El pensamiento global

La necesidad de comenzar a pensar holísticamente, enlazando todo de manera integrada, lo expone de manera crítica y sencilla, la educadora Jesusa Ricoy Olariaga, en el artículo El pensamiento global, del que he extraído los últimos párrafos (las palabras en paréntesis de corchete son mías). Por favor más que leerlo, meditarlo.

¿Y de que hablamos cuando hablamos de progreso?

La primera causa de muerte de las madres de niños de hasta un año de edad, es el suicidio. Es decir que no creo que sea verdad que ahora las madres no se mueran como se suele decir demasiado a menudo, [no mueren por infecciones, pero se suicidan] y tampoco creo que nuestro entendimiento de progreso esté siendo beneficioso para nuestra especie.

Por supuesto que es progreso reducir infecciones, hemorragias y descubrir técnicas quirúrgicas que salven a cuantos más mejor, pero el progreso también y además es, empezar a plantear nuevas preguntas, por ejemplo:

  • ¿Por qué aniquilar con todo nuestro comportamiento, lenguaje y protocolos hospitalarios la capacidad de producir oxitocina durante el parto, para luego inyectar una versión artificial, que sabemos que no es equiparable?
  • ¿Por qué promocionar la idea del bebe y la madre independiente cuando sabemos que se necesitan?
  • ¿Por qué quejarse y debatir sobre la falta de libertad de la madre, cuando la maternidad no es (por lo general) impuesta?
  • [¿Por qué las leyes sociales  no facilitan realmente  el vinculo madre-hijo?,  peor en las mujeres que trabajan, obligadas muchas veces a dejar a sus bebés en la mitad de la lactancia.]

El progreso no lo es, cuando desde 1950 el índice global de suicidio ha aumentado un 60%.

El éxito de una sociedad no existe, cuando tenemos a una parte de los niños del planeta muriendo de hambre y simultáneamente a otros muriendo de anorexia nerviosa.

Da igual de que morimos si seguimos muriendo, o ¿acaso la malaria es peor que el suicidio? Un millón de personas al año decide no vivir.

Medimos el éxito a través de la producción y del capital, cuando somos seres creativos e innovadores; valoramos la independencia, cuando nuestros instintos son de pertenencia al grupo; [no olvidemos] que es el grupo el que nos trajo hasta aquí.

[Por otra parte], valoramos a los niños estándar, que pesen lo mismo, que nazcan en el día establecido, que crezcan dentro de los limites, que sepan cómo comportarse de acuerdo a un canon establecido [incluso de adultos]; cuando [en realidad] los niños son el más poderoso recordatorio de la necesidad de ser individuo.

Interferimos en la relación madre hijo, cuando todo nuestro instinto y toda la evidencia nos dice que son indivisibles.

Queremos inculcar el amor y el respeto por el planeta que se nos muere, cuando no sabemos ni respetar la vida misma ocurriendo en un parto.

Somos un todo, un mismo planeta, una vida, la única que conocemos, la de ahora y la de nuestros hijos.

Las estadísticas de quienes se mueren o como vivimos están hechas de seres humanos, y eso somos vosotros y yo.

La vida, no es una cosa que se desmenuza en trozos para poder ser procesada, la vida es lo que brota entre las piedras, eso que se pierde en un segundo y también eso que activa el corazón de un feto, así de pronto en ese segundo y no otro, eso que para muchos de nosotros es la magia, el único antídoto contra la depresión y el conformismo.

Extraído de: El pensamiento global

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