades de nuestra propia historia de vida. El pensamiento consciente y el pensamiento inconsciente no trabajan aislados y separados, interactúan potenciándose y complementándose simultánea y mutuamente. Lo que llamamos consciente se vale en gran parte de lo inconsciente o irracional y lo que llamamos inconsciente se nutre en gran medida de nuestro pensamiento lógico y racional; sin embargo, de toda esa información que circula por nuestro cerebro sólo logramos tomar conciencia real de ella entre un 10 a un 20 %; el 80% restante es como si no existiera para nosotros.

 

   Es necesario reconocer en que grado emergen y como actúan estamos mecanismos que posee nuestra mente, valorando en que medida nos ayudan a nuestro desarrollo como personas o si por el contrario, como a veces ocurre, se transforman en una barrera que nos impide ser nosotros mismos, acercándonos mas al sufrimiento que al bienestar.

 

  Debemos aceptar nuestra dualidad: en nosotros existe tanto la tendencia al bien como la tendencia al egoísmo y, nuestro día a día se transforma en una toma de decisiones que batalla por encontrar el equilibrio entre dejarnos llevar por lo negativo y nuestras egoístas debilidades, o bien, por el altruismo y el pensamiento positivo; esto ultimo es lo que nos guía hacia el bien desinteresado y a luchar por lo que queremos. 

 

  Por eso es importante que aprendamos a tomar decisiones en la vida, responsabilizándonos de lo que hacemos y aceptando los errores sin sentirnos culpables ni desvalorados. Así como tenemos derecho a ser felices, también tenemos derecho a equivocarnos; lo importante es reflexionar sobre lo que ha ocurrido, tener claro en que nos equivocamos, aprender de ello para no repetir el mismo error, y no culpabilizar a los demás de lo que nos pasa. 

 

  También debemos considerar que no somos todos iguales. Las  diferencias de la herencia genética, sumado a la historia personal de cada uno que comienza ya en los cuidados de la vida intrauterina, van modelando a través de los años la complejidad de nuestras mente, el metabolismo de nuestro cuerpo, nuestro físico, nuestras aptitudes, nuestra forma de desenvolvernos en la vida, nuestros pensamientos y nuestros estados de animo.

 

   Cuando logramos entender esto, dejamos de compararnos y competir con los demás para intentar alcanzar los logros de los otros. No somos ni mejores ni peores que ningún otro, simplemente cada uno “somos”, con nuestras aptitudes y capacidades pero también con nuestras propias carencias. Por esto es importante aprender a conocerse y explorar todo el potencial que poseemos: que aptitudes sobresalen, cuales podemos desarrollar, cuales no poseemos, cuales nos hacen sentirnos plenos y cuales nos requieren un esfuerzo excesivo. 

 

  Es necesaria la humildad para aceptar las propias carencias, volcar la energía en transformar lo que podemos cambiar y desarrollar lo que sí poseemos. Ningún ser humano conoce plenamente sus capacidades, llegamos al final de nuestra vida con facetas ocultas de nosotros mismos que no se nos han desvelado nunca, ya sea porque las circunstancias de la vida no han dado paso a su desarrollo o, porque nosotros mismos nos hemos negado consciente o inconscientemente a explorarlas. Quien piense que se conoce totalmente y que no tiene nada que pueda transformar es porque esta viendo sólo un aspecto limitado de sí.

 


 

    COMUNICAR SIN VIOLENCIA        foto 1  Vivimos en una sociedad donde los problemas de comunicación afloran reiteradamente, descubriendo las carencias y las creencias erróneas con las que nos movemos por la vida. Por otra parte, a veces no decimos ni hacemos lo que queremos, arrepintiéndonos y culpabilizándonos de lo que no hemos hecho, o de la forma como hemos respondido ante una determinada situación. Lo que proviene tanto de nuestra propia humanidad, como de aquellos patrones aprendidos según el ambiente y la cultura en la que hemos vivido.

 

  Más de alguna vez nos hemos visto obligados a tratar con personas que sencillamente “no tragamos”, produciéndose una relación tensa de desencuentros continuos o bien un distanciamiento sin más. Comprender que esas personas tienen necesidades, carencias, virtudes y emociones como las nuestras a pesar de que no me agrade su carácter y menos su conducta, no es fácil y si dicha persona es también agresiva se dificulta aún más la posibilidad de que surja una comunicación optima. Sin embargo, si una de estas personas es un compañero de trabajo, el jefe o un familiar con el que nos vemos obligados a convivir a diario, la vida se puede transformar en un infierno. 

 

  En esta línea Marshall Rosenberg -reconocido psicólogo clínico nacido en Ohio- nos propone algunas estrategias, que más bien son una filosofía de vida, bajo el denominador de Comunicación no violenta (CNV). Digo filosofía de vida porque comunicarnos bien no es sólo una cuestión de herramientas y estrategias, necesitamos además una transformación consiente y profunda de aquellos patrones aprendidos, que se derivan en conductas y respuestas automática que utilizamos a diario pero que sin embargo, nos dificultan ser mejores personas. Las herramientas básicas de esto son: la empatía y la autoconciencia emocional, saber escuchar, observar las situaciones de forma neutra así como dar a entender de manera explicita aquello que necesitamos explicar, pedir o negociar. 

 

  Este proceso se desarrolla en cuatro fases: Observación, Sentimiento, Necesidades, Petición. Es decir, en primer lugar, es necesario observar lo que ocurre realmente en una situación dada, así como lo que dicen o hacen los demás, preguntándonos si esto ¿nos ayuda o no, a enriquecer nuestras vidas y de que manera?. A continuación debemos contactar con nosotros y explorar cómo nos sentimos ante dicha situación -aún cuando la observación y el sentimiento parecen surgir simultáneos es importante detenernos un instante para contactar con lo que exactamente estamos sintiendo- de ese modo podremos definir la necesidad que se esconde tras este sentimiento. Para finalmente, negociar de acuerdo a lo que estamos sintiendo y a lo que necesitamos, es decir, explicar al otro las acciones concretas que pedimos para enriquecer nuestras vidas.

 

  El pensamiento de fondo radica en preguntarse ¿de que manera estoy aportando a que este mundo sea un poco mejor? y no sólo “mi mundo” sino también el de los demás; por lo tanto la pregunta ¿de que manera esto nos ayuda o no, a enriquecer nuestra vida? no se refiere sólo a mi vida, sino también a la vida de la otra persona presente en el conflicto; del mismo modo, es necesario observar e intuir los sentimientos y las necesidades del otro, además de los míos; y cuando negociamos la resolución del conflicto, no debemos pensar en un beneficio unilateral, sino en un beneficio que abarque también a la otra persona.

 

  Por eso es tan importante el uso de la autoconciencia emocional y de la empatía; la primera nos lleva a explorar nuestro mundo interior y la segunda nos permite reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás de manera consciente, aún cuando no estemos de acuerdo con ellos. Si queremos poner en practica la empatía necesitamos liberarnos de las generalizaciones, las comparaciones, las etiquetas  y de los juicios moralistas, sólo de ese modo podremos ver al otro como un ser humano, producto de su propia historia de vida, con sus características, sus necesidades y sus sentimientos. Es decir debemos observar al otro y observar la situación sin emitir juicio alguno, sino más bien preguntándonos ¿que es lo que ha llevado o lleva a esta persona a comportarse de tal forma?

 

 Por ejemplo, “tenemos una amiga que llega tarde a las citas, nos afecta porque cada vez que vamos al cine perdemos el comienzo de las películas”. Podemos plantearle el problema de la siguiente manera: Te has retrasado las cuatro veces que hemos quedado para ir al cine ¿tienes demasiado trabajo en casa, te ves desbordada con la organización del tiempo o te vendría mejor otro horario?, en lugar de decirle “eres una impuntual y llegas siempre tarde”. De este modo le estamos explicando el problema y al mismo tiempo estamos indagando en lo que siente y en lo que le sucede -es decir en sus necesidades-, sin enjuiciarla y sin emitir una evaluación de lo “bueno” o “malo” de su conducta, lo que motivaría en ella un mecanismo de defensa inmediato además de su enfado.

 

  Luego necesitamos definir exactamente la emoción que sentimos y que es lo nos afecta: me irrita ¿la molestia de la espera?, ¿porque me cuesta coger el hilo de la película?, ¿el entrar a oscuras y tener miedo a caer? etc. Es importante definir que es lo que más nos afecta, porque eso nos mostrará la necesidad a satisfacer para sentirnos en paz con nosotros mismos.

 


 

LO TERAPÉUTICO DE LA IMAGEN FOTOGRÁFICA

 

fotografiar La fotografía nos permite ver, intuir, pensar, reflexionar y descubrir diferentes puntos de vistas de una escena o de una imagen que tenemos ante nosotros, siendo también un medio contenedor -a la ves que de expresión y comunicación- de sentimientos y emociones, especialmente si esa imagen forma parte de nuestra vida. La imagen fotográfica es sugerente y tiene un gran poder evocador, no tiene barreras de tiempo ni espacio, podemos observar a través de ella nuestro universo emocional y la transformación que hemos experimentado desde el pasado, así como los cambios en el presente, y del mismo modo la ilusión del devenir, como cuando se proyecta una terapia con fotografías progresivas desde el momento actual hacia el futuro. Por eso, cuando esta experiencia interna que conlleva, tanto la imagen fotografiada como el proceso fotográfico en sí es guiada de manera adecuada, conduce a una forma de conocimiento -y de autoconocimiento- con efecto terapéutico.

 

 Hay experiencias muy interesantes en algunos centros hospitalarios en las cuales se ayuda al paciente a sobrellevar la enfermedad, mediante una vía de liberación y de desarrollo a través de la fotografía, como por ejemplo es el caso del hematólogo Carlos Canal quien ha trabajado con su cámara al cuello en la unidad de cáncer del Hospital Carlos Haya de Málaga, o las experiencias del fotógrafo y arteterapeuta David Vinuales, pionero en el desarrollo de la FotoTerapia en España. Sin embargo, este efecto terapéutico también lo pueden experimentar aquellas personas que sin padecer ninguna enfermedad física necesitan ordenar y calmar su mundo interior, buscando además una vía creativa de autoconocimiento y desarrollo. En estos casos el proceso  les ayuda a centrarse en si mismos para explorar y observar la realidad desde otra perspectiva; tal como expone Fina Fanz en su libro La Fotobiografía: una nueva mirada sobre las imágenes e historias del pasado pueden ayudarnos a vivir con más plenitud el presente.

 

 En esta linea terapéutica vinculada a la fotografía es necesario diferenciar dos procedimientos diferentes: por una parte esta lo que se denomina Fotografía Terapéutica, en el cual la persona desarrolla un proceso de fotografiar su mundo externo -o de fotografiarse a sí mismo- con un fin terapéutico pero que simultáneamente también puede conllevar un sentido artístico, son casos en los cuales se utiliza la cámara y la imagen como agente de cambio personal o social.

 

  Es por ejemplo, el proceso que desarrollan las mujeres que fotografían su transformación corporal durante una quimioterapia o tras una mastectomía; o cuando se trabaja la fotografía con adolescentes en riesgo, o con reclusos, con el fin de que experimenten una vía de expresión del propio mundo interior, entregándoles una herramienta de comunicación simbólica de aquello que sufren y que no pueden expresar con palabras. 

 

  Por otra parte esta lo que se denomina FotoTerapia, que utiliza la imagen fotográfica como medio de introspección, de autoexploración, de reflexión y de autoconocimiento, permitiéndonos observar la realidad con una nueva mirada. Aquí, si se quiere profundizar, es fundamental la presencia de un profesional terapeuta que guíe la experiencia y el dialogo que se produce entre la imagen fotográfica y la persona, ya que del mismo modo que con la pintura, el dibujo o el collage, estas imágenes nos conectan con el inconsciente, más allá de donde nos llevan las palabras; y a partir de ahí, mediante conceptos, historias y símbolos, podemos explorar la realidad, el pasado, lo actual, nuestros deseos y anhelos, nuestro pensamientos, sentimientos y emociones mas profundas. 

 

 La fotografía es como un viaje a la memoria donde afloran aquellos momentos especiales, buenos y no tan buenos, congelados en el tiempo y que forman parte de la historia de una persona; las imágenes emergen entonces, como huellas que señalan el rumbo físico y emocional de esa historia; del mismo modo estas huellas narran una forma de autorretrato intimo y subjetivo, que nos desvela el propio proceso de la persona al interior de esa historia. Generalmente ocurre que la exploración no sólo nos hace conscientes del pasado sino que también nos desvela nuestra realidad más intima en el aquí y en el ahora, en el  momento actual de la vida; y como ya hemos visto, en la fotografía terapéutica podemos también proyectar y señalar el “desde aquí en adelante” como cuando decidimos fotografiar las etapas de un embarazo -o en el peor de los casos de una enfermedad- para ir identificando, expresando y comunicando lo que implica esta nueva etapa de nuestra vida, elaborando y liberando todo el bullir interior que nos inquieta.

 

 Cuando se observa una imagen fotográfica, descubrimos su significado según lo que sus componentes visuales evocan en nuestra mente, y esto variará según el mundo interior de cada observador. Por lo tanto el mensaje es construido en parte por el fotógrafo y en parte por quien observa la fotografía. El mensaje variará dependiendo de quien mire la fotografía -del mismo modo como ocurre con la pintura-; ya que nuestras percepciones, nuestro mundo emocional y nuestras experiencias de vida son las que finalmente encuadran y definen lo que percibimos como real. De este modo, el contacto con la propia realidad desde un medio lúdico y  creativo como es la fotografía nos ayuda a desbloquear y traspasar las barreras internas, facilitándonos una visión más consciente de lo que nos sucede y ofreciéndonos un horizonte más amplio de lo que podemos hacer para mejorar nuestra vida. 

 


 

                                   LIBERA TUS EMOCIONES TÓXICAS auto1Antropólogos y arqueólogos concuerdan en que las civilizaciones antiguas percibían el cuerpo como algo más que un mero organismo biológico, creían en la relación existente entre la mente, el cuerpo y el alma. Para ellos era fundamental sentir las emociones, los sentimientos y procesos que afloraban a través del cuerpo, aunque no comprendieran el significado de lo que les ocurría. Para sobrevivir necesitaban sentir e intuir además de pensar, por eso utilizaban rituales y bailes en los que conjugaban lo corporal, lo intuitivo y lo espiritual buscando conectar con los dioses y trascender pero también como un proceso de catarsis y sanación, al permitirse expresar libremente lo que experimentaban interiormente. 

 

 La sociedad occidental en cambio, sobre todo a partir de Descartes, ha tendido a separar el cuerpo como algo meramente biológico y la mente como puramente racional, dejando en segundo plano el mundo emocional, el alma y el espíritu. Sin embargo, en las ultimas décadas científicos y psicólogos, secundados por los avances de la neurobiología han descubierto que cuerpo, mente y espíritu se integran en un todo, interactuando entre si a través de una misma energía; pero aún falta tiempo para que esto se arraigue en la sociedad y en la vida cotidiana,  actualmente se sigue dando más importancia a lo externo que a lo interno: más al cuerpo físico y a la imagen que a lo emocional y a lo espiritual. Se da más valor al intelecto y al hacer que al sentir, a lo superficial e inmediato que a lo profundo, hasta tal punto que vivimos en una vorágine de roles y exigencias, ajenas a nuestra verdadera naturaleza, que nos están haciendo perder la capacidad de contactar, identificar y verbalizar nuestro mundo emocional. Nos obligamos a adaptarnos a un ideal que nos tiraniza, viviendo en función del “deber ser”, como expone la psicología Alejandra Rodriguez. Un “deber ser” indicado por la sociedad y la moda del momento, como un modelo de comportamiento que hay que cumplir a como dé lugar, desarticulando así la noción que tenemos de nosotros mismos y descentrando nuestra forma de actuar.

 

 No nos damos cuenta de que estamos dañando nuestra psique -y también nuestro espíritu- al no descargar de manera adecuada emociones como la frustración, la rabia, la ira, la impotencia, el miedo, y aún peor, tampoco nos permitimos expresar aquellas emociones placenteras que la propia cultura -por moda o usanza- nos impide que expresemos, quedando el organismo como única vía de escape; de esta forma se explica el incremento de enfermedades somáticas que han aparecido en las ultimas décadas. La respuesta somática del cuerpo, emerge como un intento de solución del conflicto emocional pero finalmente, al no solucionar la raíz del conflicto termina enfermando el organismo: la energía de las emociones que no ha podido descargarse adecuadamente necesita expresarse aunque sea de forma tóxica y lo hace transitando solapadamente por los órganos. 

 

 Ultimamente ha aumentado la alexitimia tanto en hombres como en mujeres; estas personas son incapaces de identificar y expresar verbalmente lo que sienten, bloquean su sentir emocional, creando una barrera y así evitar que les hagan daño; se ha observado que la alexitimia tiende a asociarse con enfermedades como la bulimia, la anorexia nerviosa o la fibromialgia, entre otras. La fibromialgia es una enfermedad que lleva años estudiándose sin encontrar una explicación orgánica; algunos autores concluyen que los puntos sensibles de dolor significan una amplificación del sistema nervioso central y otras teorías hablan sobre anormalidades en las neurohormonas. Lo que si es claro, es que las mujeres que padecen fibromialgia son mujeres perfeccionistas que quieren cumplir de manera impecable “el deber ser”, son mujeres con una historia de sufrimiento emocional que han silenciado su dolor, guardándolo para si y negándose a expresar lo que sienten. Del mismo modo, se está reconociendo en muchas otras enfermedades la relación que estas tienen con conflictos psicológicos no resueltos como son las alergias, algunos tipos de cánceres o las que tienen que ver con alteraciones de carácter autoinmune.

 

  Debemos aprender a expresar lo que sentimos, hablarlo y no silenciarlo, ya que este silencio puede tener un costo altísimo. El biólogo chileno Humberto Maturana nos dice que el lenguaje puede modificar las estructuras biológicas ya que cada persona genera y construye una teoría interior de su propio cuerpo, y si esa mirada interior se trabaja de manera adecuada podría modificar la realidad material del mismo. Hablar de lo que sentimos parece fácil, pero no lo es: primero es necesario identificar lo que se siente, ser capaz de tolerarlo, evaluarlo para luego nombrarlo y describirlo. Debemos aprender a contactar con lo que sentimos y además saber expresarlo; necesitamos comprender que lo que nos lleva a enfermar no siempre proviene del exterior, muchas veces lo que predispone a la enfermedad procede de nuestro propio mundo interno sin tener conciencia de ello.

 

  Es importantísimo expresar verbalmente lo que sentimos, y aún mejor si añadimos al lenguaje otras vías expresivas como la pintura, la dramatización, el movimiento corporal, etc. El uso de expresiones artísticas -como la escritura, el dibujo, el trabajo con recortes de papel o con arcilla, entre otros-, si es realizado con un sentido de autoconocimiento como ocurre a través del arteterapia, facilita el contacto con el inconsciente, el reconocimiento de las emociones, la reflexión a través del lenguaje y la canalización adecuada de las mismas.


 

LOS PEQUEÑOS PROPOSITOS PRODUCEN EL GRAN CAMBIO   aUna de las célebres frases de Tolstoi dice: todos piensan en cambiar el mundo pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. A veces es difícil cambiar lo que necesitamos transformar, no es fácil mirarse así mismo de forma honesta y reconocer lo menos “agradable” de nosotros, del mismo modo tampoco es fácil derribar los miedos, las creencias, valores, conductas y pensamientos arraigados en nuestra mente. Sin embargo, si cada uno de nosotros hiciera un esfuerzo por transformar una mínima parte de lo que necesitamos cambiar para ser mas y mejores personas, además de sentirnos realizados, mejorar nuestra autoestima y ser un poco más felices, veríamos simultáneamente el cambio del mundo a nuestro alrededor.

 

  Cuando realmente ocurre una transformación en nuestra vida, se movilizan muchas energías y estructuras a nivel físico, mental y espiritual -aún cuando no seamos totalmente consciente de ello-, y cuando el cambio se encausa hacia ser mejores personas, afloran nuevas posibilidades de aprendizaje y de reflexión, emerge una nueva sensación de bienestar, de lo que significa ser libre y ser feliz, perdemos el miedo a sentirnos confusos o a equivocarnos, es decir damos salida a esa sabiduría interior que tenemos adormecida en lo más profundo de nuestro ser. Por esto el verdadero cambio comienza siempre en el interior de uno mismo, conllevando una reorganización de la propia interioridad, una renovación de los intereses, de la conducta y del propio entorno. No importa si queremos ser más productivos, más poderosos, más sanos, más atractivos, más creativos o más felices, cualquier cambio, sea el que sea, siempre empieza en nuestro interior. 

 

  Una ves que tenemos claro lo que queremos transformar, el primer paso es tomar la decisión de querer realizar dicho cambio. Aunque parece muy obvio, hay muchas gente que teniendo muy claro lo que necesitan cambiar nunca llegan a tomar la decisión de llevarlo a la práctica, justificándose así mismo -o mejor dicho, encadenándose a sí mismos- y ante los demás con un sinfín de explicaciones. De este modo crean una especie de nebulosa mental que no les deja ver el amplio horizontes de posibilidades que ofrece la vida, derivando en un sentimiento de rigidez, falta de ilusión, soledad y frustración.

 

  Para sobrepasar esta primera barrera necesitamos explorar e identificar los miedos: nos puede ayudar, por ejemplo, hacer un listado de aquello que nos impide tomar la decisión, para luego analizar los que ganamos y lo que perdemos al afrontar esos miedos, del mismo modo necesitamos reflexionar sobre los pro y lo contras de quedarnos tal como estamos. Por supuesto, al hacer este ejercicio debemos ser muy honestos y estar atentos a las voces de justificación que aflorarán desde nuestro interior, intentando boicotear la reflexión con el fin de mantenernos en esa zona de confort en la que nos hemos acomodado. Quizás esto ultimo sea lo más difícil de clarificar, porque a veces tenemos creencias y valores tan arraigados que aún siendo inapropiados e incluso sabiendo que nos hacen daño seguimos justificándolos. Por eso muchas veces necesitamos el apoyo terapéutico de alguien ajeno a nuestro entorno que nos ayude a reflexionar sobre nuestra historia de vida desde otra perspectiva, a conectar con las señales del inconsciente y a descubrir la actitud con la que enfrentamos el día a día.  

 

   Esta claro que todos, absolutamente todos, hemos tenido dificultades a lo largo de nuestra existencia, quizás hemos vivido la humillación, el abandono, el maltrato, la soledad, etc., pero lo importante para nuestro bienestar no es lo que hemos vivido, sino la forma como cada uno ha ido gestionando eso que ha vivido: ¿Cómo has gestionado tu dolor? ¿En qué persona te ha convertido ese dolor? ¿Que actitud estas tomando ante la vida? ¿Te sientes víctima? ¿Inmóvil tras un escudo? ¿Dictador? ¿Juez? ¿Justiciero? ¿Vengador? ¿Culpable? ¿Rígido? ¿Activo? ¿Flexible? Pero también algo muy importante ¿De que manera has gestionado tus momentos felices?  ¿Que sentimientos te han surgido?¿Te has sentido merecedor de esa felicidad? Sea cual sea nuestra actitud, lo importante es saber que podemos cambiarla, sólo necesitamos querer hacerlo y tener claro que pese a lo que nos halla tocado vivir, somos nosotros quienes decidimos de que manera encausarlo. Cada mañana debiéramos preguntarnos que persona quiero ser, y de que manera quiero llegar a ser, eso que quiero ser. 

 

  No podemos cambiar nada de lo ocurrido en el pasado pero si podemos gestionar la impresión que aquello ha dejado en nosotros, para ello es necesario cambiar la forma de sentir y reflexionar sobre lo vivido. Debemos recordar lo constructivo pero al mismo tiempo soltar lo que nos hace daño, liberándonos de de la rabia, la envidia, el rencor para finalmente quedarnos con el aprendizaje obtenido de la experiencia. Para tomar la decisión -es decir, para responsabilizarnos de nuestra vida- necesitamos aparcar las resistencias y si no somos capaces de hacerlo solos, busquemos ayuda, la vida es demasiado valiosa para vivirla estancados y rumiando eternamente la frustración.

 

  La verdad es que una vez que nos decidimos, el camino es menos complicado de lo que parece ya que el cambio se produce a través de pequeños propósitos. Podemos proponernos cambios muy ínfimos como por ejemplo: conversar, o jugar, media hora al día con nuestros hijos, por supuesto que con la TV, el ordenador y el móvil apagados; ponerse mentalmente en el lugar del compañero de trabajo, o del jefe, e intentar comprender porque actúa como actúa en lugar de simplemente enjuiciarlo; acercarte y sonreír un poco más a tus padres; fumar 4 cigarros diarios y sólo por las tardes, en lugar de 10; dedicar un par de horas a la semana a pasear con tu pareja, no para ir de compras sino simplemente para estar juntos y charlar; moderar de manera consciente las copas de alcohol cuando sales; perdonar a alguien que te ha hecho daño -recuerda que perdonar no significa estar de acuerdo-; dedicar dos minutos al día para  reflexionar honestamente sobre ti mismo, etc. No sueñes con ideales irrealizables, simplemente, comienza con esos pequeños propósitos que forman parte de tu realidad más próxima y, que te harán sentir que eres más y mejor personas. ¿Podría ser un buen propósito para este nuevo año? Os deseo a todos lo mejor para estas fiestas y un muy buen 2016!

 

LOS ARQUETIPOS: MODELOS QUE CONFIGURAN NUESTRA VIDA

 

Arquetipo-imagen  Es difícil hablar de los arquetipos, profundizar en su significado y explicarlos de manera clara y sencilla, pero creo necesario que todos podamos entender el papel que cumplen los arquetipos a lo largo de nuestra vida, más allá del sentido estereotipado que generalmente se les da.   La palabra Arquetipo proviene del griego y significa modelo primigenio. Jung utilizó esta palabra para aludir -dicho de manera generalizada- a esas imágenes, o mejor dicho, a esas “posibilidades” de conceptos o ideas transformadas en imágenes, que residen en lo mas profundo del inconsciente, heredadas culturalmente, provenientes de la memoria colectiva y constituyentes de una primigenia base psíquica en la que se fundamentan las pautas del comportamiento de la especie humana.

 

  Como sabemos el inconsciente se manifiesta a través de las imágenes y no del lenguaje verbal -por eso Jung habla de posibilidades de conceptos o ideas transformados en imágenes- y es, este mundo imaginario emergente desde nuestro inconsciente, el que nos permite organizar y diferenciar además de dar sentido, a la actividad del sistema nervioso y de nuestras neuronas que conforman los diferentes procesos sensoriales -físicos, psíquicos y espirituales- que surgen instintivamente en nuestro contacto con la vida. De esta manera las imágenes otorgan un sentido y un significado a nuestra existencia, movilizando y encausando la energía que utilizamos en cada acto y en cada gesto de nuestra vida.

 

  Por lo tanto, requerimos de las imágenes para poder traducir, todos esos procesos “informes e invisibles” heredados e inscritos en la memoria de nuestros genes, y que organizan el funcionamiento del sistema nervioso y de la psiquis: procesos inconscientes e intuitivos, inaprensibles para nuestro ser consciente, pero que sin embargo posibilitan la expresión de nuestra naturaleza más esencial.   En otras palabras, los seres humanos necesitamos concretar en imágenes las sensaciones físicas y psíquicas, para diferenciar el espacio y el tiempo, para distinguir sentidos, significados y cualidades, para poder desarrollar una vida psíquica armónica y coherente; de otro modo, deambularíamos sin sentidos, en un mundo de sensaciones abstracto e informe, caótico e inconexo. Según Jung es, esta capacidad creadora de imágenes lo que realmente nos distingue como humanos, y no el uso de la razón; ya que el lenguaje y la razón tienden más bien a anular esta función intuitivamente creadora.

 

  Hilando más fino, cuando hablamos de imágenes arquetípicas en un sentido psicológico, el termino arquetípico en realidad no alude a la imagen en sí misma, sino más bien al sentido y el significado que cada uno de nosotros otorga a dicha imagen; es decir, cuando a una imagen le otorgamos un significado especial, la estamos transformando en arquetipo. Las imágenes arquetípicas son entonces las imágenes a través de las cuales el inconsciente manifiesta sus significados. Los arquetipos son un reflejo de nuestra experiencia interior, significadora, y al mismo tiempo de nuestra interacción con el mundo exterior.

 

  Es importante tener claro que la información que almacena nuestro inconsciente tiene una órbita transpersonal, es decir hay parte de esa información que pasa del inconsciente personal al mundo externo -y viceversa-, creándose así una dimensión denominada “inconsciente colectivo” -de manera similar a como se crea la memoria colectiva o la historia colectiva-. Podríamos decir entonces que el inconsciente colectivo guarda algo así como una información o, un substrato psíquico colectivo que esta presente en el mundo, que se hereda y que actúa en nosotros de manera inconsciente, organizando y fundamentando las pautas del comportamiento humano.

 

  Es decir, los arquetipos son auto-representaciones imaginarias de las funciones y de los procesos instintivos, e intuitivos, que impulsan nuestro actuar en el mundo, transformados por nuestro inconsciente en imágenes o modelos que actúan como conceptos colectivos. Sin embargo estos arquetipos no son rígidos ni estáticos: son modelos vivos que evolucionan y se actualizan de acuerdo a las etapas de desarrollo que la la sociedad y la cultura van alcanzando; pero también -como ya he dicho-, la carga significativa, el valor y la energía que cada uno moviliza en torno al arquetipo es individual y diferente según la historia de vida de cada uno. Por ejemplo, el arquetipo matriarcal -o de madre- es un modelo universal con características especificas, claramente definidas que podríamos catalogar como inamovibles; pero aún así, el sentido significativo del rol materno como modelo, no es el mismo en la actualidad, que el que se tenía en la prehistoria o en la edad media; por otra parte, el significado y la carga emocional que otorguemos a dicho modelo, en términos individuales, dependerá de lo que ha acontecido y de como hemos vivido la relación con nuestra madre, y con los modelos de madre con los que nos hayamos relacionados en el curso de nuestra vida.   Los arquetipos nos hacen darnos cuenta -como dice Christine Downing- de que “estamos enlazados con la humanidad no sólo mediante las relaciones externas, sino mediante el núcleo mas profundo de nuestro ser”. Conocer cuales son nuestros arquetipos predominantes, nos ayudará a descubrir quienes somos realmente y en torno a que patrones conducimos nuestra vida, de una forma mas veraz y autentica, que lo que nuestro engañoso “yo consciente” nos hace creer.   Debemos tener en cuenta la importancia que tiene nuestro mundo imaginario, y así aprender a crear puentes que fortalezcan nuestro desenvolvimiento en el mundo, ya que la vida no sólo se configura por la razón y el pensamiento, el verdadero motor que moviliza nuestra energía ante las personas y los sucesos cotidianos, se alimenta principalmente de las fantasías, los sueños y de nuestra carga afectiva. ¡Te invito a explorar tu arquetipos, descubriréis vuestra vida!

 


 

                                           REFUERZA TU AUTOESTIMA 2  La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos; es algo que todos poseemos de manera natural ya que la facultad de percibirnos viene dada en nuestra genética, pero el “como” nos vemos dependerá de nuestra historia y de la forma como hayamos construido nuestro mundo emocional en los primeros años de vida. La autoestima está relacionada con el sentido de motivación, es decir con aquello que nos  moviliza para conseguir lo que deseamos y también en alguna medida es una forma de autorregulación, ya que necesitamos algo que regule nuestra búsqueda según las propias capacidades, de otro modo estaríamos continuamente equivocándonos, corriendo riesgos innecesarios e incluso poniendo en peligro nuestra vida y la de los demás.

 

   Por esta razón cuando se trabaja la autoestima de una persona, lo que hacemos no es simplemente subirle la autoestima como si estuviéramos izando una bandera, sino más bien guiarla a que tome conciencia de sus cualidades y aptitudes, que aprenda a valorarse de forma realista por lo que es como persona y por sus logros, motivándola a desarrollar propósitos coherentes con sus propias capacidades y que comprenda que no somos todos iguales, ya que la diversidad conlleva entender que todos poseemos “niveles” de aptitud diferentes para cada cosa; así como no existen las personas perfectas que sean un diez en todos los aspectos de su vida -pese a que los medios de comunicación nos intenten vender esa idea-, tampoco existen las personas que no tengan ninguna característica valida o sobresaliente, aun cuando se esté viviendo la peor etapa de la vida.  

 

  Un buen desarrollo personal implica tener una “buena y consciente autoestima”, y no sólo un elevado autoconcepto; una autovaloración exagerada no es signo de madurez sino todo lo contrario; la excesiva autoestima si no va acompañada de un consciente trabajo personal, genera infelicidad y provoca daño en su entorno. El sentimiento de autoestima debe ser real, hay personas que proyectan una falsa autoestima, concediéndose a si mismas un valor que luego no se refleja en el día a día; estas personas generalmente tienden a protegerse bajo un falso sentimiento de seguridad para evitar mostrar a los demás sus miedos y debilidades.

 

   Por otra parte, existe la falsa autoestima provocada por la sobrevaloración que podemos dar a un aspecto de  la personalidad, suele ocurrir cuando se destaca en algo y aún más si el éxito es público o social, como ocurre con los artistas o con el éxito profesional, proyectando el sentido valórico a la totalidad de la persona, como si fuera un diez en todos los aspectos de su vida, cuando en realidad no es así. Hay muchas personas exitosas que cuando conectan con  la intimidad de su corazón, se sienten insatisfechas, ansiosas e infelices. De manera que si queremos trabajar nuestra autoestima lo primero que debemos hacer es tomar consciencia de lo que realmente somos y de lo que hacemos; que pasa dentro de nosotros y como nos comportamos con los demás.

 

  Debemos querernos por lo que somos, sabiendo que hay facetas que podemos desarrollar y que si  deseamos mejorarlas tenemos que trabajar en ello: eso significa dejar de lado las disculpas con las que solemos justificarnos nosotros mismos y con los demás, así como también esforzarnos en modificar nuestra actitud y nuestras acciones, movilizando esa zona de confort en la que nos hemos acomodado; pero también es importante aprender a reconocer que hay otros aspectos de nuestra personalidad que no podemos cambiar; necesitamos aceptar estas facetas que configuran nuestra sombra y aprender a convivir con ellas aunque no nos gusten. No olvidemos que en nuestro mundo los espacios con luces son aún mas bellos si se acompañan de sombras y del mismo modo, nuestras virtudes se configuran y emergen a través de las propias carencias.

 

  Responsabilizarnos por lo que nos toca vivir significa mantener una actitud activa y de escucha hacia nosotros mismos y hacia el entorno, considerando lo ya dicho pero al mismo tiempo sin autoengañarnos; justificaciones como por ejemplo: “se que no estoy dando lo mejor de mi como pareja pero bueno todas las parejas que conozco están igual y después de todo creo que tan mal no estamos” o, “se que no llevo una vida saludable, pero no pasa nada ya me preocuparé mas adelante” o, “se que no entrego lo que debiera en el trabajo, pero como soy un empleado y al final el responsable es mi jefe me da igual”…etc., deben hacernos pensar hasta que punto son juicios validos o bien, estamos justificando con ello la propia apatía y la falta de responsabilidad. No olvidemos que nuestras responsabilidades están definidas por  las  necesidades, de ahí la importancia de plantearnos necesidades reales y no engañarnos creándonos necesidades ficticias.

 

  En la autoestima se conjugan dos aspectos fundamentales: uno tiene que ver con la auto percepción de la eficacia con la que nos enfrentamos a los desafíos de la vida, y el otro con el respeto a uno mismo. En relación al primero, cabe preguntarse: ¿En qué grado confío en mi criterio, mi comprensión de las cosas y mi capacidad de elección?, en otras palabras ¿Creo y confío en mí? Respecto al segundo, podemos preguntarnos: ¿Me siento a gusto con mis pensamientos, mis deseos y mis necesidades? ¿Me acepto como soy siendo consciente de mis debilidades y defectos? ¿Qué quiero y qué puedo realmente cambiar en mi? ¿Me siento con derecho a vivir y ser feliz?.

 

  Si nuestras respuestas son afirmativas, deberíamos ser personas autenticas que actúan de acuerdo a las propias convicciones, evitando dar una imagen falsa en busca de la aceptación o la manipulación de los otros, planteando propósitos coherentes con las propias aptitudes. Si cumplimos nuestros propósitos, por pequeños e insignificante que nos parezcan, nos sentiremos productivos y reafirmados. Comenzad poco a poco, con pequeños y cotidianos propósitos, pequeños cambios que los hagan sentirse que están tomando las riendas de vuestra vida, y si para ello necesitáis ayuda no dudéis en buscarla y recordad que el arteterapia es una buena vía.                                    

 


 

                                            LA PREOCUPANTE DELGADEZ   anorexia copiaB copia  Las personas que sufren anorexia nerviosa generalmente conviven con un problema no resuelto a nivel psicoemocional; padecen una incesante búsqueda de la delgadez y un deseo exagerado de mantener un peso bajo lo normal, nunca se ven lo suficientemente delgadas y por lo tanto viven con un permanente miedo a ganar peso, hacen dietas rigurosas y ejercicio excesivo, se pesan continuamente y comen muy pequeñas cantidades solo de ciertas comidas, acompañándose muchas veces de depresión, ansiedad y comportamientos obsesivos. Los conflictos con el propio cuerpo y la imagen corporal tiende a ser más frecuente en las mujeres, sin embargo cada día son más los hombres que consultan por trastornos de la conducta alimentaria.

 

  A nivel físico la mal nutrición provocada por la anorexia deriva en complicaciones neurológicas, desnutrición, anemia severa, problemas cardiovasculares, etc., acompañándose en algunos casos de un abuso de medicamentos o de drogas. Si el aspecto psicoemocional se se trata a tiempo y adecuadamente, se puede llegar a la recuperación absoluta; sin embargo, lamentablemente conocemos casos de anorexia en los cuales no logrando fortalecer el aspecto psíquico de la persona, las recaídas recurrentes han ocasionado la muerte, ya sea por suicidio o bien, por un paro cardiaco consecuente a la perdida de electrolitos y a la mal nutrición del organismo.

 

  Según el diccionario de dolencias y enfermedades vinculadas con las emociones y los pensamientos de Jaques Martel, la anorexia viene de un sentimiento profundo de insatisfacción y de falta de afecto en la infancia, que puede provenir de un contacto inadecuado entre la madre y el bebé; respecto a esto, una persona en terapia comentaba: “mi madre nunca se preocupó de mi, yo se que ni siquiera se esforzó por darme pecho, como trabajaba era más cómodo dejarme al cuidado de otros, en cierto modo lo entiendo, pero es que siempre he sentido que no se ha preocupado de mi”. En otros casos hay un sentimiento de que el “espacio personal” ha sido excesivamente invadido o controlado por la personalidad de los padres. Este espacio puede vincularse con las cosas físicas como son la ropa, juguetes, etc.: “siempre me vistieron como ellos querían y me compraron lo que ellos quisieron, creen que me lo han dado todo, pero nunca se detuvieron a pensar en lo que yo realmente quería”. Esta “invasión” del espacio generalmente se refiere más a los derechos y necesidades personales que a lo material, tal como expone otra paciente en una de las sesiones de tratamiento: “no me sentía con la libertad de organizar mis cosas y llevar mi vida de acuerdo a mi propia personalidad, y no el que ellos me exigían” Esta misma persona en otra sesión expresaba: “nunca me sentí valorada, respetada o amada como yo hubiese querido, a pesar de que en términos materiales no me faltaba nada”.

 

  Hay múltiples factores que pueden afectar la percepción y la experiencia vivida respecto a la relación afectiva con la familia, o con quienes forman nuestro entorno. En el caso de la madre, puede influir por ejemplo la privación del pecho materno y del cálido ambiente físico que deberían acompañar al  momento de dar alimento; el modo artificial de alimentación dosificada y demasiado rígida en su aplicación, o bien, la sobre o sub-alimentación impuesta por un respeto exagerado a una curva de peso ideal que debe tener el bebé, sin considerar sus propios ritmos naturales. No todas las madres pueden dar pecho a sus hijos y no tienen porque sentirse culpables por ello, sin embargo es fundamental estar muy atentos a las necesidades del bebé más que lo se quiere desde el propio punto de vista materno, se puede compensar la frialdad que conlleva la lactancia artificial, acariciando al bebé y permitiendo que su piel tome contacto con el cuerpo materno dejando que lo toque y lo acaricie mientras se le da el biberón. A nadie se le enseña a ser madre, y sabemos que cada madre lleva su propia mochila psicoemocional a cuestas, pero ante la duda es mejor hacer uso del instinto e intentar se una madre mas bien natural, no exageradamente perfecta, y menos aún sobreprotectora o indiferente.

 

 Se sabe que en la anorexia existe la necesidad de colmar un vacío afectivo interior, es como si se intentara hacer morir de hambre ese vacío interior: “anularlo a través del hambre para que no me pida nada”. Otro sentimiento recurrente es el sentirse fuera de sí e incapaz de controlar las situaciones que la vida va presentando, por eso se ejerce, inconscientemente, a través de la comida el control sobre el propio cuerpo: “es una forma de sentir que una es capaz de controlar algo”. También puede haber un sentimiento de contrariedad hacia el padre o la madre que se proyecta en la comida. En otros casos hay un deseo de acercarse a una pureza física e interior mediante un rechazo exagerado a ciertos alimentos. Sea cual sea la causa, la anorexia conlleva una conducta autodestructivas, pero la mayoría de las personas que los sufren son incapaces de  percibir el daño que se hacen. 

 

 Si bien, los problemas psicoemocionales nos acompañan a lo largo de nuestra vida, los factores desencadenantes de su expresión somática, o corporal, se pueden producir en cualquier etapa; en el caso de los trastornos de la conducta alimentaria, la problemática psicoemocional tiende a aflorar vinculada a la imagen corporal generalmente en la adolescencia, etapa en la que ponemos a prueba nuestra identidad y nuestra autoestima, sobre todo en la actualidad, en la que los medios nos imponen repetitivamente un canon respecto al físico imperando el culto a la imagen corporal; pero también la somatización corporal puede aflorar por otros detonantes que nos hacen sentir fuera de control como son el inicio de la universidad, la perdida de un ser querido, ser motivo de burla en el colegio o en el trabajo, haber sido ignorados o haber tendido una ruptura amorosa muy dolorosa, el abuso sexual o físico, fracasos en la escuela, en el trabajo o en sucesos competitivos, ya que otra de las características  de estas personas es que tienden a ser perfeccionistas.

 

  El arteterapia puede ayudar a estas personas a tomar conciencia de los problemas que subyacen bajo los síntomas de la enfermedad, así como de los conflictos que impiden relacionarse de forma sana con el propio cuerpo. A través de las diferentes técnicas expresivas se va potenciando el desarrollo del autoconocimiento y la aceptación de la propia imagen, se permite expresar emociones, sentimientos y pensamientos que habitualmente permanecen bloqueados, y a partir de ahí encontrar el equilibrio psicológico necesario para valorarse y aprender a mirarse a si misma/o con otro prisma. Si tienes este problema y temes hablar de ello, no dudes en buscar ayuda, y recuerda que en el arteterapia puedes encontrar un buen aliado para tu recuperación.

                    

  ¿CÓMO FUNCIONA NUESTRO CEREBRO?

Imagen Junio copia  Cuando algo tiene plasticidad significa que es maleable, es decir, que tiene la propiedad de adaptarse y conservar la huella de dicha adaptación. El sistema nervioso y el cerebro tienen una enorme plasticidad, ya que se adecúa con facilidad a las presiones y afectos provenientes de las situaciones vividas, conservando la huella de dichas vivencias en mayor o menor grado, según lo repetitiva que haya sido la situación, la intensidad de la misma o el tiempo que nos haya afectado.

   Podemos ejemplificar esto con una hoja de papel: cuando doblamos una hoja en el lugar del doblez queda una raya, luego al extender el papel, bastará una simple brisa para que este vuelva a plegarse por si mismo. Del mismo modo, en nuestras neuronas queda impresa la huella tanto de los buenos momento como de aquello que nos ha ocasionado daño; posteriormente con un simple estimulo que conecte o resuene con una de estas huellas, nos llevará a una acción o una respuesta condicionada por dicha memoria.

   Por otra parte, en nuestra mente las imágenes se combinan entre sí según el grado afectivo que hallamos vivenciado con ellas; así, el odio, la ternura, el orgullo, la alegría, el temor, etc., actúan en nuestro inconsciente como puentes de asociación de imágenes que aparentemente no tienen nada en común entre ellas; y por esto también una misma imagen no significa lo mismo para todas las personas. 

   A grosso modo podemos ejemplificar esto de la siguiente manera: la imagen de un “conejo blanco” le resonará a una persona como “ternura y cariño” al evocar un regalo -especial y anhelado- recibido en la infancia, entregado amorosamente y envuelto en un bonito papel con dibujos de conejitos de color blanco; a otra persona en cambio la misma imagen le resonará como dolor y abandono, evocando lo que sintió al no permitirle sus padres tener un conejo blanco, habiéndoselo sí permitido a su hermano mayor, reafirmando en su mente el sentimiento de discriminación, sobre todo si la predilección que tenían sus padres por su hermano era real, notoria y reiterada; a lo largo de los años el inconsciente de esta persona relacionara la imagen del conejo blanco con otras imágenes vinculadas al dolor provocado por la distinción vivida; imágenes obtenidas tanto de la propias vivencias como de las múltiples imágenes socioculturales y colectivas conectadas al sentimiento de discriminación, marginación, etc.; y lo mas probable es que este intrincado cruce de imágenes condicione inconscientemente -y en los ámbitos más inesperados- muchas elecciones de su vida.

  Desde otra perspectiva, las emociones y los sentimientos enlazan la realidad con las imágenes de nuestra fantasía interior: así, cuando algo del entorno real nos afecta produciéndonos, por ejemplo, impotencia; nuestra imaginación se conectará a dicho sentimiento, trayéndonos a la mente aquellas imágenes de nuestro propio universo imaginario vinculadas al sentimiento de impotencia. Podemos decir entonces, que nuestras emociones nos llevan a crear a partir de una realidad, una fantasía imaginaria. Por eso al no ser totalmente conscientes de ello, muchas veces tendemos a exacerbar algo pensando que es como lo imaginamos, no siendo así en la realidad.

  Pero también, y de manera contraria, una emoción provocada por una fantasía actúa como puente con la realidad: cuando nuestro inconsciente nos hace llorar por que conectamos con el texto de un libro, una poesía o una imagen de una película, aún sabiendo que es una fantasía, sentimos de verdad la aflicción y la emoción, así como nuestros ojos realmente sufren el escozor que le provocan las lagrimas de aquel momento. Si no somos totalmente conscientes de ello, lo mas probable es que nos quedemos sumidos en la fantasía y en la aflicción afectando incluso nuestra labor cotidiana.

  Esta facilidad de conectar fantasía y realidad mediante nuestras emociones, es un recurso muy utilizado por los medios de comunicación y la publicidad, en su intento de conducirnos hacia lo que el establishment del poder propone; podemos observarlo claramente en lo que sucede con fenómenos como el fútbol, la política, las religiones, la moda, la estética, etc.

  Todo lo anterior se complementa con otra importantísima función que tiene que ver con la actividad creadora y asociativa de nuestra mente. Es decir, las neuronas de nuestro cerebro son también capaces de reelaborar y crear con elementos del pasado -relacionando fantasía y realidad- nuevas normas y nuevos planteamientos. De esta manera, podemos adaptarnos a un presente diferente e inesperado, para luego proyectarnos al futuro, ideando y creando lo que necesitamos para alcanzar ese futuro.

  Lo relevante de esto, es que nuestra mente es capaz de crear -a partir de lo que tenemos- algo totalmente nuevo, no existente antes en la experiencia vivida, ni como experiencia ni como objeto; y eso creado, si lo materializamos o concretamos en alguna forma, pasará a interactuar con nosotros, formará parte de nuestro entorno y a partir de ahí nos modificará la realidad. Si pensamos en un invento material como por ejemplo, la bombilla eléctrica; es obvio que afecta nuestra vida real, según vivamos en un edificio con luz o sin ella; y también vemos como su creación ha influido en la edificación y la arquitectura de las ciudades.

  Del mismo modo, en nuestro universo psíquico no sólo podemos concretizar nuevas imágenes, sino también crear nuevos puentes que nos ayuden a conectar y a conducir de otra forma nuestro mundo emocional, para aprender a enfrentar desde otra perspectiva las circunstancias de la vida.

   Siendo esta función tan importante además de ser factible de educar y desarrollar, es la menos fortalecida en los sistemas educativos y  la que menos hemos explotado en nuestra vida. Se piensa equivocadamente que haciéndonos adultos se nos acaba la creatividad, muy por el contrario, a mayor edad mas experiencias vividas y por ende vamos ampliando nuestra personal enciclopedia imaginaria, lo que conlleva un aumento de probabilidades asociativas y por lo tanto una mayor creatividad; solo tenemos que aprender a desplegarla y experimentar.

¡Os animo a desarrollar la creatividad, descubrir vuestro universo interior y desarrollar vuestro potencial sanador!


 

                          SER ASERTIVO: ¿CON QUIÉN, DONDE y CUÁNDO?    Img.SerAsertivo

 

   Los seres humanos somos por naturaleza seres sociales y por esto, la forma como nos comunicamos y el tipo de relaciones que establecemos constituyen un pilar más de ese sentido de bienestar al que todos aspiramos. Ser asertivo implica saber comunicar: la palabra asertividad se deriva del latín asserere, assertum y significa aseverar, es decir comunicar con seguridad y de manera adecuada aquello que tenemos que decir. Por ello, la asertividad esta relacionada con la afirmación de la propia personalidad, la confianza en uno mismo y la autoestima; en la práctica, una persona asertiva se siente con libertad para expresarse de la manera más apropiada, adaptandose a  las diferentes situaciones que la vida le va presentando.

 

 Todos sabemos que las relaciones interpersonales pueden ser una importante fuente de satisfacción si la comunicación es clara, abierta y apropiada, pero si en cambio esta es confusa, poco transparente o agresiva se suelen originar problemas, provocando malestar en los demás y en nosotros mismos. Poder comunicarse oportunamente y de forma clara es una habilidad que puede ser aprendida a través de un entrenamiento y uno de los componentes de esta comunicación es la asertividad. Es decir, si por naturaleza no somos asertivos podemos llegar a serlo, si nos lo proponemos seriamente.

 

  Sin embargo, para ser asertivo no basta con aprender técnicas de comunicación que nos ayuden a tratar a las personas difíciles o hacer frente a situaciones complejas, ya que como he dicho antes, la verdadera asertividad conlleva un sentido de bienestar vinculado con el desarrollo y la evolución personal. Aprender técnicas sin un proceso de autoconocimiento y de crecimiento personal de nada sirve, ya que por una parte, el inconsciente aflorará inevitablemente en nuestra forma de comunicar, dejando ver a los demás que lo que se desea es manipular o condicionar de  forma egoísta. En otras palabras, aunque utilicemos técnicas de comunicación si estás no afloran como una proyección de nuestro sentir, seremos poco creíbles para los demás; por otro lado, el comunicar de manera disociada, o contraria, a aquello que sentimos nos conducirá a un sentimiento de desasosiego e infelicidad con nosotros mismos, lo que derivará en mayor inseguridad, produciendo finalmente el efecto contrario al buscado.

 

  De manera que, si nos proponemos ser mas asertivos, estaremos desarrollando al mismo tiempo la inteligencia interpersonal, ya que estaremos potenciando tanto la forma de relacionamos con los demás como la manera de relacionarnos con nosotros mismos, logrando así no sólo una  comunicación efectiva sino también afectiva. Muchas veces tendemos a intercambiar información, sin preocuparnos demasiado de las las repercusiones emocionales que tiene aquello que decimos, es más, a veces ni siquiera conectamos con nuestro propio sentir, o bien sentimos sin querer sentir, pasándolo por alto y ocultándolo con alguna actitud defensiva aquello que estamos sintiendo interiormente; y del mismo modo ocurre que dándonos cuenta de lo que el otro está sintiendo, muchas veces lo ignoramos como si no nos enterásemos de ello.

 

   Si queremos potenciar la capacidad de comunicarnos y relacionarnos con los demás, necesitamos reforzar al mismo tiempo la empatía, la honestidad, la generosidad y sobre todo el respeto por los otros y por uno mismo. Necesitamos desarrollar la capacidad de ponernos en el lugar del otro para percibir lo que el otro siente y piensa, para luego formular de manera apropiada lo que necesitamos decir, respetando el pensamiento del otro y al mismo tiempo  valorando nuestro sentir. Debemos tener presente que para todo hay un momento, y saber encontrar el momento adecuado para decir las cosas es una habilidad que proviene tanto, de la capacidad que tenemos de ponernos en el lugar del otro, como del observar el contexto en el que nos encontramos; a veces es mejor no decir nada, o bien esperar el momento oportuno y el contexto adecuado para decir lo que queremos; teniendo claro que en algunas situaciones es mas fácil expresar lo que pensamos, sentimos o queremos y en otras nos cuesta más; por lo tanto, debemos aprender a  discernir con quien ser asertivo, donde -en que lugar- y cuando -en que momento-.

 

   Aquí entra en juego otra de nuestras importantes facetas: nuestro mundo emocional. Una adecuada expresión de las emociones nos ayuda a ser más empático, nos facilita la comunicación  y permite que los demás confíen en nosotros; por el contrario, la falta de control emocional o la inexpresividad de las emociones tiende a generar malestar y poca confianza en las personas que están a nuestro alrededor y, la confianza es algo muy importante a la hora de negociar. Digo negociar porque lo que hacemos cuando expresamos nuestras necesidades, solicitando lo que deseamos pero al mismo tiempo teniendo en cuenta las necesidades de los demás, no es otra cosa que negociar. Desde que nacemos y a lo largo de la vida vamos negociando diferentes cosas y con diferentes personas: en la infancia con nuestro entorno familiar, en la etapa de estudios con nuestros compañeros y amigos, posteriormente en el ámbito laboral, y por supuesto en lo personal con la pareja o con quien vivamos. Por lo tanto, ser asertivo es sinónimo de saber negociar.

 

   Finalmente y quizás lo más importante es que, debemos aprender a relajarnos y equilibrar nuestro deseo de ser mejores personas con las limitaciones propias de nuestra humanidad. Es necesario suprimir el cartel de “ser una super-persona” y, ser mas humanos, mas abiertos, actuando simplemente de acuerdo a lo que cada uno ES; aceptando que no podemos ser asertivos con todo el mundo, que tenemos derecho a equivocarnos, que hay personas con las que nunca lograremos relacionarnos como quisiéramos, que tenemos derecho a no saberlo todo, que las cosas no siempre se dan como lo esperamos, que cada uno tiene una personalidad propia y, que por lo tanto, ese crecimiento personal que nos lleva a sentirnos a gusto con nosotros mismos, es una tarea que se desarrolla poco a poco, a lo largo de nuestro caminar, a través del autoconocimiento y el respeto, articulando de la mejor manera los momentos de dolor e insatisfacción que forman parte de la vida. Por esto, concuerdo con Mariano Sbert Balaguer en que la definición mas acertada de asertividad es, “tener la humildad y el coraje de SER y, al mismo tiempo, DEJAR SER”.    

 


            LA GRATITUD, UNA FORTALEZA PARA NUESTRO BIENESTAR

Gratitud-2  Es indiscutible que las personas no encontramos un significado auténtico de la vida, basándonos sólo en los logros personales y en los bienes materiales aun cuando estos nos entreguen satisfacciones durante algún tiempo. Lo que necesitamos para sentirnos plenamente felices proviene fundamentalmente de como vivimos nuestra intimidad -el estar con uno mismo-, la relación familiar y el sentido que damos a los amigos; ya que al relacionarnos conscientemente con el entorno, descubrimos nuevos significados en las experiencias vividas, distintos sentidos de pertenencia, y también a través de la relación con los otros se favorecen la perseverancia, la esperanza y la espiritualidad. 

  En las ultimas décadas en las que la sociedad industrializada ha alcanzado su auge, exaltando excesivamente los logros profesionales y económico, la competitividad y la autonomía personal, se ha obtenido una sociedad en la que una gran cantidad de personas sufren soledad, desapego y vacío. Resumiendo, podemos afirmar que uno de las causas del sentimiento de infelicidad es, la discrepancia entre lo que se es por naturaleza y lo que la sociedad exige que uno sea.

  Por eso es importante, explorar, descubrir y potenciar los recursos positivos que poseemos, además de poner en práctica los llamados potenciadores de bienestar o felicidad”, factibles de desarrollar en el día a día. Un trabajo consciente de estos aspectos nos ayudará a contrarrestar la deshumanización y la individualidad en la que a veces nos vemos arrastrados, desarrollando fortalezas para una vida mas plena y mas sana, tanto en términos psicológicos como espirituales. 

  Uno de estos potenciadores de la felicidad es la gratitud. La gratitud es ese sentimiento de agradecimiento y alegría que se tiene al recibir lo que uno percibe como un obsequio ya sea material o inmaterial proporcionado por otra persona, o bien algo que nos regala otro ser vivo, o la naturaleza, como por ejemplo: un momento de paz o regocijo sentido al ver la salida del sol en un amanecer. ¿Cuantas veces hemos dado gracias de manera consciente por esos momentos especiales que nos regala la vida? 

  La gratitud conlleva un importante proceso emocional mediante el cual la persona interpreta positivamente sus experiencias cotidianas, y tiene que ver con la capacidad que poseemos de percibir, apreciar y saborear los componentes de la propia vida. La gratitud forma parte del proceso de transformar emociones autodestructivas en emociones curativas -expone Ma L. Martínez, psicología especializada en psicología positiva-; esta capacidad de reemplazar, por ejemplo: la amargura y el resentimiento por, agradecimiento y aceptación, es fundamental para desarrollar una adaptación madura a la vida. Del mismo modo, las expresiones conscientes de gratitud son también actos imprescindibles para mantener una buena relación de pareja.

  La gratitud favorece el comportamiento social y el autoconcepto, ya que al agradecer de forma consciente obtenemos un sentir afectivo, al percibir que alguien -o algo- ha actuado favorablemente hacia nosotros; de este modo por una parte, se estimula el comportamiento positivo hacia las demás personas o hacia el entorno, y por otra, nos refuerza a nosotros mismos, al tomar conciencia de la coherente conducta de gratitud que hemos tenido.

  La psicóloga Sonja Lyubomirsky nos dice: “La gratitud es un termino que cubre muchas realidades de nuestro mundo: maravillarse, apreciar la vida, ver el lado positivo de las cosas, adquirir conciencia de la abundancia, agradecer a alguien, dar gracias a Dios, considerarse satisfecho por lo que uno tiene. Consiste en saber saborear las cosas, en no dar por sentado, en contentarse con lo que tenemos, en gozar del presente”.  y también agrega: “expresar gratitud es la mejor de todas las estrategias para alcanzar la felicidad”.

  El que la gratitud nos ayude a sentirnos felices, no sólo proviene de la valoración positiva que hacemos de la otra persona que nos obsequia o, de la toma de conciencia de nuestro coherente comportamiento, también nosotros mismos nos enriquecemos de ese sentimiento de relación mutua que se produce por un instante entre las partes involucradas; en alguna medida al decir “GRACIAS”, estamos teniendo un gesto de humildad al tiempo que reconocemos lo que la otra persona ha hecho por nosotros, y eso es algo que quien nos ha obsequiado lo capta, aún cuando su obsequio haya sido totalmente altruista y no tenga ningún interés en ser reconocido. Todo este proceso íntimo y emocional que existe tras un gesto consciente de gratitud, nos saca de la deshumanización y de la individualidad, nos conecta con nuestro sentir interior y por lo tanto, nos sintoniza con nuestra verdadera naturaleza.

  Por eso propongo para estas festividades que celebramos cada fin de año, nos demos algún momento de tranquilidad con nosotros mismos deteniendo nuestra mente, cerrar los ojos y hacer un recorrido por nuestra historia vivida, dejando espacio a que emerjan todas aquellas personas que nos han aportado algo para nuestro desarrollo, para llegar a ser lo que somos. A continuación, elijamos una de estas personas y escribamos una carta de gratitud, no tiene porque ser larga, pero si escrita con consciencia y honestidad. Talvés si la escribimos a mano y la entregamos personalmente será aún más significativo, tanto para quien la recibe como para quien la entrega. De no ser así, hagámosla llegar por el medio que sea. Si la persona a la que queremos agradecer ya se ha ido de esta vida, la escribiremos de igual modo y la guardaremos como un pequeño tesoro. Será nuestro mejor antídoto en aquellos momentos que nos sintamos solos, tristes, agobiados o descentrados: bastará con leerla y releerla tranquilamente para que nos inunde otro tipo de energía, nos sintamos fortalecidos y podamos mirar lo que nos pasa con otros ojos.

  Por mi parte, quiero dar las gracias citando la canción de Violeta Parra:Gracias a la vida que me ha dado tanto…me ha dado el sonido con el que estoy hablando, con el las palabras que voy deletreando, madre, amigo, hermano y luz alumbrando…me ha dado la risa y me ha dado el llanto, con esto distingo dichas de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto…” GRACIAS a todos ustedes por estar ahí.


 

¿QUÉ SENTIDO TIENE SENTIR CULPA?

 

 la culpa  Tanto las emociones como los sentimientos nos ayudan a adaptarnos y a formar parte activa del entorno, y éstos nos gusten o no, cumplen una función importantísima, por eso no hay sentimientos buenos, ni tampoco malos. El sentimiento de culpa actúa como un mecanismo regulador de nuestras acciones, nos permite darnos cuenta de que hemos hecho daño, esto nos provoca inquietud, y la inquietud nos hace buscar la reparación del daño. El problema surge cuando se tiene un exceso de culpa y no podemos librarnos de ella, o cuando nos hacen sentir culpable chantajeándonos emocionalmente, sin ser realmente culpables de lo que pasa, y también -quizás lo más dañino- cuando se tiene disminuido, tergiversado o anulado el sentimiento de culpa, como ocurre con los psicópatas que suelen no sentir culpa por el daño que causan.

 

  Como todos los aspectos psicoemocionales, el mecanismo de la culpa lo aprendemos principalmente en los primeros años de vida; además del carácter genético -y no considerando las enfermedades psíquicas-, influye en gran medida en como vivimos la culpa, la forma como nuestros padres han actuado con nosotros: ya sea permitiéndonos vivenciar un sentimiento de culpa sano y consciente, o haciéndonos sentir culpables de forma injusta, manipulándonos emocionalmente, o bien llevándonos por el camino de la indolencia y la falta de responsabilidad. Generalmente, los mecanismos de culpa insanos que aprendemos en la infancia, continúan siendo reforzados a lo largo de la vida, a menos que nos hagamos conscientes de ello y decidamos cambiar la conducta aprendida; tanto el exceso como la falta de culpa pueden llevarnos a la inmovilidad, la negación, el desinterés, la indolencia, la agresividad o la adicción, perdiendo el rumbo de nuestra vida y el sentido de lo que queremos hacer.

 

  A modo de ejemplo, en un extremo tenemos a aquellos padres que hacen sentir culpable a un hijo porque no hace lo que ellos quieren, porque no estudia, porque tiene otro carácter, etc., replicándole en diferentes circunstancias: ¡nos has decepcionado ¡no has actuado como esperábamos! ¡eres un egoísta! ¡no vales nada! etc.; lo mas probable es que estos padres hayan tenido siempre esa actitud de chantaje emocional, exigiéndole lo que ellos quieren sin tener en cuenta las necesidades y capacidades reales del hijo; el comportamiento del hijo estará entonces condicionado por un mecanismo de defensa, para no sucumbir a la manipulación emocional de sus padres, y si el carácter del hijo es fuerte seguramente hará lo que él desea, pero en su interior no podrá evitar sentir culpa, una culpa que probablemente influirá en otras áreas de su vida.

 

  En el otro extremo vemos a los hijos que agreden a sus padres o a sus compañeros sin remordimiento alguno; lo mas probable es que entre los factores que llevan a sentir este tipo de indolencia ante el daño causado a los otros, está el de una infancia excesivamente consentida, sin normas y exclusivamente centrada en el niño, no dándole a entender que además de él, las otras personas que existen en el mundo también tienen derecho a ser respetadas y amadas; a estos niños generalmente tampoco se les enseña a ser conscientes de las consecuencias de sus actos, ni a responsabilizare de ellos.

 

  Esta enseñanza, como ya he dicho, se inicia en los primeros días de vida, no a los cinco, a los diez o a los quince años como algunos padres creen -esperando que sus hijos “tengan conocimiento para darle a entender las cosas”-, ya que el cerebro, configura la estructura emocional de las conductas y el comportamiento en los primeros dos a tres años vida, y como respuesta al propio comportamiento de los padres. En los años posteriores, tanto a través de la educación como de aquello que nos va aconteciendo, así como de la capacidad que tengamos de ser conscientes de lo que nos pasa, vamos simplemente agregando, reforzando, reprimiendo, corrigiendo y, en el mejor de los casos, sanándonos sobre esa estructura base.

 

  Como sabemos, hay innumerables hecho cotidianos que nos pueden generar un sentimiento de culpa: el gastar dinero en algo que realmente no necesitamos, el alimentarnos de una forma inadecuada, el hecho de sentir que traicionamos a un amigo, a nuestra pareja o a un compañero de trabajo, el no poner lo mejor de nuestra parte en el desempeño laboral, el creer que nosotros mismos somos causantes de aquello que nos toca vivir, como suele ocurrir con quienes están en el paro, no encuentran trabajo o con las personas maltratadas. Respecto a lo último, se sabe que la desvalorización, el chantaje emocional y la manipulación psicológica que aplican los maltratadores a sus víctimas a través del discurso verbal, es tan deformador que las propias víctimas comienzan a dudar de si mismas, culpabilizándose de lo que les ocurre, siendo esta una de las razones de porque el maltrato se oculta y no se denuncia.

 

   El mecanismo de la culpa se configura de tres componentes: uno, es el acto  o la actitud causante del daño -lo que puede ser real o imaginario-; lo segundo, es la percepción negativa del hecho y la autovaloración por parte de la persona, es decir, hasta que punto soy o no responsable de lo que ha ocurrido; y el tercero, es la emoción negativa que se siente al sentirnos responsables del hecho, y que nos llevará a querer subsanar de alguna manera el daño, ya sea disculpándonos o bien corrigiendo de alguna manera el error. Si esta emoción negativa no es compensada conscientemente y de manera adecuada, se producirá el remordimiento, y si no se buscan estrategias reparadoras que nos ayuden a transformar o sanar el remordimiento, éste puede acompañarnos toda la vida.

 

  Es muy importante tener claro que cuando el sentimiento de culpa emerge a partir de un hecho real, es sano sentirlo ya que refleja un estado de normalidad, conciencia y responsabilidad con lo que nos acontece y con lo que ocurre a nuestro alrededor. En estos casos es importante asumir la culpa con tranquilidad -todos cometemos errores-, y ver de que manera podemos enmendar el daño hecho, ya que ese será el mejor antídoto para nuestro dolor y para el dolor de los otros.

 

     

DEL SENTIMIENTO DE TRISTEZA AL SENTIMIENTO DE FELICIDAD

 imagen JUlioLa tristeza es una de las emociones básicas junto con la cólera, la alegría y el miedo. La perdida de un ser querido, el conocimiento de una enfermedad, la pérdida del trabajo, el sentirse incapaz de algo, etc., pueden desencadenar estados de tristeza a veces muy profundos, siendo esta una respuesta natural ante las situaciones dolorosas de la vida, y como tal, debemos expresarla permitiéndonos sentirla, pero eso sí, atentos al sentimiento y a lo que nos pasa, es decir, consciente de como reaccionamos ante el dolor y la manera como lo expresamos, de esa forma podremos controlar o conducir el sentimiento para no quedarnos estancados en él.

Algunas personas necesitarán estar solos para recomponer las grietas que les ha ocasionado el dolor, en cambio otras necesitarán el apoyo de quienes les rodean; la intensidad, como sintamos la tristeza y como la expresemos dependerá de la capacidad de la persona para superar las adversidades, entrando en juego muchos factores: genéticos, ambientales, de nuestra historia de vida, etc.;

 Se tiende a confundir algunos estados de tristeza con la depresión; sin embargo, se trata de dos realidades muy diferentes: mientras que la tristeza es una emoción necesaria, propia y natural en el ser humano, presentándose asociada a sentimientos como la rabia o la ansiedad, y soliendo mantener una evolución lógica, en la cual tras los necesarios reajustes existenciales y psicoemocionales -a veces de larga duración- la persona vuelve a su estado normal. La depresión, en cambio, es una enfermedad, o mejor dicho, un síntoma psicológico que surge como respuesta ante hechos traumáticos, carencias o desequilibrios, asociándose a sentimientos de desesperanza, baja autoestima y a una incapacidad para reaccionar antes sucesos placenteros, acompañándose, además, de una tendencia psíquica de carácter genético que propicia la respuesta inadecuada ante los hechos de la vida; por esta razón no todas las personas que han sido maltratadas en la infancia o que viven un hecho traumático caen en depresión.

 La tristeza es una respuesta especifica, una expresión necesaria del dolor que siente ante un hecho puntual y definido; la depresión en cambio, obedece a un desequilibrio más profundo que tiene que ver con los esquemas mentales, las creencias y las estrategias con las que la persona ha aprendido a adaptarse y a mirar la vida, siendo necesario un apoyo farmacológico y psico-terapéutico que le permita por una parte, relajar el estado en el que permanece y por otra, clarificar y transformar aquello esquemas enquistados, aprendiendo estrategias psicológicas que le ayuden a enfrentar con una actitud menos dañina la vida.

Lamentablemente la generalidad de las depresiones son tratadas sólo farmacológicamente sin un complemento terapéutico conductual, adecuado, que les ayude a modificar estos esquemas negativos, viéndose muchas veces obligadas a medicarse eternamente sin observar una mejoría real en el tiempo, pero además, estigmatizándose a si mismas y hacia su entornos como depresivos crónicos, con lo cual se encierran en un circulo sin salida, al reforzar el sentimiento auto-destructivo que subyace en toda depresión y que es, el reconocimiento, oculto, de una profunda rabia consigo misma, rabia que termina transformandose en su peor enemigo.

Se dice que la época actual es la civilización de la depresión, debido al numero de personas que sufren depresión o que padecen un cierto sentimiento depresivo. Según lo observado a través de mi trabajo, cuando emerge este sentimiento de tristeza no es por la perdida de una persona real ni de un objeto material sino la perdida de algo interno que se siente que se ha perdido o se ha destruido. La persona por una parte siente que necesita aquello que ha perdido pero por otra, lo oculta o se lo niega a si misma; talvés porque sabe que ha perdido algo pero no sabe exactamente “que” es, o porque no sabe como encajar el sentimiento, o porque sabe que el afrontarlo requiere un cambio y se resiste al cambio; sea como sea, de ahí emerge el sentimiento de culpa por no ser feliz y, simultáneamente el sentimiento de rabia o desprecio hacia si mismo. Cuando las personas -incluidos los adolescentes- culpan a los demás por su infelicidad, en el fondo lo que hacen es ocultar la propia rabia hacia ellos mismos.

El sentimiento de felicidad no es algo que podamos obtener de lo que nos rodea o de quienes nos rodean, es algo que se puede lograr y mantener únicamente con esfuerzo y trabajo personal; requiere movilizar energías y estrategias de conducta que debemos ejercitar a diario, incluso los optimistas y los que gozan del sentimiento de felicidad por naturaleza propia. Del mismo modo, como ejercitamos nuestro cuerpo para mantenerlo sano y sentirnos bien con él -haciendo ejercicio y esforzándonos en llevar una alimentación adecuada privándonos de otras cosas que nos gustan, y aún más si la genética no nos ha otorgado una salud recia o un cuerpo esbelto-, necesitamos también, trabajar para sentirnos felices esforzándonos en ejercitar la mente y el espíritu, revisando y transformando aquellos esquemas dañinos, o aquellas conductas viciadas en las que nos hemos acomodado, estar atento a la forma como dirigimos nuestros pensamiento, como sentimos y pensamos respecto a quienes nos rodean, de que forma usamos nuestro lenguaje, como y en que momento emitimos juicios, observar si nos detenemos en los detalles y en la belleza que la vida nos ofrece a cada momento, si hacemos un esfuerzo por reorganizar nuestra vida, o simplemente permanecemos enfrascados en pensamientos auto-destructivos, asumiendo el papel de víctimas de lo que nos pasa.

Si queremos luchar por la felicidad o aprender a ser optimistas, debemos librarnos de la inmovilidad y la pereza que nos impide descubrir lo que verdaderamente somos: lo que nos hace vibrar, las capacidades y los recursos que poseemos pero también a tener muy claros nuestros limites. Si estamos confusos o no sabemos por donde comenzar, pidamos ayuda; ya que en la vida escasamente nos enseñan a descubrir la propia naturaleza y lo que debemos hacer para sentirnos felices. ¡Que tengáis un muy buen verano!


 

NARRAR, SANAR Y CREAR: LA ESCRITURA TERAPÉUTICA 

 

Relato_Breve  En uno de mis artículos referente a la escritura creativa, hablaba -citando a Gianni Rodari– de como las palabras provocan una reacción en cadena conectando en la mente sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, afectando tanto a la experiencia y a la memoria como a la fantasía y al inconsciente. A partir del lenguaje nuestras neuronas trabajan relacionando y enlazando sensaciones e imágenes pero no desde la lógica lineal del lenguaje consciente sino con una estrategia propia, que nace de la memoria autobiográfica mas profunda del inconsciente, siendo esta dinámica la que abre el camino a lo creativo y a lo terapéutico.

 

  A diferencia de la escritura creativa, que busca potenciar la generación de nuevas asociaciones con el fin de desarrollar las habilidades narrativas, la escritura terapéutica tiene como finalidad transformarse en un medio de sanación para el que escribe, aquí lo importante no es la escritura en sí misma sino el proceso mental y experiencial que vive la persona a través de ella. Sin embargo, ambos caminos no son divergentes pudiendo darse que una persona, simultáneamente, trabaje de forma terapéutica las técnicas creativas; la clave está en dejarse llevar sin auto-censurar lo que pueda ir emergiendo en el texto.

 

  Nuestra creatividad sería muy limitada si creáramos sólo a partir del pensamiento consciente y del mismo modo las técnicas de psicoterapia o de superación personal no tienen sentido si sólo abarcan la parte consciente de la mente. En el caso de la escritura, esta nos conecta con el inconsciente aunque no nos damos cuenta de ello, ya que cuando una persona escribe lo que hace es traducir sus representaciones mentales, sus emociones, recuerdos, sentimientos e impresiones en un discurso escrito, es un acto de re-elaboración de todo ese bullir desorganizado que fluye en nuestro interior, concluyendo en un texto que puede ser coherente, o no, para sí misma y de igual modo, no siempre comprensible para los demás.

 

  Es evidente que terapia y creatividad van unidos ya que en ambos casos expresamos nuestro mundo interior, materializando y dando forma a una experiencia, o a un saber, que fluye -podríamos decir de forma abstracta- desde nuestra mente; del mismo modo, cuando traducimos una experiencia traumática al lenguaje escrito, lo que hacemos es reelaborar esa experiencia, ya que no solo sacamos fuera el dolor que guardamos dentro, también vamos configurando y reorganizando todo ese bullir incesante que secunda el recuerdo traumático; como expone Silvia Kohan: “la escritura es un lugar en el que puedes aposentarte, explayarte y confesarte, un mapa de emociones, de caminos a desandar y a descubrir. Es también un barco que te lleva: tu decides el rumbo. Escoge tu lugar, aclara un dilema, encuentra respuestas, transforma el miedo, diseña tus metas.” Y aunque nos parezca extraño, es el inconsciente el que en gran medida guía el rumbo del barco hacia el destino sanador.

 

  Como sabemos la apreciación de nosotros mismos, la creación de una identidad y la comprensión del entorno y la cultura en la que nos movemos, son valoraciones que obtenemos mediante un conocimiento activo en el que exploramos, expresamos y re-elaboramos aquello que va formando parte de la vida y de nuestro interior; esto va unido al sentido de bienestar, puesto que sentimos que tenemos una identidad porque somos participes de lo que nos sucede, decidiendo e interviniendo, sintiéndonos dinámicos y por lo tanto aumentando la valoración de nosotros mismos; ya que como decía Aristoteles la felicidad -o el sentimiento de bienestar- se da cuando hacemos un uso más completo de los recursos físicos y mentales que poseemos, y por lo tanto la felicidad es más un proceso que un resultado.

 

  La escritura terapéutica nos ayuda a clarificar y a fortalecer esta dinámica re-creadora de aquello que estamos viviendo, ya que conlleva libertad, memoria, metáfora, síntesis, sueños, esperanza, estructura, juego, pero sobre todo nos lleva a una conexión más profunda con aquello que queremos sanar y por lo tanto, nos hace sentir participes de la sanación que buscamos. Por otra parte, el hecho de escribir mas lento de lo que pensamos obliga a detener el tiempo de la mente al ritmo temporal de la escritura, y también la mente se ve obligada centrarse en organizar un discurso con aquella información que queremos traspasar al papel.

 

  Al parecer lo terapéutico de la técnica narrativa está relacionado con esto, ya que el trauma o el problema suele experimentarse como “algo” que inquieta la mente provocando congoja o dolor, “algo” que nos cuesta esclarecer en todos sus aspectos, “algo” que se acompaña de un bullir de imágenes, sentimientos y recuerdos, muchas veces inconexos, y que nos descentran. Cuando escribimos trasladamos todos estos componentes emocionales al papel, organizados en una narrativa, permitiéndonos observarlo desde una cierta distancia puesto que ya no está sólo en nuestra mente, lo que nos da una mejor comprensión del problema, tal como expone El psicólogos James Pennebaker -pionero en investigar de forma sistemática la actividad terapéutica de la escritura-  “basta con relatar un hecho traumático para que su poder destructivo ceda. Escribir cambia la forma de pensar, exige detenernos sobre la experiencia y revaluar las circunstancias”.

 

 Son variadas las técnicas a las que podemos recurrir dependiendo de la problemática que queramos resolver o sanar, entre las cuales encontramos el registro de pensamientos automáticos, el diario de autoexploración, la escritura sistemática en torno a un problema, la escritura libre, la elaboración de cartas, el desarrollo de cuentos sobre un trauma reescrito con diferentes desenlaces -tristes o felices-, la escritura automática, los versos metafóricos, etc., pudiendo trabajarse tanto de forma individual como grupal. Por ejemplo, puede ser muy beneficioso llevar un diario de vida donde podamos registrar aquello que más nos llama la atención de lo acontecido durante el día, teniendo cuidado de registrar no sólo el hecho sino también los sentimientos que han aflorado; dedicando sólo 15 minutos diarios, si somos constantes y sinceros, registrando sin miedo todo aquello que nos surja, se puede llegar a un conocimiento mas profundo y veraz de los pensamientos y actitudes que gobiernan la propia conducta. Os animo a realizar este ejercicio durante una semana, descubrirán como aflora la claridad y comienzan a desbloquearse algunas ataduras en vuestro interior.

 


A DECIDIR TAMBIEN SE APRENDE.  ENTRE EL “DEBER” Y EL “QUERER”

  ¿Tiene que ver la inteligencia con la capacidad de decidir? Para responder a esto debemos discernir que es la inteligencia, comprender que poseemos diferentes tipos de inteligencia, y que además, tenemos un  complejo mecanismo psicoemocional que nos lleva a ponerla o no en práctica. Generalizando, podemos definir la inteligencia como una aptitud que nos permite utilizar y procesar tanto la información interna como la que nos llega externamente, para dar respuesta a las demandas de la existencia, solucionar los problemas que se nos presentan, además de crear y elaborar aquello que necesitamos para hacer la vida más plena. 

   El psicólogo Howard Gardner postula siete tipos de inteligencias diferentes: la inteligencia intrapersonal, la corporal, la lingüística, espacial, musical, la cognitiva y la interpersonal. Es decir, al parecer estamos dotados de una inteligencia múltiple que nos permite Ser y actuar en el mundo conjugando todos los aspectos de nuestra humanidad.

  El filósofo y catedrático español, José Antonio Marina, en su libro Aprender a vivir, diferencia dos niveles operantes en el despliegue de la inteligencia: en un primer nivel se encuentra la inteligencia generadora, que es la que asimila, busca, almacena y procesa la información; produciendo deseos, sentimientos, ideas, expectativas, etc.; el otro nivel se corresponde con la inteligencia ejecutiva, que viene a ser la que dirige la puesta en marcha, la que negocia con nuestros impulsos y emociones, para hacernos entrar en acción y concretizar lo que la inteligencia generadora propone. Lo que diferencia a las personas que sobresalen en algún aspecto de su vida es la capacidad de poner en práctica la inteligencia que tienen; ya que el ser conscientes de que la poseemos no asegura que la traduzcamos en hechos concretos y por ello, José Antonio Marina reconoce la capacidad de tomar decisiones como uno de los componente de la inteligencia ejecutiva.

  La Inteligencia ejecutiva está regulada por nuestra historia vital, por los mensajes recibidos y las creencias internalizadas en nuestra psiquis desde la infancia; creencias y hábitos  que van moldeando el sentimiento de autoconcepto y que orientan las pautas con las que nos regiremos en nuestra vida de adultos. Si nuestro carácter genéticamente es fuerte, en alguna medida se sobrepondrá a los mensajes negativos provenientes de los padres o del entorno como pueden ser la agresividad, el pesimismo o la indolencia, permitiéndonos tener un pensamiento autónomo y ser críticos con aquello que nos llega desde fuera; sin embargo, si nuestra genética en términos de carácter es débil, probablemente internalicemos estos hábitos y creencias poco apropiados, condicionando nuestro pensamiento y pudiendo llevarnos incluso a comportamientos destructivos.

  Por esta razón no todos respondemos de igual modo, cuando por ejemplo la vida nos obliga a cambiar de rumbo: para algunas personas el despido en el trabajo supondrá un bloqueo, cayendo en depresión por miedo a la incertidumbre económica o por el sentimiento de incapacidad; en cambio, otras lo percibirán como un estimulo, un reto por superar o una oportunidad para vivir una experiencia diferente.

   Continuando con la misma idea pero desde otra perspectiva, nos enteramos algunos meses atrás de la muerte por sobredosis del conocido actor Philip Seymour Hoffman; como en muchos otros casos cabe preguntarse ¿Por qué este artista fue incapaz de cortar con ese espiral que le condujo a la muerte? ¿Qué mecanismo emocional lo llevó a recaer en la droga, después de haber estado 23 años sin ella? ¿Por qué no tuvo voluntad cuando más la necesitaba?

     En el camino que realiza nuestra psiquis desde que surge el deseo hasta el momento en que decidimos la acción -optemos por inhibir o complacer el deseo y siendo conscientes del beneficio o el daño que nos puede traer-, entran en juego factores como el autoconcepto y la autoestima así como los patrones de pensamientos, creencias y hábitos que hemos ido adquiriendo desde el nacimiento, configurando un íntimo engranaje, neurológico y psicoemocional, que confluye -como expone José Antonio Marina- en un mecanismo de autorregulación emocional. A mayor autorregulación emocional, mayor capacidad de dirigir la conducta de acuerdo con las necesidades reales y con los propios recursos.

  Para potenciar la autorregulación emocional es necesario fomentar el pensamiento crítico y el sentido del deber; un deber que debe ser enunciado por la propia inteligencia y el sentir ético de cada persona; de esta manera, obedecemos a algo que nosotros mismos nos hemos propuesto para nuestro bien, y no a una norma o un consejo que viene desde fuera. De este modo, nos permitimos gobernar aquellos impulsos que van en contra de la meta auto-propuesta: como cuando se decide dejar de fumar y se controla el impulso por propia convicción en búsqueda de un mayor grado de bienestar y, no porque los demás nos repitan que fumamos demasiado o porque la publicidad diga que provoca cáncer.

  Es más fácil autorregularse emocionalmente cuando hemos internalizado los engranajes de dicho mecanismo en la infancia, pero es necesario tener claro que con conciencia y voluntad podemos también lograrlo de adultos; para ello es necesario aprender a desarrollar el pensamiento crítico para regular impulsos y emociones, necesitamos profundizar en la reflexión para saber deliberar y decidir entre las posibles opciones que pueden surgir. Otra cosa fundamental de la que nos habla José Antonio Marina, es el ejercicio de la autodisciplina, ya que ella nos refuerza el habito y la voluntad que necesitamos para ejecutar la acción, concretizando así lo que nos hemos propuesto.

  En síntesis, este proceso conlleva el aprender a decidir entre lo que “se debe hacer” o lo que “se quiere hacer”; a partir de ahí encontraremos la clave que nos guiará, no sólo a ser conscientes de que poseemos una inteligencia, también -y lo más importante-, aprenderemos a conducir nuestra vida de forma inteligente. Recordemos que ser libres no significa hacer lo que uno quiera, ser libre significa liberarse de ataduras: lo que se traduce en elegir y actuar en conciencia según las necesidades reales, en coherencia con los propios recursos y, con el máximo de responsabilidad ante uno mismo y ante los demás.


 

CUERPO, MENTE Y CORAZÓN: POR UNA SEXUALIDAD PLENA

 

 sexualidad Cuando hablamos de identidad sexual, debemos diferenciar entre la identidad sexual biológica y la identidad sexual de género. Nuestra identidad sexual biológica está definida por la configuración cromosómica, de manera que en un sexo biológico femenino encontraremos los cromosomas XX y en uno masculino los cromosomas XY. A partir de esta configuración genética, desde la fase intrauterina se irá desarrollando la forma y el funcionamiento del cuerpo, el que irá adquiriendo las características físicas y funcionales de un hombre o de una mujer según corresponda. 

 

  En cambio, la identidad sexual según genero, se refiere al conjunto de valores, comportamientos y creencias que vamos adquiriendo respecto a nuestra identidad sexual desde que nacemos hasta adultos,  la que vamos internalizando como nuestra a lo largo de la vida, desarrollando una identificación psíquica con ciertos rasgos atribuibles a lo femenino o a lo masculino; por eso se dice que la identidad sexual según genero, es un constructo social, porque lo aprendemos a partir de lo que el entono nos entrega.

 

   Sabemos que nuestra cultura construye estereotipos con los que tendemos a identificarnos y la identidad sexual no está ajena a ellos. Podríamos definir los estereotipos como ciertas creencias que pertenecen al imaginario colectivo y se nos presentan como una realidad objetiva e incuestionable, simplemente porque vienen de nuestro medio sociocultural y porque los hemos aprendido desde que nacemos. De esta manera, por ejemplo en nuestra cultura se tiende a identificar lo femenino con la ternura, la fragilidad y la actitud de servicio y lo masculino con las ansias de poder, la fuerza y la competitividad; cuando en realidad podemos encontrar mujeres poderosas y competitivas que no dejan por eso de ser mujeres, u hombres tiernos y frágiles que son tan hombres como cualquier otro.

 

    Es decir, a lo largo de la vida vamos desarrollando nuestra sexualidad biológica de manera simultánea a nuestra sexualidad psíquica y, la interrelación de estás dos dimensiones con el entorno sociocultural es lo que finalmente configurará la identidad del “yo sexuado” como individuos en el mundo, y del que nos hacemos conscientes a medida que maduramos. Cuando estás dimensiones no coinciden se tiende a hablar de una disfunción de la identidad  -o de la conducta- sexual, ya que desde nuestra psiquis nos aflora algo diferente a lo que nuestro cuerpo nos dice. Sin embargo, debemos ser cuidadosos y no generalizar ya que son muchos los elementos que entran en juego y el proceso es bastante más complejo de lo que parece; me atrevo a decir que no siempre la disparidad entre el cuerpo y la psiquis, como ocurre con algunos casos de homosexualidad, caen en el rango de la disfunción o la patología propiamente tal.

 

  Se sabe que la sexualidad como componente de nuestra estructura psíquica, es desarrollada primordialmente en los primeros años de vida a partir del nacimiento, y lo hace básicamente a través de dos vías:

 

1.- Favoreciendo el desarrollo y funcionamiento normal de las zonas erógenas a nivel corporal, otorgándose así el medio para que el bebé, el niño o la niña, puedan sentir sus necesidades y a partir de ahí el placer de ser satisfechas.

 

2.- Favoreciendo su maduración psicológica, de acuerdo a la forma como van siendo satisfechas dichas necesidades: en primer lugar “quienes” satisfacen sus necesidades -generalmente la madre, el padre o cuidadores-, y lo más importante “como” se satisfacen dichas necesidades.

 

   Se pueden generar desviaciones en la representación mental de la función sexual y por lo tanto en  la conducta durante este periodo, cuando la sexualidad es estimulada de forma equivocada, es castigada, o se tergiversan y reprimen aquellas conductas que afloran en el niño a temprana edad y de manera normal. Muchas alteraciones sexuales del adulto, tanto en hombre como en mujeres, tienen su origen en esta etapa, ya que el cerebro del niño fija inconscientemente patrones de conducta que permanecerán durante toda la vida; y como sabemos tanto la vivencia de la sexualidad como la expresión del amor se aprenden a través de los mensajes que se reciben de las personas significativas que tenemos en nuestro entorno.

 

   Es alrededor de los tres años cuando el niño -ya sea hombre o mujer- se asume como ser único separado de su padre y de su madre, aunque aún de manera inconsciente, internalizando complementariamente lo que significa el rol masculino (llamado Arquetipo patriarcal) y el rol femenino (llamado Arquetipo materna)l, con uno de los cuales tenderá a identificarse en mayor o menor grado, según el trato recibido a través de los mensajes gestuales, anímicos y verbales que han proyectado quienes han cuidado de él.

 

  Algunas de las alteraciones de la conducta sexual, bastante comunes como por ejemplo: la hiposexualidad, la represión de la propia actividad sexual o, la búsqueda impulsiva de la satisfacción sexual, tanto en hombres como en mujeres, pueden originarse en una alteración de la representación mental de la propia función sexual, proveniente de patrones erróneos adquiridos en los primeros años de vida. En algunos casos si el daño se ha mantenido en el tiempo y de forma reiterada, pueden ocurrir alteraciones no sólo de la conducta sexual sino también de la identidad sexual, llegando incluso a un daño de tipo psicótico.

 

   Siendo muy difícil de verbalizar este tipo de problemáticas se ha visto que el trabajo con materiales plásticos juega un papel importantísimo tanto en niños, adolescentes como adultos a la hora de recomponer la ruptura que se evidencia entre cuerpo y mente, sensaciones y emociones vinculados a las alteraciones de la sexualidad. Un trabajo creativo de carácter arteterapeutico puede ayudar a conectar con el trauma que permanece en el inconsciente, pudiendo sacar el dolor y a partir de ahí  elaborar una vía de integración y reelaboración del daño provocado.

 

  Decidamos o no vivir en pareja, el definirnos sexuadamente de acuerdo con nuestra identidad y con lo que sentimos es algo fundamental para sentirnos plenos como personas al momento de enfrentar los vaivenes de la vida. Si se tiene alguna duda respecto a la propia sexualidad os animo a consultar y pedir ayuda, no olvidemos que todos tenemos el derecho y el deber de buscar la realización y la felicidad como seres humanos.

 

    

Hacer visible lo invisible. Las imágenes y el inconsciente

imagen Para comunicarnos necesitamos expresar, y expresamos para trasladar al exterior lo que sentimos interiormente,  ya que del mismo modo que cuando estamos muy contentos, anhelamos contárselo a alguien; cuando nuestra alma está dolorida necesita expresarlo, si no lo hacemos y nos reprimimos durante un largo periodo por miedo o por vergüenza, lo más probable es que en algún momento sintamos menoscabada la salud de nuestro organismo.

Expresamos de muchas maneras y en todo momento aunque no siempre nos percatamos de ello; la forma de expresión más reconocida es la verbal pero aún así, cuando usamos las palabras nunca logramos expresarnos del todo, siempre queda algo dentro de nosotros que no podemos -o no deseamos- comunicar, ya que la expresión verbal está regulada en gran medida desde “el raciocinio”, por nuestro ego y por nuestro “ser consciente”.

  Sin embargo, cuando nos expresarnos creativamente mediante una imagen, un movimiento, un gesto o un color, establecemos -a nivel cerebral- conexiones simbólicas más profundas y mas básicas que cuando lo hacemos con el lenguaje. Por eso, lo más relevante de las imágenes desde el punto de vista de sanación, es la facultad que tienen para revelar el contenido de nuestro inconsciente, ya que los sentimientos y procesos más profundos logran su expresión a través de las imágenes y no de las palabras; por eso se dice que “las imágenes son el lenguaje del alma”.

 La creación artística como medio expresivo de sanación, actúa como puente entre el mundo interno y el mundo externo, entre lo mental y lo formal, entre lo subjetivo y lo objetivo, ayudándonos a descubrir la simbología que usamos día a día para construir nuestras realidad. Las imágenes que vamos creando nos hacen comprender que podemos extraer otras posibilidades desde la duda, el dolor y el malestar; aflojando y transformando las ligaduras  emocionales que fijamos en nuestro interior y que muchas veces sin darnos cuentas nos impiden ver la vida con claridad.

 La imagen tiene la peculiaridad de que puede representar, simbolizar o metaforizar, de esta manera nos entrega una infinidad de contenidos “entre lineas” y en esto justamente radica su poder expresivo y sanador, ya que a través de ella podemos expresar lo que no nos atrevemos o no podemos decir con palabras. Nuestro inconsciente hace uso de esta facultad de las imágenes y por eso el contenido de nuestros sueños no son otra cosa que la expresión simbólica del inconsciente; y también por esto el arte, sobre todo cuando es guiado hacia un proceso de conocimiento o sanación, se convierte en un fiel aliado para llegar a los contenidos simbólicos del inconsciente.

 Las imágenes se transforman entonces, en contenedores de emociones, sentimientos y personajes, en medios de exploración, expresión y representación, pero también en vehículos significativos de resolución y transformación. Debemos recordar que las emociones son nuestra forma de comunicación más primaria y cuando las expresamos de manera coherente, nos ayudan a entender y a comunicar mucho mejor que con sólo palabras; el poder contactar con nuestras emociones a través de las imágenes nos abre un camino hacia el autoconocimiento y hacia el cambio, ya que el aprendizaje y el desarrollo son procesos personales y emocionales, cargados en gran parte también de expectativas inconscientes.

 Cómo sabemos el ser humano se relaciona con este mundo a través de  todos sus sentidos y es capaz de transformarlo mediante la imaginación y la acción, pero edificamos nuestra realidad -aunque nos cueste aceptarlo- a través de una imaginería sustentada en una gran parte del inconsciente y en una diminuta parte del ser consciente. Tanto la imaginación como el hacer son componentes claves implícitos en todo acto creativo, en ellos se fundamente el conocimiento y el desarrollo, son estos componentes los que nos conducen finalmente a dar un sentido y un significado a lo que nos sucede.

Crear es como jugar: se imagina, se explora, se simboliza, se relaciona, se establecen nuevas combinaciones y se hace dialogar a los elementos que entran en juego. La creatividad al igual que el juego necesita que nos contactemos con nosotros mismos y con lo que sentimos para poder transformarse en un vehículo canalizador del conocimiento y del mundo emocional. La creatividad como el juego, es natural e innata, ambas acciones se desplazan en un horizonte que va de lo subjetivo mental a lo objetivo formal, creando un espacio intermedio, potencial, significativo, de sentido y de escucha, básicamente esencial, que va más allá del análisis y de la interpretación.

De manera que la expresión artística lleva implícita un proceso de “internalización humana” transformándola no sólo en un medio de comunicación sino también de conocimiento y lo hace por una parte, a través de todos los mecanismos que se conjugan en el proceso creativo en sí, pero también a través de su resultado concreto, es decir, aquello que se ha creado, sea un objeto, una imagen plástica, una fotografía, un texto, un movimiento o un sonido. Estas creaciones materializadas se transforman en objetos que perduran en el tiempo, manteniendo su significado, su trasfondo sensible y emocional, comunicativo y reflexivo, transformandose por lo tanto en objetos dialogantes que nos ayudarán a reforzar el proceso sanador a través del tiempo.

 También se dice que la expresión artística “hace visible lo invisible”, ya que de alguna manera pone de manifiesto a través de una forma concreta y a la ves sensible lo que antes estaba escondido, pero también ,se realice o no con un fin sanador, ayuda a que la persona tome contacto con la dimensión creativa en si misma, beneficiandose del placer estético implícito en ella; esto permite que la persona se concentre en algo concreto, vivenciando el hacer creativo como una experiencia vital, y por eso tiene la particularidad de ponernos en contacto con nuestros niveles más profundos, abstrayéndonos de la realidad que nos rodea y de los pensamientos que bullen en nuestra mente.

 Podemos decir que la creación artística permite devolverle al cuerpo el derecho a emocionarse y a sentir el mundo, la facultad de llegar a ser sujeto de la pasión, ayudándonos a reencontrar los sentidos de nuestro caminar, ya que cuando se pierde la experiencia creadora desaparece el sentimiento de una vida real y significativa. Os invito a reencontrar vuestra verdadera naturaleza, dibujad vuestros sueños, transformad en formas y colores vuestros sentimientos, no olviden que “una imagen dice mas que mil palabras”.


 

 Inteligencia Emocional: explora, transforma, proyecta y experimenta

 

 IFebreroEn los años 90 dos psicólogos norteamericanos, Peter Salovey y John Mayer dieron nombre a una   facultad primordial del comportamiento humano que tiene que ver con la forma como nos adaptamos a las contingencias de la vida, denominándola “inteligencia emocional” . Hay dos pilares básicos en los que se fundamenta la inteligencia emocional: tomar contacto con lo que sentimos en cada momento y ponernos en el lugar del otro, para intentar comprender también lo que el otro siente. Sin embargo, esto por si sólo no es suficiente; para desarrollar la inteligencia emocional necesitamos aprender a gestionar la información. Es decir, debemos visualizar con una nueva mirada ese conglomerado de pensamientos, imágenes, emociones y sentimientos que fluyen de forma incesante en nuestra mente, hasta transformarlo en una herramienta que nos  ayude a canalizar el pensamientos y las acciones, de manera adecuada y según nuestros propósitos.

 

  Solamente cuando somos capaces de encausar los sentimientos, los pensamientos y las acciones de forma productiva, por voluntad propia y de acuerdo a nuestra realidad, en nosotros mismos a la vez que con el entorno, podemos decir que poseemos una adecuada inteligencia emocional. Como sabemos, el que una persona posea esta capacidad no significa que tenga un coeficiente intelectual alto, aún que puedan haber rarísimos casos en los que de forma innata se den ambas cosas. Lo más común es encontrar personas muy inteligentes intelectualmente pero incapaces de experimentar el bienestar en su vida, debido a las ataduras autoimpuestas provenientes de las propias inseguridades y/o de aquellos aspectos emocionales no resueltos. También hay personas que proyectan su vida de forma parcelada, utilizando o desarrollando sus recursos sólo en una faceta de su existencia, sobresaliendo en una área pero débiles o infelices en los demás aspectos; de ahí que se hable de inteligencia social, física, verbal, espiritual, etc. Otros en cambio, sin tener una inteligencia brillante logran proyectar y concretizar sus anhelos, encausar los cambios necesarios, innovar y desarrollar una vida personal, familiar y social de forma productiva a la vez que armónica. 

 

    Para comprender estos mecanismos que secundan nuestra despliegue en la vida, lo primero que debemos tener presente es que generalmente tan sólo el 10% de la información que circula por nuestra psiquis se relaciona con la experiencia presente -es el porcentaje de la actividad mental que denominamos consciente-; el 90% restante viene de nuestro pasado, aflorando desde el inconsciente: experiencias que van quedando registrada en la psiquis y que posteriormente emergen, transformadas en emociones, imágenes o pensamientos que condicionan nuestra forma de reaccionar y actuar. Por esto, a veces no comprendemos porque respondemos de una u otra forma ante una determinada situación, o porque tomamos una decisión y no otra.

 

    En el artículo anterior explicaba de manera similar el mecanismo de la intuición, y es porque la intuición forma parte de la inteligencia emocional, necesaria para el desarrollo de nuestra vida y su proyección hacia el futuro. Por lo tanto, debemos tomar contacto con nuestras emociones ya que son una fuente de información importantísima, útil para nosotros mismos y para conducirnos en la vida. En su libro “El directivo emocionalmente inteligente” David R. Caruso y Peter Salovey exponen seis afirmaciones que deberíamos tener presente:

 

 1.- La emoción es información.

 

2.- Podemos intentar ignorar la emoción, pero no podemos ignorar como actúa en nosotros o en los demás.

 

3.- Ignorar la emoción, no es tan bueno como se piensa comúnmente.

 

4.- Las decisiones deben incorporar las emociones para que sean efectivas.

 

5.- Las emociones siguen patrones lógicos, aunque no lo parezca.

 

6.- Existen emociones universales, pero actúan de un modo específico en cada persona y según las circunstancias.

 

    En otras palabras, a través de las emociones descubriremos un camino para explorar de forma honesta, tanto nuestros recursos como las debilidades que poseemos y, al mismo tiempo encontraremos las fortalezas necesarias para redibujar y proyectar nuestra vida. Sin embargo, la mayoría de nosotros tendemos a procesar la información de la misma manera como nos la han entregado y ni siquiera intentamos averiguar si hay otras alternativas. Etiquetamos y organizamos todo con los patrones aprendidos: lo que sentimos, el pensamiento, lo que vemos e incluso las emociones.

 

   Si logramos desestructurar esos patrones, intentando visualizar la vida, los miedos, el dolor, la enfermedad, las alegrías, la familia o los proyectos que tenemos desde otra perspectiva, desplegaremos una mirada distinta a la habitual, relacionaremos de otra forma los sucesos vividos, permitiendo que afloren nuevos canales de conocimiento y percepción; conseguiremos así romper con ese viciado código con el que nuestra mente acostumbra a funcionar.

 

    Por eso también la creatividad es un componente de la inteligencia emocional, ya que nos permite explorar las cosas y los hechos desde una perspectiva diferente a la que estamos habituados, nos permite ir más allá de esa forma de pensamiento alienado, a la que la rutina del día a día y la sociedad en la que vivimos nos conducen. Según la experiencia que he tenido al impartir mis talleres, he corroborado como las personas que se han comprometido seriamente con el proceso experimentado en el taller, además de impresionarse a si mismas por los logros estéticos o plásticos realizados, consiguen una proyección más honesta y más libre de su vida; de este modo, reforzados en su valía personal comienzan a visualizar cada día como un reto creativo, seguros de que poseen todos los recursos  para enfrentarlo.

 

    Pensar que “nada puedo cambiar” o “que mi vida es así y no hay más” no es la mejor forma de luchar por una existencia más plena. Talvés no podamos cambiar algunas cosas o personas de nuestro alrededor -aunque les puedo asegurar que podemos mucho más de lo que creemos-, pero sin duda lo que sí podemos cambiar es el prisma con el que vemos las cosas. Además, al transformar la mirada nos liberamos y dejamos salir el amor y la sabiduría interior que poseemos. Es un buen comienzo ya que en este prisma se sustenta el sentimiento de la felicidad; a partir de ahí dependerá de nosotros hacia donde queramos llevar nuestro personal  proceso de transformación. ¡Os invito a dejar de lado la comodidad y los temores, buscad formas de transformar la mirada y cogeréis las riendas de vuestra vida!

 


 Intuición 

Todos hemos experimentados alguna vez la intuición, ya sea como una corazonada, una sensación imprevista, una idea esclarecedora, una visión de algo que sin saber como repentinamente ha aflorado en nuestra mente; y nos hallamos guiado o no por ella, si hemos sido conscientes de la situación vivida a la que apuntaba, el tiempo o los hechos nos habrán confirmado lo certero que había en dicha intuición.

   Podríamos decir que la intuición es, como el destello instantáneo de una idea que nos otorga la comprensión o el conocimiento de algo, de forma súbita, sin mediación del razonamiento ni del análisis consciente y que incluso puede parecernos absurdo. Aún así, la intuición no es un suceso extraordinario, azaroso o casual como suele creerse, más bien se puede definir como un conocimiento que emerge por el hemisferio derecho y desde nuestro subconsciente, mediante un silencioso trabajo re-interpretativo que hace la psiquis, a partir de toda aquella información que vamos guardando en el inconsciente, y por lo tanto, la intuición se nutre de las experiencias vividas y de nuestra historia, conjugando pasado y presente, para sugerirnos un sentido anticipador del futuro.

Es importante tener claro que la intuición, se crea y actúa a través de una estrategia completamente diferente a como se desarrolla el conocimiento consciente e intelectual, lineal y lógico con el que hasta ahora hemos aprendido a organizar nuestra vida. La intuición -como ya he dicho- se alimenta de todo aquello que vamos internalizando de forma “experiencial” y de forma inconsciente, no se vale del intelecto ni del mundo emocional, por el contrario, el uso consciente del intelecto y de las emociones entorpecen, lo que podríamos llamar “el camino operativo de la intuición”. Por esta razón, el juego y la creatividad refuerzan nuestra intuición, ya que son actividades que logran alejarnos del yo racional dándonos las posibilidad de traspasar la barrera hacia el subconsciente.

Podemos decir entonces, que la intuición es una facultad que surge de la sabiduría interior que subyace en nuestro inconsciente y en nuestros genes, y que al igual que la creatividad podemos entrenarla y desarrollarla. Todos sabemos que a partir de la revolución industrial del siglo XVIII, se dio prioridad al conocimiento lineal “causa-efecto” y a la lógica analítica de carácter racional, propia del discernimiento científico, menospreciando el mundo espiritual, emocional e intuitivo; de hecho en los años 60 la psicología contaba con apenas dos estudios serios a cerca de la intuición. Sin embargo, actualmente se reconoce que ciencia y tecnología no habrían evolucionado como lo han hecho, de no ser por la intuición: según los científicos, la mayoría de las ideas que han secundado importantes descubrimientos han aflorado intuitivamente y no precisamente en el lugar del trabajo.

De manera que, razón e intuición -consciente e inconsciente- son complementarios y no opuestos; y del mismo modo que la ciencia ha descubierto que alma, espíritu y cuerpo físico son dimensiones que no se contraponen, aceptando su necesaria interacción y complementariedad para nuestro pleno desarrollo como seres humanos, hoy también se reconoce la necesaria interacción de lo intuitivo y lo reflexivo, como un conglomerado fundamental para una mejor organización proyectiva  de nuestra vida, y de lo que nos rodea; de hecho es uno de los aspectos que mas se trabaja en el coaching empresarial.

 Pese a todo, la generalidad de los programas educativos aún dan prioridad a la metodología científica y racional, la memorización y la entrega de contenidos externos, en lugar de reforzar el aspecto lúdico y experiencial del conocimiento. Afortunadamente la intuición y la creatividad se pueden potenciar en cualquier etapa de la vida, sólo hay que ponerse en ello y ser perseverante. ¡Desarrolla tu intuición, te aseguro que descubrirás tu sabiduría más profunda! Nunca es tarde para comenzar ¿Que te parece como uno de los propósito para este 2013?


El ZEN Y LA PINTURA MEDITATIVA. CLARIDAD Y SOSIEGO PARA NUESTRA VIDA

 Según el zen, y los actuales estudios en neurobiología, el verdadero conocimiento no llega por medio de la lógica y del raciocinio sino a través de la intuición. Como sabemos el zen se basa en el conocimiento de uno mismo a través de la meditación y algunos ejercicios espirituales, con el objeto de llegar a una experiencia de vida centrada en el presente y en la propia naturaleza, más allá de los prejuicios y los estereotipos. Busca transformar la mirada existencial para ser visionarios de la propia existencia y de ese modo afrontar las situaciones vividas desde lo más intimo y esencial del “ser”, siendo prioritario para llegar a ello la integración de lo físico, lo psíquico y lo espiritual.

 

 Por lo tanto, cuando se relaciona el arte con la experiencia zen se produce un arte intuitivo, creado con el alma, en el que la creatividad fluye desde lo más íntimo de nosotros, y por esto al trabajar con pintura vamos descubriendo en cada pincelada significados de nuestro yo más profundo. Sin embargo, a pesar de ser una técnica en la que prima sobre todo la experiencia meditativa, es también fundamental aprender a dialogar con esos indicios que emergen en lo que vamos creando, ya que permiten reforzar aquellos recursos que poseemos, ocultos y silenciados bajo un sinfín de barreras erigidas por el ego desde el intelecto y la razón. También nos permite construir, pintura a pintura nuestra propia estética de expresión nacida desde la sensibilidad, sin la obligación de someternos a  estructuradas metodologías o dogmáticas técnicas; siendo necesario eso sí -como en todo proceso de búsqueda- centrarnos de forma consciente y responsable en la exploración intuitiva, que iremos desarrollando a través de los paisajes internos e imaginativos que despliega la mente desde el inconsciente, dejando aflorar colores, formas y vibraciones de nuestra naturaleza más pura, desarrollando así un espacio creativo, personal y a la vez contemplativo.

 

 La pintura meditativa nos aquieta, da claridad a la existencia y captura el pulso secreto de la vida, dejando fluir en sencillas formas la continua transformación de la propia naturaleza vital. No se trata de copiar o pintar un bodegón, un objeto o un árbol, sino más bien de descubrir la propia esencialidad mediante la representación de ideas, pensamientos o emociones. Por esta razón, los budistas que desarrollan la pintura zen son monjes y no artistas profesionales; monjes que intentan traspasar la frontera de la percepción ordinaria del mundo en busca de la iluminación, a través de la experiencia pictórica.

 

 Si trasladamos ese sentido de iluminación a nuestra vida contemporánea u occidental, el estado de iluminación se traduciría en ese sentimiento de sosiego y claridad que surge cuando encontramos solución a un problema que parecía no tenerla; es como si por un instante todas las cosas se pusieran en su sitio y la mirada se transformara en una mirada visionaria, proveniente de la simplicidad y el sosiego. De manera resumida podríamos decir que iluminación es sinónimo de claridad; claridad de lo que acontece tanto dentro de nosotros como en el entorno.

 

 Sin embargo, no todas las personas se introducen fácilmente en este modo receptivo e intuitivo de capturar y comprender el mundo; no todos percibimos las cosas de igual forma y algunos prefieren proyectar su vida de manera más cerebral o de forma más activa, disociando totalmente las emociones de la razón, confrontando en opuestos cabeza y corazón. La forma como experimentamos la vida depende de muchos factores como son: la memoria colectiva asentada en los genes, el carácter heredado, los valores que nos han inculcado, el entorno en el que hemos vivido, los hechos y las circunstancias que han impactado en nuestras psiquis, etc. Sea como sea lo que hayamos vivido hasta ahora lo importante es evitar asumir una actitud rígida, saber que podemos reinventarnos y no sólo en el sentir, también en el actuar. Tenemos derecho a intervenir en ese gran proceso creativo que es nuestra vida, ya que no es algo que está fuera de nosotros; la existencia fluye “por” y “desde” nosotros, y podemos influir en ella tanto de forma consciente a través de nuestras decisiones, como de forma inconsciente mediante esos hábitos adquiridos de generación en generación. La paz y la sabiduría emergen cuando logramos comprender el trasfondo de las cosas que nos suceden, cuando llegamos a entender el significado subyacente en el flujo de energía y en la actividad que movilizamos, con las personas y las cosas con las que interactuamos cotidianamente.

 

 Por eso es tan importante darse tiempo para sentir aquello que subyace en lo que movilizamos -y fijaos que digo “sentir” y no “pensar en”-; sentir como los acontecimientos de la vida están conectados entre sí, visualizar las relaciones que se conjugan en el proceso de la vida y descubrir como todo eso que late en el entramado de nuestra historia va actuando día a día en nosotros, influyendo tanto en la propia experiencia vital como en nuestra proyección hacia los demás. Por esto el arte meditativo nos ofrece un interesante camino de exploración y contemplación de lo que somos, unificando cuerpo, mente y espíritu. De hecho -como expone Jeanne Carbonetti en su libro El Zen de la Pintura Creativa– en sánscrito el termino “artista“ significa: uno que ve las cosas encajando entre si.

 

 La pintura conjugada con la meditación se transforma en un maravilloso recurso que centra la mente, conduciéndola a la claridad y el sosiego, necesarios para despertar a la sabiduría de la vida, permitiéndonos conectarnos con esa matriz originaria de la que brota la existencia; esa misteriosa sabiduría, infinita, intuitiva y experiencial que deja aflorar la naturalidad y la belleza indefinible de lo propio, de lo que cada ser posee. Por esta razón, a diferencia de la pintura tradicional lo que aflora en estas creaciones no es la visión reflexiva y personal del pintor sobre un objeto, o una idea, sino por el contrario, emerge en ellas la naturaleza más autentica de la persona que pinta, su interioridad más genuina y trascendental, creada desde la espontaneidad del inconsciente. ¡Os animo a experimentar este maravilloso camino de luz!

 


CREATIVIDAD SANADORA Y ENERGÍA CURATIVA

Energía sanadora

Cuando experimentamos un proceso de sanación, ya sea a nivel físico o psíquico, lo que realmente interviene en dicho proceso es energía. Energía catalizadora que participa en la bioquímica celular provocando los cambios necesarios para la curación física; energía que actúa a nivel emocional, desbloqueando el engranaje que relaciona cuerpo y mente; energía que sacude nuestro espíritu, devolviéndonos la consciencia del don de la vida y de la sabiduría infinita que nos la otorga.

 Por esta razón al experimentar un proceso de sanación de manera consciente, sentimos esta energía como sensación, como sentimiento de bienestar y plenitud, como una experiencia de nuestra totalidad, como resonancia de lo que acontece en el cuerpo, la mente y el espíritu. Sin embargo, debido a los bloqueos impuestos y autoimpuestos que vamos almacenando a través de los años, muchas personas viven la enfermedad y la sanación desde un plano meramente racional, negándose a explorar ese camino de consciencia y crecimiento al que nos acerca una dolencia. 

Es más fácil acomodarse en la inmovilidad mental y emocional que construimos desde la razón; con ella levantamos barreras mentales para justificarnos y evitar que los demás nos hagan daño, sin darnos cuenta que simultáneamente estamos bloqueando nuestra propia energía vital, privándonos de un profundo y verdadero sentido de bienestar. No debemos olvidar que así como el cuerpo físico actúa como un todo desde la cabeza a los pies, nuestra naturaleza como seres vivos engloba todos los aspectos de la existencia: lo físico, lo psíquico, lo emocional y lo espiritual.

Por eso es tan importante fortalecer todos los aspectos de nuestra naturaleza y del mismo modo, aprender a desbloquear esa energía que nos queda atascada no sólo en el cuerpo físico, sino también en nuestro mundo psíquico y emocional. Pintar o dibujar, así como el ejercicio corporal, y cualquier actividad lúdica o creativa, nos ayudan a liberar parte de esa energía, pero si queremos obtener un resultado verdaderamente sanador, debemos desarrollar un proceso creativo, consciente, orientado hacia el autoconocimiento y el crecimiento personal, un proceso que finalmente nos conduzca a transformar la actitud que tenemos ante aquello que nos daña.

El arte orientado hacia lo terapéutico, favorecen este proceso porque podemos expresar en imágenes y desde el subconsciente aquello que sentimos, sin necesidad de tener que explicarlo; también las imágenes, como ha demostrado la neurofisiología, nos ayudan a experimentar la conexión de nuestro cuerpo físico, psíquico y espiritual, permitiéndonos expresar a la vez que visualizar, simbólicamente y de forma integrada aquello que nos pasa. Solo cuando somos capaces de ver nuestras aflicciones con sabiduría, intuición y con amor, más allá de lo meramente racional, podemos descubrir que hay otras formas de reaccionar ante lo que nos sucede y otras formas de enfrentar el dolor.

Por otra parte, se sabe que los pensamientos, las emociones y la imágenes pueden cambiar el flujo sanguíneo y el equilibrio hormonal en el cuerpo. Se ha observado que cuando se desarrolla un proceso artístico de carácter terapéutico, las imágenes conectan con el subconsciente, así como con la imaginación y la memoria, afectando a las neuronas del cerebro y a ciertas zonas del hipotálamo, propulsoras de los mecanismos neuroendocrinos que tiene que ver con la liberación de endorfinas, proporcionado así un estado de relajación, disminución del dolor, disminución de la tensión arterial y una mejoría del sistema inmune.

A esto debemos añadir que cuando nos introducimos en el acto de expresar simbólicamente las imágenes de la mente para exteriorizarlas en un acto creativo, se experimenta un alto grado de concentración, volcándose toda la atención y la energía de ese momento en ello, transformandose de este modo dicho proceso en un acto que podríamos denominarlo de meditación activa.

Resumiendo, al hacer arte con un fin sanador o terapéutico movilizamos un flujo de energía, del que no siempre somos conscientes pero que sin embargo actúa energetizando todos los aspectos de nuestra naturaleza: a nivel físico, se estimula el sistema nervioso autónomo, el sistema endocrino y la liberación de endorfinas, activandose además la relajación del cuerpo; a nivel psicológico, nos posibilita expresar el dolor, los miedos y las emociones reprimidas; a nivel espiritual, nos conecta con nuestra interioridad más profunda, haciéndonos conscientes de nuestra conexión con la sabiduría, la belleza y el enigma de la vida en la que nos desenvolvemos; finalmente la visualización de aquello que vamos creando, nos permite recrear y reorganizar nuestro mundo interior, fortaleciendo la autoestima e incrementando la confianza en nosotros mismos.

Todos poseemos la capacidad de crear y de curar, sólo tenemos que despertar la energía creadora y el artista interior que llevamos dentro, para conectarnos con el amor, con la pasión creativa y con todo lo que nos rodea, y sobre todo con esa parte sabia y profunda de nuestro verdadero yo que permanece oculta. El arte y la sanación -dice Mary Rockwood en su libro Creatividad curativa– provienen de una misma fuente: el alma humana. Las imágenes son la voz del alma y a través de ellas descubrimos lo que debemos sanar. La creatividad es por tanto un recurso que nos permite crecer, reforzar la actitud positiva ante la vida y acceder a ese lugar interior donde encontrar la propia paz. Necesitamos fortalecer ese lugar en nuestra vida para sanarnos, liberarnos, favorecer la armonía y ser verdaderamente quienes somos.


 

EL SECRETO DEL DIBUJO: DESCUBRIR AL ARTISTA DEL HEMISFERIO DERECHO

el dibujo creativoEl dibujo creativo es un privilegio de los seres humanos, ya que somos las únicas criaturas de la tierra que podemos reproducir con un lápiz o un pincel imágenes realistas del entorno; pese a los experimentos que han conseguido que algunos animales tracen y pinten formas -aprendidas o abstractas- sobre un lienzo, ninguno ha logrado que los animales se retraten a sí mismo o a otro animal con todos los detalles que implica un retrato, ni tampoco dibujar un paisaje realista o un bodegón, y menos aún crear meticulosamente un dibujo ficticio partiendo de la imaginación y la memoria. La capacidad de dibujar con una consciencia creativa, es producto del desarrollo de nuestros hemisferios cerebrales, los cuales nos permiten realizar procesos cognitivos complejos, superiores a los de los animales. Por lo aprendido culturalmente, y en consonancia con los programas educativos que enseñan las artes plásticas tanto en el colegio como en los estudios superiores, se tiende a creer erróneamente que dibujar es un “don” y que quien no lo tiene, jamás podrá hacerlo. Si bien hay personas que poseen esta destreza de manera innata, sobresaliendo en ese ámbito por ello, dibujar es una habilidad que puede aprender cualquier persona que tenga una motricidad manual y una visión normal, aunque nunca en su vida haya dibujado. Se puede aprender a dibujar de la misma forma como aprendemos a escribir, nadar, bailar o, a conducir un coche, y una vez que lo hemos aprendido si lo practicamos no se olvidará jamás. Esto ha sido verificado ampliamente por la pedagoga Betty Edwards, quien basándose en las investigaciones del Premio Nobel R. W. Sperry sobre los hemisferios cerebrales, creó una metodología para aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro; demostrando que dibujar, contrariamente a lo que se creé, implica mas una habilidad visual que una habilidad manual. Para aprender a dibujar, se necesitan algunas habilidades básicas que se deben aprender y ejercitar. Estas tienen que ver con la percepción de los contornos, la percepción de los espacios, la percepción de las relaciones, la percepción de las luces y las sombras, y finalmente la percepción de la estructura como totalidad, siendo esta última una consecuencia de la práctica y la integración de las cuatro habilidades anteriores. Con esto se obtiene una capacidad básica de dibujar, a partir de la cual se pueden realizar retratos o dibujos realistas del entorno sin mayor dificultad y, cuyo perfeccionamiento, progreso o desarrollo creativo, dependerá simplemente de la dedicación y los objetivos que la persona busque con el dibujo, pudiendo superarse hasta acceder incluso a su potencial imaginario e intuitivo, para llegar a crear dibujos a partir de la memoria y la ficción. Por supuesto que como todo proceso de aprendizaje, aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro, requiere práctica y dedicación hasta llegar a dominar por completo cada aspecto de estas habilidades básicas vinculadas con la percepción; logrando integrarlas de tal modo, que en algún momento llegaremos a dibujar de forma casi automática. Aún así, esta metodología es mucho más sencilla y rápida que lo que uno puede imaginar -de hecho hay personas que aprenden a dibujar en cursos intensivos de una semana-; otra cosa muy importante, es que con esta método aprendemos a observar y procesar mentalmente las cosas de un modo diferente a lo habitual, ya que orientamos conscientemente nuestra práctica perceptiva en la misma sintonía que como lo hace el hemisferio derecho. Esto se explica porque el hemisferio derecho percibe y procesa lo que vemos de forma muy similar a la que necesitamos para dibujar; es decir, este hemisferio procesa extraordinariamente todo lo que tiene que ver con la percepción de las formas, figuras y rostros, la imaginación, la ubicación espacial y la intuición; no así el hemisferio izquierdo -mucho más potenciado en los programas de educación- que procesa todo lo relacionado con lo verbal, lo racional, lo temporal y el cálculo. Por esta razón la enseñanza tradicional ha frustrado el desarrollo creativo de muchas personas, al suponer que con las clases de artes plásticas, entregadas con un método educativo que de por si es mayoritariamente favorecedor del hemisferio izquierdo, se desarrollaría la creatividad de manera natural; por la misma razón la gran mayoría de los niños no logran desarrollar el dibujo en el colegio, anulándose ellos mismos al creer que no tienen aptitudes, sobresaliendo la capacidad del dibujo en aquellos -que sin saberlo- tienden de manera innata a percibir el mundo con la modalidad del hemisferio derecho. Está claro que necesitamos replantear la metodología educativa, ya que como dice Betty Edwards: sin duda que medio cerebro es preferible a nada, pero un cerebro entero sería aún mejor. A lo anterior debemos sumar que el dibujo, como todo acto creativo, posee la magia de acallar el permanente ruido de fondo que producen los pensamientos, permitiéndonos entregarnos a la paz y al silencio interior, necesarios para vislumbrar las realidades trascendentes de la vida. Se puede aprender a dibujar a cualquier edad, pero en el caso de los niños Edwards aconseja iniciar el aprendizaje del dibujo realista alrededor de los diez años, edad en la que se comienza a descubrir la complejidad del mundo, el niño siente la necesidad de expresarse de forma tridimencional; de este modo, expone esta pedagoga, la práctica del dibujo les ayudará a transformarse en futuros adultos capaces de utilizar todo el potencial de su cerebro.


LA PINTURA MEDITATIVA: PARA UN “ESTAR MEJOR” Y “UN SER MÁS”

A simple vista parece que todos percibimos de igual forma los objetos y los estímulos externos que nos rodean, pero no es así, cada persona percibe y expresa de manera particular, sobre todo cuando lo hace en términos no verbales, ya que en estos procesos cognitivos, además de la fisiología y la genética, entra en juego el bagaje de la propia historia que guardamos en el subconsciente y que nos singulariza a cada uno. Por esta razón, cuando  un grupo de personas pintan una obra en torno a un determinado tema, la obra final de cada uno difiere en los colores utilizados, en el tipo de pincelada, en los trazos y en el dibujo, aunque todos hayan pintado el mismo modelo, al mismo tiempo y en el mismo lugar.

Al trabajar con la pintura, vamos plasmando nuestra interioridad simbólicamente en aquello que estamos pintando y esta expresión concretizada e impresa en la materia pictórica, al ser observada por nosotros, como espectadores de nuestra obra, se transforma en un estimulo para la inspiración y la continuación del proceso creativo; por esta razón, si orientamos el trabajo pictórico hacia un proceso de crecimiento o ampliación de la conciencia, cada pintura que vamos pintando, se transforma en un peldaño que guía y estimula tanto el proceso de exploración personal como el desarrollo creativo en sí; es algo que surge entre lo intuitivo y lo cognitivo, sin necesidad de tener que explicarlo con palabras o en términos racionales.

Seguramente en esto se fundamenta el arteterapeuta J.P. Klein cuando dice que: todo acto creativo, conlleva un flujo de energía, hacia un “estar mejor” y “un ser más”; refiriéndose a ese flujo de energía aparcado en el subconsciente que logra liberarse. Es así como la pintura, es capaz de traspasar la barrera que pone el  yo racional, permitiendo que este flujo del inconsciente aflore en lo que estamos pintando; pudiendo transformarse, si la orientamos hacia ello, en una forma de autoexploración y desarrollo personal.

Existen diferentes métodos que ayudan a que el acto de pintar se transforme en un proceso meditativo y de ampliación de la conciencia: la pintura zen, por ejemplo, alterna diversas metodologías, la meditación y el trabajo pictórico; la técnica del sumi-e, originaría de los Samuráis, se fundamenta en el trabajo de la respiración y la repetición de gesto; la pintura de mándalas, como sabemos nos ayuda a proyectar sobre el dibujo los significados y las simbologías de cada uno; entre muchas otras técnicas, combinaciones y variaciones que se pueden ir realizando según el proceso que cada persona necesite desarrollar.

Lo que se busca es, potenciar el lado derecho del cerebro y acceder a las zonas más profundas de la psiquis para lograr que aflore aquello que guardamos en el inconsciente; pero también, que la persona se libere del miedo a crear y de  algunos conceptos aprendidos culturalmente que suelen condicionar el proceso creativo, como por ejemplo, la creencia de que el resultado final debe ser “estético” o “bello”.

En la pintura meditativa es más importante la vivencia experiencial del proceso pictórico que el resultado estético de lo pintado; lo estético pasa a un segundo plano, pudiendo por supuesto, estar presente siempre y cuando, aflore de manera libre y natural. Si nos entregamos de lleno y confiadamente a la vivencia de la experiencia, luego seremos más conscientes y tendremos más claridad al momento de contemplar, analizar y reincorporar en nosotros, desde una perspectiva diferente, aquello que hemos pintado. Es decir, se trata  de que la propia persona se constituya en la protagonista de su despliegue pictórico y no la obra -como ocurre en la pintura artística- para así desarrollar una cuidadosa introspección que permita descubrir nuestra esencialidad más profunda como Ser creado y creador.

Debemos entregarnos a este proceso libre de juicios y prejuicios, pero con una actitud activa, prestando atención a lo que se va sintiendo y  reflexionando sobre lo que aflora en cada trabajo; esto permitirá liberar totalmente la capacidad creativa y traspasar los bloqueos emocionales que de manera inconsciente tendemos a proteger.

Se sabe que el simple hecho de pintar produce un efecto terapéutico, contribuyendo a la relajación, la concentración, la motricidad fina y mejorando el estado anímico de las personas, utilizándose por esta razón como complemento de otras terapias en enfermos hospitalizados. La pintura meditativa va aún más allá, busca involucrar de manera integral todos los aspectos del ser humano; por ejemplo, cuando una persona estresada pinta con la técnica del sumi-e, además de lo recién mencionado, la técnica de repetición del gesto pictórico que compaña a la respiración, ayuda a que el aparato respiratorio libere la tensión acumulada por la ansiedad, potenciando una respiración más consciente y armónica, sumando también, el proceso de exploración interior que conlleva el trabajo de meditación y reflexión; lo que puede conducir a un replanteamiento de la conducta en relación a lo que le está ocasionando el estrés.

Por esto, la pintura meditativa está recomendada como terapia en aquellas personas o niños con dificultades de adaptación, baja autoestima, trastornos alimentarios, adicciones, etc. Sin embargo debemos tener claro que es un recurso que puede desarrollar cualquier persona sana que quiera para, por ejemplo, reforzar los sentidos y significados de su vida, potenciando de este modo, tanto su creatividad como su bienestar físico, psico-emocional y espiritual, de una forma integral.

ARTE Y TERAPIA: LA CREACIÓN COMO PROCESO DE TRANSFORMACIÓN

El desarrollo de la creación artística como terapia y herramienta para el crecimiento personal, es algo que sea ha investigado recién a partir del siglo XX. Esto, ha coincidido con una renovación de los conceptos de arte y “terapia”: por una parte, el arte ha ampliado su horizonte más allá del tradicional significado, como habilidad, talento, o recreación de la belleza; y por otra, el sentido de la palabra terapia hoy se entiende más bien, en términos holísticos, como un determinado refuerzo de un aspecto de la persona, necesario para su bienestar integral y no, obligadamente unido a la noción de psiquiatría o de enfermedad.

Una de las definiciones más aceptadas para explicar el fenómeno involucrado en el campo terapéutico del arte es la del terapeuta J.P. Klein, quien describe la creación como un proceso de transformación. Sabemos que el arte se configura mediante una transformación que hace el artista con -y de- la materia, según su mirada y su sentir. El poder observar la realidad con otra mirada y transformarla es muy importante; es una facultad propia de todo ser humano, no sólo de los artistas yconstituye la base de la creatividad. De este modo, la creación artística aplicada al desarrollo personal, también nos da la posibilidad de observarnos a nosotros mismos desde una óptica diferente, nos permite explorar con una nueva mirada -a través de las imágenes que vamos creando- la propia experiencia vital, pudiendo incluso transformarla.

Cuando somos niños, no tenemos inhibiciones a la hora de expresar y crear, ya que la mirada infantil es por naturaleza intuitiva, exploradora e innovadora -a menos que su expresión esté inhibida por unos padres o un entorno excesivamente dominantes-; cuando adultos en cambio, nuestro ser racional nos coarta la creatividad, tememos no estar a la altura de los demás o sentimos miedo al ridículo; por otra parte, tendemos a darle más importancia al producto final que al proceso involucrado en ello, olvidándonos del sentido lúdico y liberador que implica hacer algo por el simple hecho de experimentar, sentir y crear, más que por su resultado.

Sin embargo -y tal como lo reitero incansablemente en mis artículos-, nunca es tarde para retomar y sacar fuera este potencial humano que poseemos. El arte estimula nuestro lado derecho del cerebro y nos ayuda a entablar conexiones con la psique, permitiéndonos expresar aquello que no podemos o, no sabemos comunicar con palabras; por eso, cuando lo desarrollamos con un sentido terapéutico, no se pone el énfasis en los aspectos estéticos o en el dominio de los medios artísticos ya que no se trata de crear obras de arte, sino más bien de sentir, experimentar y expresar. Aún así, a través de este camino algunas personas descubren una capacidad artística hasta entonces coartada u oculta. Sea como sea, una actividad creativa con fines terapéuticos o de refuerzo  puede ayudarnos, entre otras cosas, a:

  • Expresar conflictos interpersonales como la culpa, el resentimiento, el miedo, el dolor, o bien, representar momentos traumáticos, de peligro o angustia; permitiendo que afloren las emociones contenidas, lo que ayuda a comprender y transformar el mecanismo involucrado en ello.
  • Exteriorizar simbólicamente episodios inconclusos de la vida, dialogar con las imágenes que surgen, construir un desenlace distinto -si se quiere-, y aliviar el malestar asociado al recuerdo de dicha situación.
  •  Manifestar metafóricamente ilusiones o deseos, no aprobados o prohibidos, pero que forman parte de nuestra interioridad.
  • Profundizar en el conocimiento de uno mismo, recursos, posibilidades y aptitudes; también, expresar simbólicamente lo que menos gusta de sí mismo, obteniendo una visión realista de cómo nos enfrentamos ante la vida.
  • Dialogar con nuestros sueños y nuestros planes, lo que nos gustaría llegar a ser y hacer.
  •  Reforzar la valoración personal y obtener una mayor confianza en sí mismo.
  • Descubrir y desarrollar el talento artístico.

 Los resultados dependerán como en todo programa, de cuanto se involucre la persona y de la honestidad con que viva su propio proceso, y por supuesto también, de la capacidad del guía que orienta la actividad. En realidad lo que ocurre en nuestro interior es algo muy similar al desarrollo de una obra plástica; tal como expuso en uno de sus escritos Antoni Tapies, reconocido artista, fallecido hace poco y quien desplegó gran parte de su obra centrándose en un personal análisis de la condición humana. Tapies nos dice:

 La obra se va gestando lentamente en el interior del artista. Se crea como un hábito de pensar y reaccionar en imágenes que después, casi inconscientemente, vamos decantando y seleccionando…Como en todas las cosas de la vida hay un dialogo entre el autor y la materia de su obra. Al comienzo la meta no es siempre clara, “se hace camino al andar”.

 Del mismo modo, en la aplicación terapéutica del arte, el proceso transformador de nuestra humanidad se va desplegando lentamente y de manera no siempre consciente, a través de ese íntimo -a veces reflexivo y a veces intuitivo- dialogo que aflora entre las imágenes y nosotros. Como vemos y como dice el refrán, vivir también es un arte; un arte que no depende exclusivamente de lo externo, en gran medida proviene de esa propia mirada transformadora que nace de nuestro interior, y del camino que desarrollemos con ella.


 

LOS 50 ¿CRISIS O SABIDURÍA?

 

Hay una etapa de transición clave en la vida tanto de los hombres como de las mujeres, marcado en términos biológicos por la disminución de la función reproductora. En las mujeres esto se produce de manera radical, con una bajada drástica de los estrógenos, el cese definitivo de la función ovárica y consecuentemente de la menstruación; lo que se conoce como menopausia y suele ocurrir entre los 45 y los 52 años.

 

En los hombres en cambio el proceso es gradual, también sobreviene una bajada notoria de la producción de testosterona pero no con la interrupción definitiva de la capacidad reproductiva; la percepción de los primeros síntomas puede ocurrir a partir de los 50 años y, aunque no es el término más correcto, suele llamarse andropausia.

 

Estas hormonas intervienen en el metabolismo general del  organismo, incluida la función cerebral: no olvidemos que somos “un todo” en funcionamiento. Por esta razón los cambios experimentados abarcan los aspectos físicos, psicológicos y emocionales. En los hombres -además de la genética-, entre los factores que pueden incrementar los síntomas e incluso adelantar el inicio de estos cambios encontramos:  el estrés, la actitud  y un estilo de vida inadecuado; también ciertos problemas de salud y una excesiva medicación, . En las mujeres, su comienzo está más bien marcado por lo genético, pero la intensificación de los síntomas depende tanto del estrés, la actitud y el estilo de vida como de la propia fisiología reproductiva.

 

De manera que en este periodo de transición, además de los cambios que el organismo realiza para compensar el descenso hormonal, afloran una serie de conflictos emocionales -conscientes e inconscientes- relacionados con el cuestionamiento de los logros obtenidos, lo vivido o no vivido, lo que se ha dejado de hacer, la disminución de la sexualidad y por tanto de la feminidad o masculinidad, así como del rumbo que tomará la vida en el futuro.

 

 Sin embargo, la mayoría de las personas viven este periodo condicionadas social y culturalmente por los prejuicios, la vergüenza y el desconocimiento, ocultando -especialmente los hombres- esa sensación de crisis psicoemocional que se tiende a experimentar.

 

La mujer que ha formado una familia, suele cuestionar el rol que ha ejercido como madre y como esposa, también le preocupa el desmedro que socialmente puede conllevar la ausencia de fertilidad, las modificaciones del cuerpo y las alteraciones de la sexualidad; por lo tanto su crisis será más profunda si ha centrado su valor a lo largo de los años, en entregarse exclusivamente a ser madre y esposa, ya que seguramente se habrá acostumbrado a vivir desconectada de sí misma, dejando de lado sus necesidades más profundas.

 

El hombre tenderá a cuestionar el éxito económico, la relevancia laboral y los logros materiales alcanzados; temiendo especialmente a la disminución de la función sexual, puesto que culturalmente ésta se considera sinónimo de masculinidad. A muchos les cuesta aceptar esto y al no comunicarlo ni procesarlo emocionalmente, ya sea con su pareja o con un profesional,  lo más probable es que entre en conflicto consigo mismo alterando su conducta sexual y su actitud. Si también, durante su vida ha centrado la valía personal exclusivamente en el logro laboral y económico, negándose otros valores trascendentes y sus reales necesidades como persona, seguramente al jubilarse estos conflictos se agravaran aún más, llevándolo incluso a la depresión.

 

En esta etapa -como decía Freud-, es fundamental mantener viva la ilusión y la capacidad de amar; hay muchas maneras de disfrutar la sexualidad cuando el amor y la confianza en sí mismos y en el otro permiten vivirla con total libertad y naturalidad. Parece increíble pero a partir  de la menopausia hay muchas parejas que asumen una forma de vida y una expresión de su sexualidad según los modelos que la cultura le impone, anulando totalmente sus verdaderos deseos y sus necesidades más profundas.

 

Es en este periodo de cambio, cuando hombres y mujeres pueden darse la posibilidad de conectar consigo mismos y explorar sus necesidades reales; no vale de nada vivir desde la culpa, desde el sentimiento de lo que no se hizo o no se pudo hacer, o desde la sumisión a un rol que la sociedad y la familia imponen. Se pueden transformar los vínculos afectivos y reforzar las propias capacidades humanas en cualquier etapa de la vida, sólo se necesita querer hacerlo; y es en esta coyuntura cuando se puede reorganizar el presente, para dejar aflorar la sabiduría alcanzada, preparándose para recibir los años venideros con renovadas ilusiones.

 

Asistir a un taller de acompañamiento y desarrollo personal puede ayudar a tomar conciencia de nuestras verdaderas capacidades; a veces es necesario buscar ayuda, permitiéndose reconocer y liberar, tanto el orgullo como los miedos o, el desconcierto; y del mismo modo, los sentimientos de pérdida o desvalorización, para así dejar aflorar la verdadera riqueza que poseemos como personas.

 

También es importante conocer los cuidados necesarios, para compensar los cambios que sufre el organismo y vivir esta etapa de la mejor manera; dándose la posibilidad de vivir el presente con conocimiento, proyectándose a la vida sabiamente,  según la propia individualidad: los valores, talentos y capacidades que cada uno posee, y no según lo que los demás esperan que asumamos. Sólo así podemos llegar a experimentar esa libertad interior que nos permite llenar de sueños e ilusiones nuestros años de vida.


POR UNA VEJEZ CREATIVA. MÁS ALLÁ DE LOS ESTEREOTIPOS SOCIALES

Si bien la vejez es un proceso biológico, la forma como este proceso es percibido es un constructo cultural. Es sabido que en esta etapa hay una disminución del oído y la vista, una velocidad de respuesta más lenta, una disminución de la memoria a corto plazo y una mayor vulnerabilidad emocional. Sin embargo, estos condicionantes se ven potenciados por la propia mente del adulto mayor al buscar identificarse con los estereotipos de invalidez y dependencia que la sociedad le impone, sometiéndose así a un rol que le permite ser aceptado socialmente.

Es  fundamental  que tanto la  propia persona como su familia y el entorno dejen de concebir el proceso de envejecimiento cómo sinónimos de dependencia y  discapacidad. Al adulto mayor se le debe otorgar la posibilidad de adquirir un concepto realista de sí mismo, consciente por una parte de las propias capacidades y limitaciones, pero al mismo tiempo en equilibrio con las necesidades de dependencia e independencia.

Además del factor genético heredado y la nutrición que hemos tenido en la infancia, el vivir una vejez en condiciones óptimas depende principalmente de  la forma de vida que adoptamos al hacernos adultos, así como de la inteligencia emocional que desarrollemos a lo largo de nuestra vida, tal como expone el geriatra chileno Pedro Paulo Marín -en la web citada anteriormente “Sociedad y Adulto Mayor”-: “se envejece como se ha vivido”. Hay personas que utilizan intuitivamente la inteligencia emocional; sin embargo, debemos tener claro que se puede aprender y desarrollar, si nos abrimos a la experiencia de ver, sentir y vivir la vida de otra manera.

Como adultos no sólo debemos preocuparnos por mantener una actividad física de forma regular, una alimentación equilibrada y, de hacer trabajar nuestro intelecto para mantener la mente activa; también es muy importante cultivar el carácter y las buenas amistades, así como desarrollar habilidades para manejar el estrés y mantener una mejor estabilidad emocional -por ejemplo a través de la meditación-. Si logramos cultivar estas características de vida hasta la vejez, estaremos preparándonos para una ancianidad más plena, con un sentido de bienestar y una buena salud mental; ya que los afectos positivos y la expresión emocional de los mismos, actúan estimulando tanto la salud física como la cerebral.

Se ha visto que algunas personas al envejecer poseen una reserva cognoscitiva. Es decir, aún cuando a una cierta edad el cerebro comienza atrofiarse de forma inevitable, hay personas que no exteriorizan estos síntomas de deterioro. ¿Entonces, de qué depende que los síntomas de envejecimiento mental se hagan o no evidentes cuando nos hacemos mayores? Según explican algunos científicos, además de cuidar la salud cardiovascular y potenciar los factores mencionados en el párrafo anterior, es importante que el adulto mayor realice actividades creativas y placenteras como la pintura, la poesía, la música, la fotografía, etc. pero que al mismo tiempo le signifiquen un desafío y un proceso de aprendizaje.

La conclusión final es que al envejecer no se puede hablar de una simple reducción de las funciones cerebrales, sino más bien de una reorganización cerebral de carácter compensatorio y, es esta “reorganización del cerebro” lo que podemos reforzar con actividades que conlleven un aprendizaje creativo. En realidad en la vejez hay una reorganización en todas las áreas, en lo físico, en lo emocional, en lo social y en lo familiar; y tanto el  propio adulto mayor como su entorno familiar deben ser conscientes de ello, pero en su justa medida, sin caer en los roles y la identificación estereotipada, teniendo presente que también es una etapa en la que pueden surgir nuevos planes y nuevos sueños,  como por ejemplo, aquello que no se pudo hacer antes por falta de tiempo, como escribir, aprender fotografía, computación, aprender un nuevo idioma o cualquier actividad que esté dentro de las propias posibilidades.

La creatividad es un potencial propio de la especie humana, debemos acostumbrarnos a reforzarla y hacer uso de ella toda la vida. Cuando un adulto mayor experimenta un proceso creativo, potencia su apertura a nuevas experiencias, algo muy necesario en esta etapa en la que tienden a cerrarse en sí mismos; del mismo modo se les refuerza la autoestima, abriéndose a las interrogantes por la propia satisfacción, por sus sentimientos y la expresión de sus emociones; esto les ayuda a distanciarse tanto del elogio social o familiar, que tiende a identificarlos con el estereotipo, como de la propia crítica interna y auto-destructiva.

Por lo tanto es necesario abandonar el enfoque simplista “del ocio y la recreación del adulto mayor”. Las actividades de ocio deben ir más allá de lo simplemente personal y recreativo; una actividad recreativa debe ser creativa, transformándose en algo placentero, a la vez que en un proceso de conocimiento y un reto personal;  de este modo aportará los detonantes necesarios para elevar el sentido de bienestar y la calidad de vida de la persona. La creatividad se puede desarrollar a cualquier edad y cuando se despliega adecuadamente puede transformarse en una actitud y en un habito mental; es así como en el caso de los escritores que llegan a la vejez, los fallos de la memoria son compensados por la visión más amplia de la vida y los grandes poderes de asociación que otorga la experiencia; un ejemplo de ello es Cervantes quien escribió su obra de mayor complejidad -El Quijote- después de los 70 años.

Cuando una persona mayor vive la creatividad, potencia su intuición y mantiene una visión renovada de la vida, conservando el gusto por la fantasía y por la utopía, de esta manera  su experiencia del presente se torna más alegre, más activa y más fructífera. Del mismo modo el compartir en un taller con otras personas de igual o  diferente edad los hace sentirse integrados y empáticos socialmente. Entonces, ¿por qué no concederles la oportunidad a que se sientan valiosos por derecho propio?


 

 

LAS ONDAS DE UN ESTANQUE O EL HILO DE UNA COMETA

 

Podemos desarrollar una infinidad de recursos para potenciar la capacidad simbólica y asociativa de la mente pero uno de los más cautivadores, si nos gusta escribir, es la escritura creativa. El juego con las palabras nos despliega un fecundo paisaje a través del cual podemos explorar una senda de liberación interior, recreando con recursos metafóricos, libres y sin prejuicios, tanto los enigmas personales como las diversas identidades que afloran en nuestro yo. El escritor y pedagogo italiano Gianni Rodari explicó este proceso psíquico a través del cual emergen las imágenes y las palabras con la siguiente alegoría:

 

Una piedra arrojada a un estanque provoca ondas concéntricas que se ensanchan sobre su superficie, produciendo un movimiento de distinta intensidad y con diversos efectos a la ninfa y a la caña, al barquito de papel y a la balsa del pescador. Objetos que estaban cada uno por su lado, en su paz o en su sueño, son reclamados a la vida, obligados a reaccionar y a entrar en relación entre sí. Igualmente, una palabra lanzada al azar produce en la mente ondas superficiales y profundas, provocando una serie infinita de reacciones en cadena, implicando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, complicándolo el hecho de que la misma mente no asiste pasiva a la representación, sino que interviene continuamente, para aceptar y rechazar, ligar y censurar, construir y destruir”.

 

Si bien hay escritores por vocación con talento innato en los cuales este fenómeno se desarrolla de forma intuitiva, es posible incrementar la creatividad estimulando la capacidad generadora de nuevas asociaciones. Existe una diversidad de recursos vinculados con la escritura que facilitan tanto la generación de ideas como el fluir de las palabras; se trata primero de ampliar nuestra sensibilidad frente al lenguaje y a las imágenes, proporcionando algunas técnicas que ayudan a relacionar conceptos e ideas de forma irreflexiva, para de este modo perder el miedo a lo absurdo, dejando de lado el “yo” crítico y racional; esto nos llevará a establecer asociaciones intuitivas secundadas por insospechados conceptos, imágenes y recuerdos, extraídos de esa inagotable enciclopedia que guardamos en el subconsciente.

 

También es necesario potenciar  el desarrollo  de una “nueva” mirada hacia el entorno, observando con atención como se expresa el mundo ante nuestros ojos: que revelan y como se manifiestan las formas y los sonidos en las calles, en los parques o en cualquier recodo de un edificio; descubrir los personajes que circulan a diario a nuestro alrededor, sus costumbres, sus gestos, sus miradas, su caminar, etc. En otras palabras, mirar tratando de extraer la poesía que nos ofrece la vida, incluso aquella que se cimenta en el dolor y el sufrimiento.

 

Como vemos, las conexiones que establece la mente entre la realidad externa y aquello que forma parte de nuestro mundo interior, nos proporcionan el material necesario para hacer aflorar las ideas, las palabras, el tema y finalmente la trama de un cuento, una novela o una poesía; ya que -como exponen la mayoría de los escritores-  lo que verdaderamente importa es: “que” se cuenta y “como” se cuenta, es decir, la elección del tema en torno al cual desplegamos la narrativa y el argumento que dibujamos para contar nuestra peculiar historia.

 

Para escribir es fundamental perder el miedo y para lograrlo es necesario iniciar la escritura como un juego, liberándonos de la faceta crítica que tiende a reprimir nuestras acciones; se trata de escribir y simplemente escribir, como si tomáramos apuntes de aquello que nos viene a la mente. En una segunda etapa cuando tengamos el boceto escrito en nuestras manos, lo exploraremos revisando la narrativa que ha aflorado, el tiempo en el que hemos escrito, el lenguaje que hemos usado, los personajes que hemos creado. Si nuestro propósito es perfilar, enriquecer y depurar el texto, entonces  podemos, agregar, borrar, reescribir, dejarlo, retomarlo una y otra vez, hasta que nos sintamos conformes con él. Finalmente, si lo que se quiere es editarlo para su publicación, entonces revisaremos exhaustivamente lo concerniente a la ortografía y la gramática.

 

Pero en realidad el proceso depende de lo que busquemos a través de la escritura. Si se posee experiencia y talento literario, y lo que se busca es desarrollar la técnica o perfeccionar el estilo, entonces quizás lo más aconsejable es realizar cursos de técnicas narrativas, ya que éstos ponen especial énfasis en entregar las pautas que configuran los diversos discursos y estilos narrativos. En cambio si se está comenzando a escribir, se quiere potenciar la riqueza de la escritura o simplemente explorar una vía para liberarse de bloqueos y prejuicios, permitiendo así que fluyan las ideas, lo recomendable es optar por un taller de escritura creativa, ya que estos resaltan la parte lúdica, la inventiva y la imaginación, haciendo posible que aflore nuestra riqueza interior.

 

De este modo -y como ya hemos dicho-, un taller de escritura creativa se puede vivenciar también como un medio para explorarse a sí mismo, ya que a través de la escritura aflora tanto la propia simbología como los mitos y arquetipos personales, confrontados con aquellos que nos muestra la realidad. La escritura activa el trabajo de la mente, abriéndolo a la fantasía y a la ilusión, y como expone el escritor peruano Danilo Sánchez Lihón hay un derecho de la persona humana no reconocido: el derecho a la imaginación, a la ilusión y a la utopía. Este derecho implícito en todo niño que nace, es denegado muchas veces por los propios adultos, según la forma como orientan -o saturan- los intereses del niño. Tanto en los pequeños como en los adolescentes, este tipo de talleres junto con desarrollar la imaginación, les fortalece el habito de la escritura y la lectura; transformándose para ellos en un juego, en un lúdico aprendizaje a través del cual pueden expresar lo que sienten, favoreciendo su autoestima y haciéndolos conscientes del lugar que ocupan en la vida, en la familia, con los amigos y en la escuela.

 

Al transformar el proceso de escribir en un juego estimulante, además de potenciar la lectura y el modo de comunicarnos, obtendremos una vía para fantasear e ilusionarnos con la propia forma de vivenciar el mundo ¿Qué pasaría si eleváramos nuestra cometa con el hilo de la escritura, descubriendo luego que podemos volar con ella, por nuestra casa, por la tierra y por las estrellas?


LA CREATIVIDAD EN LOS NIÑOS: UN PUENTE DE LA FICCIÓN A LA REALIDAD

Para los niños el lenguaje creativo es una forma de comunicación primaria que les permite exteriorizar libremente los pensamientos, emociones y sentimientos; también les ayuda a desarrollar la percepción, la imaginación, la organización del espacio-tiempo, la resolución de problemas así como la valoración de “sí mismos” y de su propia individualidad;  por esta razón es importante otorgarle a la actividad creativa la atención y el espacio necesario, considerándola como algo muchos más trascendental que una simple actividad de recreación, entretenimiento o evasión.
El reconocido pediatra y psicoanalista Donald Winnicott postuló la existencia de un área psicológica vinculada a la experiencia, que secunda durante toda la vida al ser humano en su relación con el entorno y, a la que denominó “espacio potencial”. Es en este espacio donde se conjuga la ficción con la realidad dando origen a la creatividad y al juego, y a partir de ahí a la experiencia cultural del hombre. El recién nacido inicia el desarrollo de este espacio a partir de la relación que tiene con su madre; ella le otorga la apertura y la confianza necesaria a través de la cual el bebé comienza a autodescubrirse, para luego mediante el juego y los objetos que le rodean a experimentar su relación con la realidad exterior, apoderándose de lo que llamamos la experiencia vital.
Posteriormente en el periodo preescolar, el juego simbólico se transforma en una de las herramientas claves para el desarrollo del niño, ya que le permite representar su experiencia con la realidad a través de un sinfín de actividades como por ejemplo: el dibujo, la pintura, el juego con muñecos o con estructuras, el canto, el cuento de historias o asumiendo roles ficticio. En estos juegos ficticios el niño es consciente de que está fingiendo y, del mismo modo reconoce lo que un objeto es, pero finge que es otra cosa, disfrutando simplemente con el hecho de explorar y experimentar; lo que le permite interiorizar los sistemas y símbolos de la cultura en la que se desenvuelve, a la vez que desarrollar su propia capacidad simbólica y de resignificación.
Por otra parte, el dibujo es un acto complejo en el que intervienen el cerebro  y la mente, involucrando la concurrencia y el desarrollo de muchas estructuras cerebrales y neuronales; al dibujar se necesita la exploración intuitiva y cognoscitiva de las formas que surgen en el acto de dibujar, conjugando también la percepción física del movimiento que se hace con las manos y con el cuerpo. Desde el punto de vista de lo expresado, los dibujos infantiles nos proporcionan una información del mundo consciente e inconsciente que los niños por si mismos no podrían describir con palabras, entregándonos una valiosa información de su mundo interior, gracias a que la creación artística es capaz de sobrepasar el control de la mente consciente.
Debemos considerar que generalmente a los niños les cuesta exteriorizar con palabras lo que sienten, ya sea por vergüenza, temor, porque se sienten culpables o amenazados, y aún peor en el niño preescolar que no ha desarrollado el lenguaje. Se sabe que el simple hecho de que un niño exteriorice de alguna manera sus inquietudes o temores, aunque sea de forma inconsciente, hace que se sienta mejor. De manera que independiente de la edad, dibujar o pintar los miedos, las fobias, las situaciones difíciles o incomprensibles -y mejor aún si lo hace a través de un proceso guiado por un especialista-, le ayudará a sacar fuera estás problemáticas, sentirlas desde otra perspectiva, madurarlas, tomar conciencia de sus emociones, pudiendo así enfrentarlas con más libertad y claridad.
Del mismo modo, la hiperactividad o la agresividad se pueden canalizar a través de una actividad artística guiada, permitiendo que el niño reorganice su energía, exprese su vivencia interior, amplié su percepción del mundo, al tiempo que se descubra a sí mismo en la realidad exterior, estimulando tanto el desarrollo de sus habilidades como de sus límites.
Cuando son algo más mayores, motivarlos a crear sencillas viñetas secuenciales a modo de cómic, les permitirá relatar lúdicamente sus sentimientos y experiencias; la idea es comenzar con relatos muy simples que poco a poco según el propio proceso del niño se irán haciendo más complejos. Del mismo modo, el trabajo del autorretrato y del retrato por parejas, es un medio -entre muchos otros-  que le permitirá exteriorizar aquellas facetas personales que no se atreve a expresar o reconocer, además descubrirá y tomará conciencia de algunos aspectos de sí mismo, hasta entonces inconscientes.
Por esta razón, el arte también realiza una enorme función terapéutica en los niños  discapacitados y en los que padecen enfermedades crónicas. Se ha visto que la experiencia artística favorece la recuperación del estado anímico de estos niños, no sólo porque pueden expresar sus temores y sufrimiento sino porque sienten que son capaces de apropiarse nuevamente de su energía, encauzándola hacia algo concreto; fortaleciendo de este modo la percepción de sí mismos y de su experiencia vital. Son muchos los niños que estimulados por un proceso artístico han logrado superar las deficiencias y limitaciones que les produce la enfermedad; para ello es importante ayudarles a descubrir y elegir libremente su propio medio de expresión, de acuerdo a sus aptitudes y preferencias.
La creatividad es una forma de expresión innata en todo ser humano y no hay nada que haga más dichoso a un niño que poder expresarla libremente. Con la ayuda de la experiencia artística les estaremos otorgando la capacidad de crearse a sí mismos, conjugando sus aspectos psicológicos, físicos y espirituales; favoreciendo de este modo los cimientos de un futuro adulto, más sano y más feliz.


 

PROPÓSITO 2012: BUSCAR LA PROPIA PAZ

 

voiceable.org

 

“Puede ser de todo o de nada o de la vida; en el fondo no hay respuesta, hay un estado de felicidad que no depende de nada. Este estado brota del centro del corazón sin ninguna razón. Esta felicidad existe siempre, más allá y a pesar de las circunstancias. Siento que uno de los secretos es conectar y comunicar con la belleza del mundo, maravillándose y esto está a nuestro alcance en cada momento” Con estas palabras Surya Baudet define el estado de felicidad tan anhelada por el ser humano; por mi parte agregaría que uno de los secretos de esta felicidad, a la que llamaría más bien paz o plenitud interior, implica primero conectar con lo más esencial de uno mismo, también con la parte más esencial de aquellos que forman parte de nuestro entorno y con la belleza que nos ofrece la naturaleza, ya sea del mundo urbano o rural. Esta búsqueda interior de felicidad, la proyectamos y arropamos erróneamente en la euforia colectiva de fin de año, llevándonos cada año a formular propósitos y sueños que generalmente no se cumplen. Quizás estos propósitos sería más coherente promulgarlos en cada aniversario de cumpleaños, ya que es la fecha que se corresponde verdaderamente con una etapa del ciclo vital de cada uno en esta vida. Como sabemos el 1 de Enero es una fecha totalmente arbitraria. El llamado en su tiempo año Juliano de doce meses, fue postulado primero por Julio Cesar en el año 46 a.C, tomando recién en 1582 el carácter de calendario universal, gracias al Papa Gregorio XIII, quien le hizo los ajustes definitivos, dejándolo tal como lo conocemos hoy y pasando a llamarse por lo tanto, año Gregoriano. Por esta razón todas aquellas culturas ajenas al dogma católico celebran el inicio de cada nuevo año en diferentes fechas. Sea como sea, es verdad que todo proceso de cambio o desplazamiento promueve a realizar cambios personales, cada termino de un ciclo nos lleva a esperar lo mejor del nuevo ciclo, de ahí que nos interese tantos formular propósitos y buenos deseos de un año a otro. Sin embargo no podemos cambiar la crisis económica, la falta de trabajo, el hambre, la guerra y la injusticia que padecen miles de personas así como tampoco la contaminación galopante de este maravilloso planeta sólo con formular un deseo, ya que eso depende de las políticas que gobiernan nuestro globalizado universo. Pero creo que sí podemos intentar ser un poco más consientes, conocernos un poco mejor a nosotros mismos, descubrir nuestras verdaderas virtudes y fortalezas, rompiendo de una vez por todas ese espejo que nos ofrece la sociedad (y ahora además los medios de comunicación), a través del cual se nos muestra una imagen ficticia y alienada, e instándonos  a que la sigamos construyendo. Quizás para este año podríamos proponernos simplemente empezar por lo más esencial, detenernos, silenciarnos y descubrir la propia plenitud interior…..os aseguro que todos la poseemos, sólo tenemos que ponernos manos a la obra. Esa plenitud interior es la que nos hará lo suficientemente poderosos como para cumplir cualquier cambio que nos propongamos, esa paz interior nos dará claridad para buscar la justicia, para protestar y actuar coherentemente, en pos de un mundo mejor, aunque sea simplemente el mundo de nuestro entorno. Creo que un esfuerzo así vale la pena.

 

Un gran abrazos para todos y tod@s…¡¡¡Mucha paz, claridad, conocimiento y conciencia para  este nuevo año 2MXII!!!

 


MEDITAR, SER CONSCIENTES, SABER QUE NO SABEMOS Y PONERNOS EN ACCIÓN

Con este título resumo de manera muy generalizada el I Simposio de Terapias Integrales que se llevó a cabo este fin de semana en el auditorio de la Petxina, organizado por AVALTEF (Asociación valenciana de terapias florales)  y patrocinado por la revista Tú mismo. Han sido dos días de gratificante estímulo y de nuevas luces de información y conocimiento.

Imagino que muchas personas han leído el programa pensando: Medicina energética….Terapia craneosacral…. Naturopatía…. Ayurveda….pero si todo esto lo tengo ¡ya  demasiado oído!, o bien ¡muy sabido!…o quizás ¡esto no es para mi porque no es científico! Sin embargo, no olvidemos que cuando se socializa el conocimiento y aún más si hace con un mínimo de atención y apertura, siempre descubriremos que aflora alguna nueva luz desde la infinita trama de la sabiduría; tal como decía uno de los diaporamas expuestos: “Lo importante es saber que no sabemos”.

Reconozco que por la influencia de mi primera profesión  aún me gusta oír cuando algo es respaldado por la investigación científica; talvés por  eso seguí segundo a segundo la conferencia de Francisco Soriano, Catedrático de anatomía y embriología de la Universidad de Valencia,  quien hablo desde el punto de vista de la fisiología y según sus investigaciones a cerca de la interacción  existente entre los planos que componen nuestro cuerpo, los chacras (situados en los plexos), el sistema nervioso central y nuestra bienestar; así como el rol que ejerce la pineal (primer chacra), regulando la producción de melatonina y receptora de gran parte de la energía que ingresa desde el exterior a nuestro organismo.

Me agrado lo que nos aportó José Cánovas, exponiendo la importancia de esa neutral dimensión de la “quietud consciente”  en la que debe situarse el terapeuta craneosacral -y ojalá todo terapeuta-, para no interferir en el proceso autocurativo del paciente. Un estado o dimensión que si se logra cultivar podemos además  aplicar en muchos momentos de nuestra vida diaria.

Gratificante fue escuchar la exposición de Jhon Curtin, director de la Fundación Sauce, quien expuso como se ha ido instaurando el Reiki en algunos hospitales de Madrid y la experiencia obtenida tanto con los pacientes como con el personal sanitario. Que un médico del servicio de salud esté refiriendo sus pacientes a terapia de Reiki era un hecho  impensable hace algunos años atrás, por esta razón Curtín nos aporta una lección de cómo con tenacidad, humildad  y una buena estrategia podemos hacer avanzar la energía del bien sobreponiéndola a cualquier obstáculo.

Amena la reseña de Medicina Ayurveda que nos entregó Quitu Cabalé, motivándonos a mantener nuestra salud y nuestro bienestar de forma óptima. Una sencilla rutina planteada con sentido común y factible de ser realizada por cualquier persona, crea o no crea en la medicina Ayurveda.

 Tao Prajñananda, Francisco Hernández, Marcel Pierlet y Pedro Tenorio, cada uno desde su propio dominio y personal experiencia, nos recordaron la importancia de darnos cuenta de nuestros condicionamientos, de cómo nos autoengañamos y de la necesidad de redescubrir la intuición y la sabiduría innata  que nos otorga la apertura de conciencia. Animándonos a practicar de forma periódica esa milenaria técnica a la que cualquier ser humano puede acceder: la meditación. Algo muy mano que nos permite ampliar la conciencia a la vez que integrar de forma armónica, la mente y las emociones.

Didáctica la guía sugerida para la entrevista en terapia florar, aplicable también en cualquiera actividad en la que se trabaje con persona, entregada por Mª José Valcárcel. Algo que debiera emerger por sentido común pero que nunca está de más que nos la recuerden.

¿Lo que sentí en falta? Que el auditorio hubiese estado desbordado de asistentes y no medio como lo estuvo. También sentí en falta haber terminado la jornada del domingo disfrutando  una actividad similar a la del día anterior, en la que Jacobs Helps nos introdujo en la terapéutica vibración de los armónicos, guiando nuestro canto de forma amena y participativa hasta sentirnos inundados de plenitud y gozo.

Gracias a la organización y al patrocinio por hacer emerger este tipo de eventos, ¡cuánta falta nos hace aquí en Valencia! Ojala  esto continué y surjan nuevas actividades en esta línea.


 

MARY BLAIR, UN REFERENTE EN LA PRODUCCIÓN DE WALT DISNEY

 

Mary Blair

 

¿Cuántas generaciones de niños – y no tan niños- han disfrutado y fantaseado con los personajes desplegados en películas como Peter Pan o Alicia en el país de las maravillas? Sin duda, innumerables y lo seguirán haciendo generación tras generación, ya que a pesar de la distante estética contemporánea  que acompaña a los dibujos de hoy, en la actualidad estos clásicos continúan motivando la ilusión y la imaginación de muchos niños.

 

 

Por esta razón google ha conmemorado hoy con un doodle el centenario del nacimiento de de Mary Brown Robinsón (21 de octubre de 1911, Oklahoma), más conocida como Marie Blair, apellido tomado de su marido Lee Blair, también artista y diseñador. Esta mujer se ha convertido en un referente de los diseñadores contemporáneos, por el trabajo que desarrollo tanto al interior de los estudios de la empresa cinematográfica de Walt Disney, como fuera de ella. Fue reconocida  por su talento como dibujante y diseñadora,  pero también por el trabajo conceptual que secundaba a sus creaciones.

 

 

Después de graduarse en 1933, Mary Blair fue becada por el Chouinard Art Institute de Los Ángeles. En 1940 comienza a dibujar para Walt Disney –donde ya trabajaba su marido-, colaborando en la creación de Dumbo, poco después tomo a cargo el proyecto de la película La dama y el vagabundo. En 1950  desplegó su creatividad en La Cenicienta –inspirada, como otros cuentos, en la literatura de Charles Perrault– y, un año después ofreció al mundo una de sus creaciones más fantasiosas: Alicia en el país de las maravillas. En 1953 nació  otra impresionante producción: Peter Pan, mencionando su repertorio más conocido. La mayoría de estas producciones continúan siendo representadas en el cine y en el teatro, no sólo por su fantasía sino también por sus trasfondos narrativos y conceptuales, analizadas desde diversas perspectivas y extrayendo de ellas variadas re-interpretaciones.

 

 

Después de crear Peter Pan, Mary dejó Walt Disney –su gran trabajo no pudo dejar de producir envidia en los otros dibujantes de la Walt Disney Company, comenzando por su marido, lo que dañó  irremediablemente su vida de pareja-. Continuó trabajando en empresas de campañas publicitarias como Nabisco, Pepsodent, Maxwell House, Beatrice Foods, entre otros. También ilustró varios libros de Oro a la editorial Simón & Schuster, algunos de los cuales permanecen en impresión hoy en día, y diseñó decorados de Navidad y de Pascua para Radio City Music Hall, entre otros. En 1964, con motivo de la Feria Mundial de Nueva York fue invitada por Walt Disney a crear la atracción Small World.

 

 

Mary falleció a los 67 años, en Soquel, California, a causa de una hemorragia cerebral. En 1991 la compañía Disney reconoció póstumamente su contribución creativa otorgándole el premio Disney Legend.

 

 

Aún mi espíritu vibra de ilusión cada vez que cojo entre mis manos -o veo en la pantalla- la belleza y el ingenio desplegado en estos maravillosos cuentos, e imagino que a muchos le ocurrirá igual, por eso he querido resaltar el fructífero talento de esta artista, el que, por estás incongruencias de la vida, no pudo evitar pasar factura a su vida personal y familiar.

 


ALGO INTERESANTE

Haz tu propio camino en la vida.
No seas tan severo contigo mismo
No te preocupes tanto por cosas sin importancia
Siéntete Libre… sin perder tu rumbo
Atrévete a pedir ayuda
Atrévete a decir basta cuando es demasiado
Contribuye a pintar un mundo mejor
Déjate guiar por tus sueños. Diviértete con tus amigos
Deja de caminar en círculos
Elige ser y no parecer
Deja de tener miedo
Acepta verte tal como eres
Evita atarte a lo material
Date el tiempo que te mereces
Aprende a conocer el fondo de las cosas en vez de construir en base a ilusiones
Acepta que el camino, a veces, es difícil
Que la luz te guíe, pero no te encandile, se realista
No te desanimes, aunque creas que has perdido el ascensor…
pues siempre habrá una escalera
¡¡Y LA VISTA SERÁ ESPLÉNDIDA!!                                                                                        Se feliz!

Estás frases van acompañadas de un foto montaje genial realizado por  Erik Johansson un artista sueco de 24 años. Son imágenes que por sí mismas nos hacen pensar, y aún más con el texto que se ha agregado. Un ejemplo de creatividad publicado para la reflexión.  Si quieres verlo haz clic aquí.


 

POR UNA RELACIÓN PLENA, SIN CONDICIONAMIENTOS.

ba6alah.wordpress.com

 

Algunas de las limitaciones que impiden vivir una relación de pareja libre y no condicionada, son creencias y pensamientos que hemos interiorizado en nuestra psiquis sin reflexionar detenidamente sobre ello. Creencias que hemos absorbido del imaginario colectivo, de la sociedad y la cultura en la que vivimos, reiteradas y reforzadas por el entorno y los medios de comunicación. Sin embargo tras un sincero análisis nos damos cuenta que no forman parte de la propia realidad, ni tienen porque arraigarse en la forma en la que proyectamos nuestra vida,.… a menos que elijamos seguir viviendo condicionadamente.

 

He aquí un extracto del artículo de Sandra Lozzelli, quien interroga sobre algunas erróneas creencias, basándose en el método de Byron Katie. Cuestiona la veracidad de estás reiteradas afirmaciones para demostrar cómo pueden estar afectando profunda y sigilosamente nuestra vida de pareja, así como la importancia de redirigir el pensamiento, para vivir una relación más plena y también para nuestro propio autoconocimiento. He simplificado algunos párrafos para que su lectura sea más fluida.

 

Creencia 1: Seré infeliz sin ti.

 

Esta creencia parece muy inocente pero afecta profundamente la vida de pareja.

 

Pregúntate:¿Puedes saber con absoluta certeza que serás infeliz sin tu pareja? Deja que la respuesta emerja del corazón, deja que tu mente se abra y responde con un simple si o no.

Si tu respuesta es sí: ¿Cómo imaginas tu vida sin tu pareja? ¿Te imaginas una vida triste y en soledad? ¿Te vienen quizás imágenes pasadas o incluso de películas o canciones que te hacen creer que estar solo/a significa soledad, abandono, tristeza? Cuando tienes esta creencia, es posible que te aferres a tu pareja, que te obligues a mantener la relación a toda costa, aceptando cosas con las que no estás de acuerdo, o que no te hacen sentir bien. No dices lo que piensas. Es posible que intentes controlar constantemente a tu pareja, atosigándola de celos, pendiente de todo lo que hace para asegurarte de que no se vaya de tu lado. Este pensamiento puede crear miedo, estrés, dependencia y una convivencia difícil. Ahora, imagina  sinceramente ¿Cómo sería tu vida y tu relación de pareja si no creyeras que serás infeliz sin tu pareja? Es muy posible, que te relajes, que estés más tranquilo y confiado/a, que aceptes que esa persona puede entrar y salir de tu vida y que sea como sea permanecerás siendo tu. Puede que dejes de sentir la necesidad de controlarlo/a. Te permitirás disfrutar del tiempo que dura la relación, confiando en que disfrutarás de la vida con o sin pareja. Todo se siente más ligero, estás más abierto a la vida, a lo que pueda pasar…Te sientes más tú, más libre de decir y hacer lo que sientes… ¿Puedes ver la diferencia de cómo vivirías la vida y tu relación de pareja con esa creencia y sin ella? ¿Puedes ver que todo sería más fácil y armonioso cuando esa creencia no está en tu mente?

Creencia 2: Si mi pareja me ama, me dará lo que yo pida y (creo que) necesito.

 

Si tu respuesta es afirmativa, piensa con absoluta sinceridad como es tu vida de pareja, o como lo sería planteándote esta creencia. Es posible que te molestes, te resientas, te cierres a esa persona y le quites tu amor; o bien, estas constantemente midiendo su amor en base a lo que hace por ti. Puede que lo trates con dureza, mal humor, lo presiones o recrimines. ¿Y qué pasa contigo al tener esta creencia? Te haces sentir inseguro/a, te obligas a hacer cosas por tu pareja que no quieres hacer, te fuerzas, te presionas.

Ahora, piensa sinceramente, como sería tu vida, si tu pensamiento fuera contrario a esta creencia. Es posible que más abierto/a, serías menos exigente, más amoroso, no necesitarías nada de la otra persona, disfrutarías más de su presencia, sin exigir, sin poner condiciones, y te sentirías más libre para actuar según como sientes. Habría más paz en tu vida y tu relación… Si los demás no cubren tus necesidades, es señal de que tienes que hacerlo tu.… Date a ti mismo la atención que necesitas, las flores, los halagos, el cuidado, el cariño, el amor que le pides a tu pareja. Antes de exigírselo, pregúntate si tú te lo estas dando, es muy posible que no lo estés haciendo y lo que pides a tu pareja es solo el reflejo de lo que te tienes que darte a ti mismo. Byron Katie, dice: “cuando escucho a las personas decir que aman a alguien y que quieren ser amados en retribución, sé que no están hablando de amor. Están hablando de algo distinto”.

Creencia 3:  Necesito ganar el amor y la aprobación de otras personas.

 

Esta es una de las creencias más dolorosas con respecto a las relaciones.Observa ¿cómo vives tu vida cuando buscas amor y aprobación?. Tenemos miedo a estar solos y modificamos nuestro comportamiento para ganar la atención de otra persona y poder conseguir su amor. Cambiamos nuestro comportamiento para evitar el rechazo o las críticas. Al modificar quienes somos nos convertimos en alguien no auténticos. Escondemos aspectos de nosotros por miedo a que otros nos juzguen o a no gustarles. Nos ponemos una máscara y vivimos con miedo a que descubran quienes somos en realidad. Hacemos cosas que no queremos para complacer a los demás. Y esta es una forma muy dolorosa y agotadora de vivir, fingiendo ser quienes no somos… Esta creencia te lleva a una vida falsa y estresante.

 

Fíjate ahora ¿cómo vivirías si no creyeras que necesitas ganar el amor y aprobación de otros?: podrías disfrutar de ser quien eres, sentirte cómodo contigo, dándote a los demás tal cual eres, haciendo y diciendo lo que sientes en cada momento. Cuando nos liberamos de una creencia como ésta, podemos dejar ir los miedos de ser quienes somos. Nos sentimos reales, honestos y relajados en la relación. Se hace fácil expresar amor y ser felices nuevamente, independientemente de lo que digan o piensen los demás.

 

Creencia 4:  Mi pareja tiene muchos defectos.

 

¿Qué tal si te dijera que los aparentes defectos de tu pareja que tanto te molestan son una oportunidad para el autoconocimiento? Los demás son el reflejo de nuestros pensamientos y creencias.  Byron Katie nos dice: “Una vez que empezamos a cuestionar nuestros pensamientos, nuestras parejas son siempre nuestros mayores maestros. No hay errores acerca de la persona con la que estás, él o ella es el perfecto maestro para ti, ya sea que la relación funcione o no para ti, una vez que empiezas a cuestionar tus pensamientos, empiezas a ver esto claramente. Así que si tu pareja está molesta, bien. Si hay algo acerca de él que consideras un defecto, bien, porque estos defectos son los tuyos, tú los estás proyectando; si quieres puedes escribirlos, cuestionar, y liberarte. La gente va a la India para encontrar a un gurú, pero tú lo tienes a tu lado: estás viviendo con uno. Tu pareja te dará todo lo que necesitas para tu propia libertad.”

 

Cuando cuestionas esas creencias que condicionan la armonía de tu relación, tu pareja se convierte en alguien muy importante, ya que si eres sincero/a contigo mismo/a te abrirá un camino de autodescubrimiento.

 

Sandra Iozzelli se especializa en ayudar a otros a reducir las emociones negativas, el estrés, el miedo y las creencias limitadoras en sus vidas. Si quieres conocer los simples pasos que puedes aplicar para conseguirlo, solicita gratis la “Guía práctica para aliviar el estrés” en www.obsequio.liberatuestres.com.

 


EL PROCESO CREATIVO. UN CAMINO PARA “SER”

artezijara.com

Desde épocas remotas se ha experimentado intuitivamente y de diversas maneras con la expresión creativa como un medio para la autosanación y la apertura de la conciencia. Lo vemos por ejemplo, en la danza y la música de algunas tribus destinada a crear un clímax propicio para el trance y la liberación  de emociones, también en las figuras rituales, el tipo de respiración y los sonidos que utilizaban los chamanes o los curanderos para conectarse con el subconsciente, así como en la aplicación de dibujos y tinturas sobre el cuerpo con fines protectores y curativos, entre muchos otros ritos y ceremonias.

Del mismo modo, los dioses venerados en la mitología griega no eran otra cosa que personificaciones de ciertas pasiones vinculadas con aspectos internos de nuestra personalidad; puesto que, como dijo Jung, el mito es más individual y expresa la vida con mayor exactitud que la ciencia. Incluso en la actualidad la peculiar creatividad y la euforia que caracteriza a los carnavales, tienen un trasfondo en el que se busca expresar metafóricamente y de forma desinhibida aquellas emociones que afloran desde el inconsciente. Sabemos, gracias a los estudios realizado por Freud y Jung, pioneros en profundizar sobre estos enigmáticos aspectos que bullen en nuestra psiquis, la importancia de tomar contacto con el lenguaje simbólico del inconsciente y trabajarlo de manera que permita explorar las emociones y sentimientos que nos acompañan en nuestra vida, liberando de este modo bloqueos y represiones impuestas o autoimpuestas.

Desde otra perspectiva, nos dice Saturnino de la Torre –catedrático en didáctica e innovación educativa-,que la conciencia es el atributo más específico y relevante del ser humano, su desarrollo consiste en volver sobre sí y luego sobre las cosas vividas o experimentadas, para nuevamente volver sobre si; una reiterativa mirada hacia adentro y hacia afuera que va creciendo en espiral, enriqueciéndonos cada vez más con nuevas significaciones y nuevos entendimientos, aumentando la comprensión de nosotros mismos y del mundo. Sin embargo, vivimos en una sociedad que nos conduce a preocuparnos excesivamente por lo material, dejando poco o nada de espacio para atender otros aspectos que nos ayudan a ser más conscientes, como son la riqueza de nuestro mundo interior, el contacto emocional y profundo con otras personas o, la atención a otras necesidades como la armonía, el sentido de la vida o el sentido de espiritualidad.

Basándose en esto, científicos, educadores y terapeutas han indagado en el proceso creativo como medio de desarrollo, armonía y transformación, ya que la expresión creativa es una motivación básica de todo ser humano y permite mediante símbolos y metáforas liberar aspectos ocultos o reprimidos. Pudiendo realizarse de diversas formas, generalmente se comienza con técnicas sencillas y con el método que la persona se siente más cómoda, ya que -como expone el reconocido terapeuta Jean Pierre Klein en su libro La creación como proceso de transformación-,  la expresión puede ser plástica, visual, gestual, corporal, sonora, verbal, etc., obteniendo un abanico de estrategias y donde cada técnica nos aporta su peculiar capacidad recreativa para la introspección y el trabajo personal.

Mediante  la pintura y el dibujo, las formas y los colores surgen desde el inconsciente liberando aquello que tememos o que no nos atrevemos a expresar; también  aprendemos a observar, así como a desarrollar y conducir la imaginación.

A partir del trabajo con imágenes fotográficas, podemos revisar nuestro camino, explorando sensaciones y emociones que  afloran junto a los recuerdos y a la memoria,  generalmente guardadas en lo más profundo; permitiéndonos explicar con imágenes aquello que no podemos expresar con palabras.

A través del trabajo manual y el modelado con arcilla, activamos el sentido táctil; el contacto de nuestras manos con la materia nos conduce a un espacio de confluencia emocional, a un recorrido de nosotros hacia la materia y de la materia hacia nosotros.

Las dinámicas de teatro o dramatización, permiten visualizar desde diferentes ángulos, aquellas facetas del subconsciente que tienen que ver con los roles y los personajes internos que emergen entre la realidad y la ficción.

Mediante el trabajo con el cuerpo y la danza, conseguimos tomar conciencia del propio movimiento, de los miedos y de los límites, aprendemos a sentirnos, a escuchar nuestro cuerpo, soltando las inhibiciones y facilitando la comunicación con los otros.

La escritura conjuga el bagaje de la memoria, la experiencia y el juego de la imaginación; con ella se descubren situaciones y personajes imaginarios, relatos de ficción que posibilitan el autoanálisis, liberando las coacciones de nuestro propio relato.

A partir del trabajo con la voz, tomamos conciencia de nuestra respiración, descubrimos las cualidades y beneficios que ejercen los diferentes sonidos sobre el cuerpo, además de reforzarnos energéticamente y trabajar los problemas relacionados con la comunicación.

El collage permite realizar asociaciones de nuestras imágenes internas -conscientes e inconscientes- con figuras y palabras de uso habitual, recreando y explorando nuestro mundo interior mediante signos y metáforas.

Lo mejor es trabajar combinando diferentes recursos, guiándose por la intuición, dejando de lado las resistencias y los temores. La vida nos expone a toda clase de influencias, de forma consciente e inconsciente; en el trabajo, en lo social o en la familia surgen personas y situaciones que nos perturban produciéndonos ansiedad, afectando la confianza y la seguridad en nosotros mismos; conduciéndonos muchas veces a vivir a la defensiva o de forma ficticia, distantes de nuestra verdadera naturaleza. Generalmente el simple hecho de comenzar a ver que se domina un material o una técnica y, que se es capaz de hacer algo como por ejemplo, dibujar y pintar un objeto o modelar algo en arcilla, supone un refuerzo de la autoestima, dándonos el impulso para continuar indagando en las ideas y convicciones que le dan sentido a nuestra vida. El proceso y la expresión creativa se transforman entonces en una fórmula que nos permite reencontrar nuestro sentido de “ser”, otorgándonos la posibilidad de descubrir un lugar en el universo, más allá de lo que señala la rutina cotidiana.


 

CREATIVIDAD CONSCIENTE: IMÁGENES DE VIDA

generandoideas.com

 

¿Qué significa ser creativo? ¿Somos creativos por naturaleza? ¿Se  puede desarrollar la creatividad?

 

En repetidas ocasiones escuchamos estas preguntas y muchas personas piensan que no son creativos porque no tienen aptitudes para dibujar o escribir un poema, confundiendo el arte con la creatividad; si bien estos conceptos pueden darse juntos, no siempre se corresponden.

 

Es evidente que ninguna asignatura del sistema de educación en el que hemos sido formados se ha planteado como objetivo potenciar la creatividad de los alumnos, tampoco el desarrollo de la inteligencia emocional o de técnicas de relajación que permitan al niño o al joven, centrarse en sí mismo y tomar conciencia de sus emociones.  Se enseña artes pláticas, música, letras, cultura cívica, gimnasia o deportes y, generalmente aprendemos practicando y repitiendo técnicas, memorizando o intelectualizando, pero todo como un proceso exterior a nosotros sin conectarlo a la propia interioridad. Sin aprender a indagar en el potencial emocional que poseemos, lo ocultamos bajo capas de condicionamientos y erróneas estructuras, transcurriendo a veces toda una vida sin jamás haber desarrollado estas importantes capacidades de nuestra existencia.

 

La creatividad es, como expone de manera simplificada el educador británico Ken Robinsón1, “poner a trabajar la imaginación”. El desarrollo de nuestra imaginación es algo que nos distingue de las demás especies vivientes del planeta; gracias a ella podemos indagar en el pasado, proyectar el futuro, re-crear el presente y ponernos en el lugar del otro. Gracias a la creatividad el ser humano ha  elegido construir el mundo en el que vivimos, ya que la puesta en práctica del proceso creativo y el uso de  la imaginación, especialmente cuando se realiza de forma consciente, implica tomar decisiones: elegir hacer algo y no otra cosa. Si esto lo llevamos al plano personal, ocurre exactamente lo mismo, se elige –condicionadamente o no- “ser” alguien y no otro, vivir amoldado a una determinada forma de vida y no a otra. Por lo tanto, tal como explica Ken Robinson, la creatividad constituye la fuente de nuestros problemas pero del mismo modo es, “la herramienta que poseemos para solucionarlos”.

 

Sin duda que muchas personas refutarán que no han elegido estar donde están, tampoco han escogido la familia en la que nacieron, la zona geográfica en la que viven, las condiciones socioeconómicas de su entorno, etc. Parece que los condicionamientos de la vida no nos dejan opción pero lo que realmente ocurre es que, no se nos ha capacitado para mirar desde otras perspectivas, “desde otro cristal” las circunstancias limitantes del entorno; desplegamos nuestra vida hacia el exterior sin indagar en el potencial y el conocimiento interior, no exprimimos el ingenio imaginativo, ni exploramos la creatividad de una manera consciente y, por lo tanto, tampoco desarrollamos las facultades necesarias para decidir de acuerdo a las necesidades reales, finalmente  nos amoldamos para dejar que el sistema, “la vida” o los demás decidan por nosotros.

 

Los estudios realizados por la neurofisiología han confirmado que la creatividad es una capacidad humana que se puede aprender y desarrollar de la misma forma que aprendemos a leer, también subrayan que cuando el proceso creativo es desplegado de manera consciente, se transforma en una búsqueda que posibilita explorar el mundo a la vez que indagar en nosotros, nos permite estar atento a lo que va manifestándose, ayuda a conectar con la intuición y los sentimientos, concediéndonos descubrir el sentido de inspiración y sabiduría innata que poseemos.

 

Desde esta perspectiva, la creatividad se puede definir como una actitud activa de conocimiento y de juego, vinculada con lo que cada uno es y cómo nos relacionamos con el entorno, nos ayuda a comprender que el  movimiento y el cambio es una ley de la vida. Al ponerla en práctica dejamos que se manifieste nuestro potencial, nos damos cuenta que podemos superar la trivialidad explorando más allá de nuestros hábitos, pero quizás lo más importante es que aprendemos a soltar las ataduras que nos hemos -o nos han- impuesto, desarrollando habilidades que nos permiten afrontar estas limitaciones, así como re-dirigir o suprimir sus efectos.

 

 Cuando  ponemos en marcha el despliegue de nuestra capacidad creativa, se nos abre el camino a la libre expresión, al lenguaje verbal y no verbal; por eso lo mejor es trabajar utilizando diferentes técnicas expresivas como el dibujo, la pintura, la escultura, el movimiento, el sonido de la voz, la poesía, la escritura, la fotografía, etc. Explorando y experimentando, se suelen descubrir inusitadas facetas que se han ocultado o reprimido desde la infancia, mejora la autoestima y aprendemos a confiar en las propias elecciones; algunas personas incluso descubren habilidades que creían no poseer o que nunca antes se habían permitido expresar. No es necesario tener conocimiento técnico-artístico, basta sólo atreverse y experimentar ya que lo realmente importante es, como se vive la experiencia y lo que pasa en el mundo interior de cada persona mientras desarrolla su proceso creativo.

 

La conformidad, la apatía, la inseguridad o el excesivo control anulan nuestra creatividad, sin embargo apenas nos abrimos a ella, descubrimos un espacio donde la imaginación se fusiona con la realidad, filtrada por la visión de nuestro mundo interior, transformándose en un proceso de aprendizaje social y emocional. Si no podemos cambiar el entorno en el que vivimos, podemos cuando menos enriquecer nuestra forma de interactuar con él. La creatividad no es un elemento adicional en nuestra vida, es ¡lo que da propósito a la vida humana!

 

(1): Ken Robinsón. Experto en educación y creatividad.  En el menú videos puedes encontrar “Creatividad e innovación”, “Cambiando los paradigmas” y en el articulo siguiente  un extracto de la entrevista de Eduard Punsent “Todos tenemos la capacidad de ser creativos”.

 


“INDIGNA2” UNA NUEVA Y EFICAZ PERFORMANCE COLECTIVA

La violencia ejercida este viernes 27 en el desalojo de las pacificas acampadas, en la Plaza Cataluña de Barcelona, pone en evidencia la prepotencia, la incapacidad de comunicarse y la falta de interés de los gobernantes para escuchar lo que los ciudadanos piden; sin embargo, y en consecuencia con la actitud pacíficamente reflexiva de los acampados, el desproporcionado acto no ha hecho más que fortalecer y potenciar el esfuerzo que está desarrollando este movimiento de “Indigna2”.

Desde el 15 de mayo estamos siendo testigos de cómo se está abriendo un nuevo espacio de agrupación y reflexión alternativa en la mayoría de las principales ciudades españolas. Un espacio, pacifico, creativo, de consenso, de dialogo y de protesta  comunitaria, en el que se invita a que cualquier persona a participar libremente y donde se están haciendo visibles cuestiones realmente importantes, como la desfachatez de los que ejercen el poder o el necesario cambio de las norma electoral vigente, entre otras muchas cosas.

 El movimiento surge de una generación consciente de los abusos y de la corrupción política y económica en la que se desenvuelve nuestra sociedad; quieren reflexionar y hacer reflexionar, decir lo que piensan y motivar al resto de la gente que haga lo mismo, quieren formar parte activa de las decisiones que afectan su vida y, se esfuerzan por motivar al resto de la población a que haga lo mismo, promulgando una actitud participativa, una real democracia ya!, para así “crear UNA NUEVA CULTURA DE LA CULTURA”.

Lo primero que divisé al entrar en la acampada de la plaza del ayuntamiento de Valencia son las normas de conductas, impresas en papel, colgadas -o pegadas- en diferentes puntos donde se lee: ESTE ES UN LUGAR PACIFICO, PARA REFLEXIONAR Y EXPONER LO QUE PIENSAS. ES APOLÍTICO. NO ES UN LUGAR PARA BEBER ALCOHOL, NI PARA DROGAS, TAMPOCO PARA LA VIOLENCIA. SI VES CUALQUIER ACTITUD QUE NO RESPETA ESTAS NORMAS, DENUNCIALO.

He visitado la acampada las veces que he podido, estando presente en algunas asambleas y la verdad es que me he sentido inmersa en una férrea performance colectiva, un espacio alternativo, pacifico, que busca abrir las conciencias, plasmado de reflexión y humor a la vez que creativamente lúdico.

 A pesar del caos que dan a primera vista las tiendas de campañas levantadas rústicamente y los tableros de anuncios plagados de papeles escritos a mano por aquellos que han pasado por ahí, más las ofertas de actividades y talleres ofrecidos –todo desplegado con un mínimo de recursos-, finalmente uno se da cuenta que está todo muy organizado. No hay suciedad (como promulgan algunos medios de comunicación), en el caso de Valencia tampoco se ha visto afectado el comercio que esta circundando la plaza.

Me pregunto, ¿por qué las autoridades, ni ningún representante político o gubernamental han tenido el valor de aproximarse a alguna de las plazas para dialogar? Ya se ha dejado claro que la acampada no es una manifestación, sino una concentración pacífica y apolítica, de ciudadanos que quieren exponer los problemas que le competen y buscar posibles vías de solución. (Otra cosa es que se puedan acercar grupos con otros intereses, valiéndose de la fuerza que está tomando este nuevo movimiento). Si como en el caso de Madrid, se ve afectado el comercio ¿por qué no se dialoga y se llega  a un acuerdo de espacios y lugares a ocupar?

Este fin de semana es decisivo para resolver en las asambleas públicas convocadas en las plazas, los pasos a seguir de aquí en adelante: si se continuará con las acampadas o no y que líneas de acción se desarrollarán. Es indiscutible que una nueva forma de diálogo y consenso comunitario se está poniendo en marcha, no será fácil lograr el cambio deseado, llevará sin duda años de forcejeos, madurez y aprendizaje, habrán errores de por medio, pero sin duda se comienza a vislumbrar un algo” diferente, coincidiendo con las palabras que dijo Eduard Punsent a los acampados de Oviedo: Estáis iniciando una ruta nueva. No paréis.

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LOS SECRETOS DE LA CREATIVIDAD

Puedes ver la entrevista completa Todos tenemos la capacidad de ser creativos en el menú de vídeos.

Eduardo Punset:
Por tanto, lo primero realmente es elegir adecuadamente mi medio, y luego conectar con la pasión que siento cuando estoy en mi elemento, ¿no? ¿Cuál sería el segundo secreto de la creatividad? Creo que mencionas en algún lugar la capacidad de control… ¿a qué te refieres? Controlar tu profesión, controlar tu vida…

Ken Robinson:
La creatividad es un proceso muy práctico. Hay muchas nociones falsas sobre la creatividad. Una de ellas es que todo se basa en dejarse ir, que ser creativo es hacer cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Yo defino la creatividad como el proceso de tener ideas originales que aporten valor. Para ser creativo hay que hacer algo, y esto significa que hay que trabajar con algo. Se puede ser creativo con cualquier cosa: puedes ser un matemático muy creativo y también puedes ser un químico creativo, un entrevistador creativo, un profesor creativo, un académico creativo, un músico creativo… ¡puedes ser creativo con cualquier cosa que implique inteligencia! Pero, para ser creativo, hay que poder, con el tiempo, controlar los materiales con los que trabajas, para obtener los efectos que te interesan y seguir el camino que te fijes.

Eduardo Punset:
¿Cuál dirías que es la última cosa, el último secreto para ser creativo?

Ken Robinson:
Lo que me interesa, Eduardo, es convertir la creatividad en algo central, no solamente para la educación, sino también para nuestra vida y nuestra manera de hacer negocios. Mi opinión es que todo el mundo tiene facultades creativas, y que se pueden desarrollar.
Pienso que decir que no eres creativo es como cuando alguien dice que no sabe leer. Cuando alguien dice eso, no entendemos que sea incapaz de leer y escribir, sino que pensamos que lo que nos está diciendo es que no ha aprendido a hacerlo todavía, que todavía no ha estudiado lo necesario, que nadie se lo ha enseñado. Yo creo que sucede lo mismo con la creatividad: cuando alguien dice que no es creativo, simplemente significa que no ha estudiado lo que corresponde y que no lo ha practicado. A veces se cree que la creatividad se limita a las personas especiales, y no es así.

Eduardo Punset:
…y son creativos.

Ken Robinson:
La tercera idea errónea es que no se puede hacer nada al respecto. ¡Yo digo que se pueden hacer muchísimas cosas! Se puede enseñar a la gente a ser más creativa, ¡y deberíamos hacerlo en la escuela, en el mundo empresarial y en nuestra vida cotidiana! Esto me recuerda a un hombre con el que trabajé durante varios años para un informe que realicé en el Reino Unido. Se llama Harry Kroto y ganó el Nobel de Química.

Eduardo Punset:
Sí.

Ken Robinson:
Participó en la comisión que presidí para desarrollar un enfoque creativo de la educación en las escuelas. Pues bien, le pregunté al premio Nobel: «¿cuántos de tus experimentos fallan?» Y su respuesta fue: «la mayoría: más del 90 %». Sin embargo, añadió lo siguiente: «¡fallar no es la palabra! En ciencia, no se considera un fracaso, estás descubriendo lo que no funciona… ¡y no se puede descubrir lo que sí que funciona hasta que exploras muchas posibilidades que no salen bien!»

Eduardo Punset:
Claro.

Ken Robinson:
También le pregunté, por cierto (porque además es diseñador profesional) cuáles eran las diferencias, según su experiencia, entre los procesos creativos en la ciencia y en el arte, en el laboratorio y en el estudio. ¡Y me dijo que no hay ninguna diferencia! Es exactamente el mismo proceso: hipótesis y pruebas… solamente el resultado es diferente.
Así que ahí está la segunda parte: una parte de ser creativo tiene que ver con lanzar hipótesis, probar cosas, hacer bocetos, explorar posibilidades… pero la segunda parte consiste en ser crítico, hacer juicios sobre los resultados y plantearse: «y bien, ¿funciona? ¿Es lo que buscaba?». Es un proceso constante para darle forma y moldearlo y, en cuanto comprendamos que ser creativo es un proceso material para el que hay que adquirir destreza y práctica, podremos enseñarlo. Me parece que deberíamos enseñarlo tan meticulosamente como enseñamos a leer o enseñamos matemáticas, y no solamente en las disciplinas artísticas, sino en la ciencia y en las humanidades… además, deberíamos reconocer que la creatividad no es un elemento adicional en nuestra vida, ¡es lo que le da propósito a la vida humana!

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